sábado, 26 de diciembre de 2009

Simpsonizándonos


¿Cultura Simpson? Digámoslo de otro modo: ante todo se trata de una creación muy efectiva para intentar entender uno de los comportamientos culturales más potentes y significativos de nuestra época. Comencemos admitiéndolo: nos referimos a un fenómeno sin precedentes. Al menos en su escala. ¿Recuerdan "Simpsonize Me", el software que hace poco menos de tres años nos invitaba desde la Web a conocer nuestro presunto aspecto en la percepción de un ciudadano de Springfield? Esta podría ser una buena pista. Una muestra y un síntoma de cómo opera la "Cultura Simpson", incluso una clave de su funcionamiento e incesante proliferación.

Un espejo-Simpson: la sensación de que el mundo que habitamos imita más y más algo que comenzó en la mente del historietista Matt Groening. En septiembre pasado, Ñ publicaba una nota de David Barba donde éste afirmaba con ánimo provocativo y rindiéndose frente a las evidencias: "Toda cultura es pop. Si no es pop, no es cultura". La proyección de la "Cultura Simpson" ejemplifica perfectamente este enunciado. Veamos por qué. Primera hipótesis: estamos observando las peculiaridades de una mitología propia de principios del siglo XXI. Es decir, una mitología viral en la que la serie de la cadena Fox producida por James L. Brooks que conocemos como su origen ni siquiera resulta hoy –a dos décadas de su inicio– imperiosamente central. Una mitología que se expande incesante mediante procesos de autorreproducción equivalentes a la propagación de un virus informático.


Identidad del usuario

Incontrolable. Similar a tantas fanfictions (ficciones personales y amateurs escritas por los fans de una serie televisiva o película o historieta) pero en una escala –sobre todo industrial– inusitada. Un producto cultural de primera magnitud con miles y miles de usuarios Simpson.

Doy un ejemplo. Estoy en una ciudad balnearia, de vacaciones, antes de que comience la temporada. En muy pocas vidrieras ya contabilicé más de cinco docenas de remeras con diferentes motivos Simpson: Homero como el Che Guevara, como el Indio Solari, como Bob Marley, bebiendo cervezas locales, con la casaca boquense y de otros tantos clubes, citando y entrometiéndose en una multitud de referencias incomprensibles para quien no conozca la actualidad y pasiones argentinas.

Por supuesto, esto no se limita sólo a remeras: estamos rodeados de toda una inmediatez simpsonizada. Es imposible caminar dos cuadras por cualquier centro comercial sin toparse con múltiples referencias al universo Simpson: tenemos la impresión de que no existe mayor merchandising que el inspirado en esta familia. Desde juegos de ajedrez a colchonetas inflables a linternas y destapadores: todo lo que podamos imaginar. Y más también.

Apropiaciones de apropiaciones. El detournement preconizado por el situacionista Guy Debord (como su vulgarizada consecuencia digital, el defacing) popularizándose en miles de usufructuarios sin nombre. Resulta claro: en su inmensa mayoría estamos frente a versiones piratas que eluden los derechos de propiedad intelectual incursionando en numerosísimas referencias por demás alejadas a los contenidos de la serie.

Esta sigue un esquema de producción centrado en 16 escritores, responsables de las ideas que organizan cada capítulo. Mientras ellos trabajan, miles de creadores de rostros difusos reinventan a "Los Simpson" en inacabable expansión. Versiones de versiones. Lecturas de lecturas y más lecturas.


Hibridaciones

Ya sabemos, entre los fans, estudiosos y curiosos persisten quienes analizan la actualidad de cada miembro de la familia a modo de arquetipo, proponiendo una suerte de sociología pop. Identificaciones con el modelo Homero, con el modelo Bart o Lisa. O con los innumerables personajes secundarios. No hay más que darse una vuelta por plataformas de intercambio y discusión como Taringa o la especializada Púdrete Flanders! para informarnos sobre las diferentes etapas y oscilaciones de cada uno. Pero más me interesa observar el mix de mitologías contemporáneas que alimentan toda bizarría: ya cité la mixtura de Homero con el Che Guevara ¿una revisión anónima de los íconos de la historia contemporánea desde la perspectiva Simpson? Significativa hibridación: ¿quién fagocita a quién?

