martes, 24 de noviembre de 2009

Más y más miradas


Sameer Makarius (Josefina Robirosa, 1950)
El ojo es luz en reposo”. Juraríamos que la frase es de Lezama Lima o de o del filósofo Hans Blumenberg, pero no. Es de Jim Morrison y la leemos en el epígrafe de un viejo libro de poemas de Rafael Bini. En otro texto, el escritor y fotógrafo Michel Tournier desliza la posibilidad de un género estético inusual: el retrato desnudo. Si todas las caras son mapas (de la totalidad de lo vivido: miedos, estrategias, olvidos, desencantos, enamoramientos, y extensos etcéteras) por esto mismo también lo son de todo aquello que no vemos. Esto es: que no está a la vista. ¿Qué es, sin ir más lejos, lo que los ojos dicen, callan o disimulan? ¿Cómo leerlo? ¿De qué modo atravesar el cifrado código de las miradas? La belleza respira justamente ahí, en este abracadabra. No es que el retrato desnude; por el contrario, Tournier acierta cuando concibe al retrato en tanto especie del desnudo.


Rosana Schoijett (María Eugenia Rito, 2005)
Esta vez el interrogante avanza sobre la industria nacional: ¿existirá realmente la belleza argentina? ¿De qué modo? Mejor reformulemos la pregunta ¿tenemos idea sobre cómo se comporta la belleza entre nosotros? ¿cuáles serían los más notorios hábitos del bello look criollo? En un país inmigratorio y heterogéneo, sus rutinas previsiblemente se ensimisman con el destilado de un extenso abanico de tradiciones. Oscar Wilde insistía en que la belleza es superior al genio, ya que no necesita explicación; sin embargo, esta vez necesitamos precisar: tampoco necesita traducción. Si el poeta Joaquín Gianuzzi se refirió en alguna oportunidad a “esa enorme voluntad de belleza”, sin dudas es porque ésta no es más ni menos que un ejercicio de lectura en el que fuimos criados. No deberíamos sorprendernos ante la afirmación de que la belleza es ante todo un ejercicio de crianza. Una educación por los sentidos.


Anatole Saderman (Pier Paolo Pasolini, 1965)
Ya sabemos, la belleza siempre es ideología: así Pasolini construyó un estilo en la minuciosa táctica de una sucesión de primeros planos preciosos. Ninguna fórmula más contundente que esta tautología: todo cuerpo es precioso si preciosa es la mirada. Invariablemente, no existe belleza que no sea política. Pasolini lo supo muy bien, la belleza se resiste a lo profano. Por eso le confesó a Jean Duflot: “Defiendo lo sagrado porque es la parte del hombre que menos resiste a la profanación del poder. (…) Como dijo Mircea Eliade, la característica de las civilizaciones campesinas, de las civilizaciones sagradas por tanto, es no encontrar la naturaleza “natural”. Por eso creo que no hice más que redescubrir una cosa conocida”.

Publicado en Ñ.