¿A qué se debe tanta aceptación, tanta seducción?

Por lo expuesto resulta evidente: de todos los miembros del clan, el favorito es sin dudas Homero. Hace una década posiblemente lo fue Bart, pero hoy papá Simpson parece no tener competencia.

Hace apenas unas semanas, para una nota en la versión digital de Ñ me preguntaban cómo Groening, prototipo de artista estadounidense, podía participar como expositor de una exhibición como Argentrash (que tuvo lugar en el Fondo Nacional de las Artes): una exploración de las posibilidades de existencia de un trash de cuño argentino. Sin embargo, la respuesta ya estaba en Groening cuando inventó la serie y trazó una perspectiva (y una política) de sus alcances, hace dos décadas. Es célebre que entonces declaró que su intención fue ofrecer otras opciones al mainstream trash que la televisión ofertaba por esos días. Si el status quo es trash, nada mejor que intervenir activamente desde ese trash. Un paso más allá en una brillante perversión.

Springfield, la ciudad ficcional imaginada por Groening, está en todas partes, como el trash.

Puede parecer abusivo y de hecho lo es: resulta por demás conocida la historia de la cerveza Duff, que comenzó como una parodia –es la marca de cerveza que consumen Homero y sus amigos– y hace años dejó de ser una fantasía y se comercializa en muchos sitios del mundo. Ficción y realidad entremezcladas.

Otro interrogante: ¿habrá imaginado alguna vez Groening que su familia, en quienes se inspiran sus personajes, se instalaría en semejante mitología viral?


Generación S

Vayamos por la segunda hipótesis: el éxito de estas múltiples apropiaciones se debe a que estalla tanto más allá de sus contundentes efectos comerciales: se trata de una propiedad inconsciente que afecta a más de una generación.

Tengo en mente a los miembros del grupo "Un Faulduo". Jóvenes artistas argentinos (no alcanzan aún los 25 años), no recuerdan un solo momento de sus vidas en el que "Los Simpson" no existieran. Para ellos (así como para todos los que tienen su edad y aún menos) la célebre familia disfuncional es un clásico tan eterno como el Ratón Mickey o el Pato Donald. Por ninguna otra razón les resulta natural utilizarlos como materia prima para sus elucubraciones y empujarlos a un trash aún más extremo. Por momentos tan retorcido y cándido que el mismo Groening terminó por interesarse en ellos.

Esta sensación de pertenencia no es para nada nueva; ya expone su no breve tradición. La atracción con la familia fue tan inmediata que muy tempranamente Frank Zappa se comunicó con los realizadores de la serie manifestándoles su deseo de aparecer en ella como personaje. Una ambición que se vería multiplicada en los años siguientes. Cuando a Meg White, baterista del dúo de rock White Strippes, la consultaron sobre sus deseos incumplidos, sin dudarlo contestó: "Aparecer en los Simpson". Por supuesto, ahí estuvo. Otro tanto sucedió con Michael Jackson. ¿Quién no quiere aparecer en los Simpson? Hasta Fogwill le hizo saber a Groening que quería tener su participación.

Dije fenómeno cultural. Necesito precisar: fenómeno de medios. Pero no en la antigua concepción de inspiración adorniana que se dirime en una crítica a la denominada industria cultural, sino más exactamente un modelo dinámico y pluralista, propio de la Era Web.

El ojo del equipo de Groening no escatima un sabio cinismo. No sólo se apropia de todo tipo de referencia cultural del modo más irreverente (famosas son las protestas y censuras por el contenido de los capítulos que tematizan una cultura en particular, recordemos las quejas del ex diputado Lorenzo Pepe por la "ofensa a la memoria histórica" en el episodio en el que se mencionaba a Juan Domingo Perón) sino que parece disfrutar y reutilizar la mitologización viral de la que vengo dando cuenta.

¿Estamos frente a una suerte de nueva Comedia Humana?


Gran novela americana

Al menos no con un Balzac, sino con miles de narradores, clonados y anónimos: como toda mitología, el relato resulta invariablemente plural por sobreextendido.

Seguramente, la gran ficción norteamericana ya no sea Moby Dick.

Alguna vez leí que las novelas de Thomas Pynchon muestran a los Estados Unidos como a una gigantesca nave espacial fuera de control. Desde que este autor fue parte de una de las historias de "Los Simpson" nos parece un producto más de este virus multiplicante.

Nos criamos viendo a "Los Picapiedras", "Los Supersónicos" incluso "La Familia Ingalls". Sin embargo, ninguna saga sigue atesorando la misma actualidad. ¿Por qué sucede esto? ¿Qué los vuelve tan actuales después de tantas temporadas de emisión? Tercera hipótesis: si el pop nació como bastante más que una estética en el sentido clásico, esto se debe a que desde su origen fue advertido como un procedimiento de reutilización estética de cualquier dato cultural. Tantos años después, ya no existe en nuestro presente quién no se apropie indiscriminadamente de sus consecuencias y derivaciones.

"Los Simpson" llevan este modelo tanto más lejos en sus efectos. Si no son pocos los que se quejan de que los nuevos episodios ya no sorprenden, sin duda se debe a que su mitologización viral ya fue por demás naturalizada. Estamos sumergidos en ella.

La razón está a la vista: hay tantas o más ideas en la mitología viral de "Los Simpson" que en muchísimas obras y trayectorias del arte de nuestros días. Venimos escuchando hace bastante tiempo que en las series de televisión de la última década (como "Six Feet Under" o "Doctor House" o "Lost") encontramos más ideas y talento que en la gran mayoría de las películas de Hollywood del mismo período. Compartamos o no esta opinión, es indudable que ninguna llegó tan lejos como "Los Simpson".

Si creemos y afirmamos que son una cultura es porque la cultura hace tiempo utiliza los mismos recursos que ellos siguen exhibiendo.

Larga vida a "Los Simpson".

Publicado hoy.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Cultura Simpson

Un ejemplo de mitología viral.
El sábado en Ñ.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Narrativas

Fragmento de una histórica entrevista a Wu Ming 1 en torno a New Thing


¿Qué tipo de intervención se propone realizar sobre el campo literario (si es que se propone realizar alguna)? ¿Qué tipo de intervención sobre el campo social? ¿Cómo piensan la relación entre ambos campos? [aunque probablemente sean preguntas que ya deben haber contestado infinitas veces]


WM1. Es necesaria una respuesta muy elaborada, un poco de paciencia.
Para nosotros cualquier narración es comunicación social, es "intervención". Incluso la novela escrita en nombre del arte-por-el-arte es comunicación social, ya que transmite un mensaje de ausencia de compromiso, exhorta a replegarse a una cierta dimensión percibida como extra-social. La cuestión es que ninguna dimensión es "extra-social". Negar esta realidad no lleva a ninguna parte, más vale ser conscientes de ello, también en el momento de escribir. No es cuestión de escribir novelas "de tesis", "a chiave", propagandísticas. Hemos visto ya muchas, y no es eso lo que sirve. Pero entre la propaganda y el arte-por-el-arte existen infinitos puntos, articulaciones, gradaciones, aventuras, experimentos y resultados. A una novela yo no le pido seguridades, no pido que refuerce convicciones que ya tengo: espero de la novela una desestabilización, aunque sea sutil pero que exista. La novela es perturbadora o no es. No quiero que se me diga que los malos son malos porque son malos, y que los buenos tienen razón. Quiero relatos sobre la crisis de los "buenos", sobre el punto de vista de los "malos", sobre los obstáculos y los replanteamientos, sobre las pruebas a superar, sobre los desafíos que fundan cosas y las victorias que hacen perder la cabeza y llevan al desastre. En suma, quiero la posibilidad de una épica, y quiero que se meta mano a la tragedia. Sólo si hay todo esto, en mi opinión, se puede hacer una escritura de valor social y político sin envilecer la forma-novela.
[Dicho esto, Virgilio escribe la Eneida bajo encargo político directo, y la concibe como una obra de propaganda, ni más ni menos. Sólo que era Virgilio, y su escritura ha trascendido la intención inicial, entregándonos una obra maestra que "sigue en pié", influyéndonos mucho más allá de lo que Augusto esperaba que ella. En definitiva, nunca se sabe :-)]


Pero existe un error de fondo cuando se habla de utilización de la "realidad" en la literatura. Algunos creen que, en este contexto, por "realidad" se entienda un contexto material, y que recurrir al mismo signifique ser "objetivo", llevar a la literatura "las cosas como son". Esto es imposible, la literatura puede mirar a la realidad sólo como a una enésima dimensión textual. La "realidad" que se usa en literatura es el conjunto de textos externos a aquello que se está escribiendo, preexistenes al mismo. Las fuentes que están "ahí fuera", esto es, los documentos, los flujos de información y mediáticos que terminan en la escritura. La "realidad" que se puede usar en literatura es la crónica de periódicos y televisión, es la historia encontrada en los archivos, es el correo que me ha mandado Amador, es la performance de Leo Bassi que he visto en Barcelona. Son, de cualquier manera, textos, y la literatura los usa como tales, se relaciona y se inspira en ellos como tales. Lo real es "textualizado", por usar una expresión del teórico del cine Maurizio Grande. No se puede llevar a la literatura la cosa-en-sí, "objetivamente", si no sólo el modo en el que es narrada en lo real textualizado. Todo el debate sobre el "realismo", sobre qué tipo de literatura sea más o menos "fiel a la realidad", es una pérdida de tiempo. En nuestras novelas a veces incluso utilizamos elementos sobrenaturales y no por ello, haciendo esa elección, "huimos de la realidad". Quizás, en alegoría estamos afrontando la realidad mejor que quien ha elegido un enfoque convencionalmente reputado como "realista".
o que me gustaría producir es un estado de alerta positiva. Puede suceder que una obra artística aumente la conciencia sobre un problema y espolee su resolución. Que después se consiga resolverlo, es otra cuestión, y va más allá de lo que puede hacer la literatura. Pongamos por ejemplo la novela por entregas decimonónica, el feuilleton, que pone a la opinión pública francesa frente a las condiciones de vida de los barrios pobres, y lo hace con tal clamor que induce al parlamento a aprobar una ley anti-feuilleton.


La ficción, por lo demás, puede imaginar "la peor hipótesis" y así servir de admonición, para conjurar empeoramientos ulteriores de nuestras condiciones. Si durante el cuarantenio de la guerra fría no hemos sido aniquilados por las armas nucleares, es en parte porque la opinión pública era constantemente puesta en alerta con escenarios de apocalipsis, narraciones post-atómicas, películas y novelas sobre una humanidad superviviente abrasada por las radiaciones. La primera retransmisión televisiva de The Day After, el telefilm de 1983 sobre la catástrofe nuclear, fue vista por cien millones de personas. En Italia se distribuyó en las salas de cine y fue el tercer mayor éxito de taquilla de la temporada. Allá donde llegó, desencadenó ardorosos debates sobre el rearme nuclear. La calidad de aquella película era más bien mediocre ... Pero tuvo una función, incrementó la conciencia. Mira también The dead Zone, de Stephen King, donde se pregunta si es más ético dejar que salga elegido un presidente belicista o !matarlo durante la campaña electoral! Sin una opinión pública constantemente aguijoneada en este sentido, ¿quién puede decir que Nixon o Reagan o Brezhnev no hubiesen usado antes o después la bomba atómica? Sin el estigma social de sus acciones, un gobernante hace lo que le sale de los cojones. A menudo lo hace incluso con el estigma, así que imagínate ...
Lo importante, repito, es evitar el malentendido sobre "realismo", pensar que la literatura "comprometida" deba "narrar la realidad" de un modo "objetivo". La denotación, en definitiva, De otra manera, se producirán expresiones planas y se traicionará lo específico de la literatura que, al contrario, es el trabajo en torno a la connotación, esto es, en torno a los sentidos figurados, a las metáforas, a la alegoría. En torno a la poesía de las cosas. Nosotros somos escritores, no creadores de planfletos. Sólo teniendo presente esta banalidad de base se podrá hacer una contribución civil, política y social sin producir .... basura.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Cambiando de sexo varias veces por semana

Sobre la Orden Tiresías


Az : Cada uno de los fundadores de la Orden (éramos cuatro entonces) creó cinco avatares. Además, podía invitar hasta tres nuevos miembros.

Dolcemare: ¿Y todos estaban al tanto de las nuevas identidades?

Eda: La consigna era que no debíamos revelar quién estaba detrás de cada avatar. Lo más atractivo era perderse en ese laberinto de yos, de perfiles.

Az.: Y todos comenzamos a interactuar al mismo tiempo, alternando nuestros múltiples avatares: mujeres, hombres, animales fantásticos, monstruos, mutantes.

D.: ¿Cuándo comenzaron con esta experiencia?

Az.: Hace poco más de nueve meses.

D.: ¿Y siempre conservaron el mismo objetivo? Lo primero que me viene a la mente es una tradición de máscaras venecianas: refundarse detrás de un conjunto de gestos, digitales en este caso.


E.: Sensibilidades más que máscaras. La Orden se denomina Tiresías porque desde el origen la exigencia fue que cambiáramos de sexo todo el tiempo y simultáneamente. Nuestros cerebros están funcionando en múltiples canales.

Az.: Últimamente estuvimos leyendo mucho a Gracián. Al fin de cuenta se trata de un juego de poder. Los avatares que cada uno de nosotros administra (sé que esta no es la palabra adecuada) pueden estar enfrentados en sus estrategias de poder.

E.: Cada uno de nuestros avatares lleva un diario. Nos propusimos que esas memorias estén escritas en tercera persona.

D.: ¿Todos se conocen personalmente fuera del software? ¿O al menos conocen sus nombres sociales, unplugged?


E.: Para nada. Nos conocemos sólo de Second Life o Bluemars.

Az.: ¿Qué es realmente lo que experimentás cuando cambiás de sexo digitalmente? ¿Qué es lo que sucede cuando estás obligado a cambiar de sexo varias veces por semana?

D.: ¿No sigue siendo una experiencia teatral, al fin de cuentas?

Az.: ¡Es que precisamente lo teatral es lo primero que necesitamos atacar!

E.: Posiblemente rescatemos de algún modo el elemento catártico desde otro formato aún informe, que es el que estamos generando. Sin dudas, transformarte de este modo te afecta en tu vida por fuera del software.



D.: Recién explicaron por qué Tiresías, pero no sé por qué se autodenominan Orden.

Az.: Porque buscamos (quizás inútilmente) una suerte de éxtasis esquizo. No estamos proponiéndonos nada nuevo, simplemente extremando algo que sucede en las redes desde hace años. El término Orden es religioso. La experiencia que perseguimos seguramente tiene una inspiración religiosa.

E.: Es el Orden del mundo el que se reedita en nuestras memorias

lunes, 7 de diciembre de 2009

Matt Groening en Argentrash: informe

Todo lo que querías saber sobre la participación de Matt Groening en ArgenTrash,
haciendo click acá.

Matt Groening exhibió un nuevo personaje en Buenos Aires –un pequeño diablito con cola puntada y postura de bailarín travieso o zombie ambulante- y nadie lo supo. Sin que nadie se diera cuenta o supiera la verdad uno de los dibujantes más famosos del mundo –el creador de Los Simpsons- estuvo exponiendo una obra en la muestra en el lobby y el subsuelo del Fondo Nacional de las Artes, en la calle Alsina al 673, con el seudónimo Matías Fogwill Jr. Titulada Versiones de(l) Trash, (una nueva estética que la exhibición misma intenta definir con sus obras y textos) la muestra se inauguró el 10 de noviembre, bajo la curaduría deRafael Cippolini, y cierra hoy Lunes 7 a las 18 horas.

O sea, para los curiosos que quieren darse el gusto de poder conocer el alter-ego porteño del afable y legendario Groening, les queda unas horas no más.

La revelación al último momento del verdadero artista detrás de los dibujitos de diablitos, o dameons, como propone Groening, será más interesante aun para los que ya vieron la muestra con los ojos y el espíritu abierto, intentando de apreciar las obras por sí mismas mientras seguían el argumento curiatoral de Cippolini que, en folletos pegados al piso, intenta desglosar qué significa el movimiento, o género, "Trash" en el arte contemporáneo. Y también si acaso existe unArgentrash. Habla bien de los sanos egos, tanto del curador cómo del creador de Marge, Homero, Lisa y Bart, de tomar la decisión de no publicitar la identidad real del artista invitado. Por otro lado, también fue parte de un juego de una exposición tal vez un poco controversial, pero por cierto lúdica hasta la médula.


Matías Fogwill Jr. Un alter ego porteño

La obra en cuestión es, en realidad, una colaboración entre Matt Groening y su esposa argentina, Agustina Picasso. Se encuentra ubicado en dos paredes que se juntan en un ángulo recto en la esquina de la galería. En una pared esta tapado de dibujos informales y naive de Picasso mientras en la otra viene marchando una tropa de los dameons de Groening, unos 14, más uno que se infiltra en el centro mismo de los dibujos de Picasso en la otra pared. Aunque no quiso confirmarlo pareciera ser que el personaje diablito es una obra en curso, un boceto de un nuevo personaje. Si aparece en las pantallas del planeta en una futura obra de Groening podemos sentirnos orgullosos que su debut mundial fue acá en pleno centro porteño.

Parado delante de la muestra el ensayista y misterioso e elocuente Patafisíco (acaba de editar una antología sobre esta noble filosofía del azar y del absurdo, prima del surrealismo –y tal vez del Zen también- nacida en Francia hace más de cien años de la mano de Alfred Jarry) Cippolini explico el origen de la obra de Groening y su esposa: "El trabajo que presentó Groening, junto con Agustina, responde a la consigna de la muestra que es ¿De qué manera se manifiesta el Trash ya no solo como un estilo sino como una sensibilidad? Es una obra indivisible compuesta por dos hemisferios. Como un yin y un yang. Elegimos no revelar el autor para darle otro sentido a la muestra, para permitirle otro recorrido. Y otra cosa que quiero aclarar: Matías Fogwill Jr. es porteño por más que Groening sea estadounidense."

Cippolini dice sobre su trabajo: "El curador es la mejor droga para un artista. Le tiene que dar un efecto psicotrópico."

Así fue, sin duda, en este caso. La mayoría de los artistas con cual trabajó Cippolini en esta muestra rondan los 25 años. Por casualidad –o por consecuencia lógica- la influencia de Groening en su psiquis es enorme. De hecho una de las obras que se puede ver en el subsuelo es un graffiti de la cabeza de Homero Simpson repetida varias veces.

Cuando convocó a los artistas para armar la muestra les estableció unas metas y unos parámetros, siempre con la idea de indagar y demostrar el mecanismo del Trash en el arte contemporaneo y tambien perseguir la doble meta de crear y descubrir un Argentrash. Pero al fin, lo más importante es la libteracion. En los primeros ensayos/reuniones Cippolini les dijo a sus convocados: "Jugemos en el bósque. ¡Yo soy el lobo!"


Nadie, pero nadie, lo supo

Lo más sorprendente, tal vez, es que Cippolini mantuvo el secreto de Groening aun frente los artistas de la muestra. En una noche luego de la inauguración el grupo artístico Un Faulduo, compuesto por Nicolás Daniluk, Nicolás Moguielevsky y Nicolás Zukerfeld (había un cuarto miembro, también nombrado Nicolás, que se retiró del grupo) tocaron un jazz en el subsuelo disfrazados con caras de Homero Simpson. Estas cosas solo les pasan a Cippolini. Allí no pudo resistir soltar el secreto. Subió los convocados al primer piso y les plantó delante de la obra de Matías Fogwill Jr. y les contó la verdad. Temblaron delante del maestro incrédulos.

Estuvo Groening. Vino y se fue. Bueno, estará unas horas más. La muestra cierra hoy a las 18. Si quieren ir, la dirección es Alsina 673. Podrán juzgar ustedes qué fue este último engendro de Cippolini.

¿Un evento cultural Pop de talla mayor? ¿Un juego (o una gentil burla) patafísica? ¿Una muestra para la historia (o por lo menos un importante pie de página de la historia) del arte argentino? Queda para ustedes decidirlo. Y les queda solo un día.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Así es: Matt Groening en ArgenTrash


Matt Groening expone en Buenos Aires, con seudónimo
El creador de Los Simpson muestra en el Fondo Nacional de las Artes una serie de pequeñas criaturas diabólicas.

Por Andrés Hax
Hoy en Clarín
También acá

Matt Groening exhibe un nuevo personaje en Buenos Aires -un pequeño diablito con cola puntuda y postura de bailarín travieso, o zombie ambulante- sin ser advertido. Sin que nadie se diera cuenta o supiera la verdad, uno de los dibujantes más famosos del mundo -el creador de Los Simpson- expone en el lobby y el subsuelo del Fondo Nacional de las Artes (Alsina 673), con el seudónimo Matías Fogwill Jr., una serie de obras llamada "Versiones de (l) Trash", (una nueva estética que la exhibición misma intenta definir con sus obras y textos). La muestra se inauguró el 10 de noviembre, con la curaduría de Rafael Cippolini, y cierra mañana. O sea, para los curiosos que quieren darse el gusto de poder conocer al alter-ego porteño del afable y legendario Groening, aun queda un día. La revelación a último momento del verdadero artista detrás de los diablitos de Groening, será más interesante aún para los que ya vieron la muestra con los ojos y el espíritu abierto, intentando apreciar las obras por sí mismas, mientras seguían el argumento curiatoral de Cippolini que, en folletos pegados al piso, intenta desglosar qué significa el movimiento, o género, Trash en el arte contemporáneo. Y también, si acaso existe, un Argentrash. Habla bien de los sanos egos, tanto del curador cómo del creador de Marge, Homero, Lisa, Bart y Maggie, tomar la decisión de no publicitar la identidad real del artista invitado. La obra en cuestión es, en realidad, una colaboración entre Groening y su esposa argentina, la artista Agustina Picasso. Se encuentra ubicado en dos paredes que se juntan en un ángulo recto en la esquina de la sala. Una pared esta tapada de dibujos informales de Picasso mientras, en la otra, viene marchando una tropa de los dameons de Groening, unos 14, más uno que se infiltra en el centro mismo de los dibujos de Picasso. Aunque no quiso confirmarlo pareciera que el diablito es una obra en curso, un boceto de un nuevo personaje.

Parado delante de la muestra el ensayista y elocuente patafisíco (acaba de editar una antología sobre esta noble filosofía del azar y del absurdo, prima del surrealismo nacida en Francia de la mano de Alfred Jarry) Cippolini explico el origen de la obra de Groening y su esposa: "El trabajo que presentó Groening, junto con Agustina, responde a la consigna de la muestra que es ¿De qué manera se manifiesta el Trash ya no sólo como un estilo, sino como una sensibilidad? Es una obra indivisible compuesta por dos hemisferios. Como un yin y un yang. Elegimos no revelar el autor para darle otro sentido a la muestra, para permitirle otro recorrido". ¿Una muestra para la historia (o por lo menos un importante pie de página de la historia) del arte argentino?

sábado, 5 de diciembre de 2009

A.R.G.E.N.T.R.A.S.H ///// ULTIMAS HORAS

ES AHORA O NUNCA

LUNES 7 DE DICIEMBRE

DE 10 A 17 HS

ÚLTIMA OPORTUNIDAD

Mientras esperás al lunes para verla o volverla a ver
tenés ésta y ésta gemitas para entretenerte.


miércoles, 2 de diciembre de 2009

Reporte: FRAGILIDAD ILTDA. Episodio 2.


Por Beatriz Vignoli
Para Rosario 12.

Una forma frágil de ocupar el tiempo

Rafael Cippolini reúne a Ernesto Ballesteros, Graciela Hasper, Fabio Kacero y Pablo Siquier, los artistas que le encargaron aquel documento. La muestra tiene solidez formal y conceptual.

A diez veranos del Manifiesto frágil (último del arte argentino por ahora), su autor, Rafael Cippolini (Buenos Aires, 1967) reúne a los artistas que se lo encargaron: Ernesto Ballesteros, Graciela Hasper, Fabio Kacero y Pablo Siquier. La muestra, que puede verse en los pisos 2 y 3 del MACRO (Bv. Oroño y el río), se titula Fragilidad Iltda, episodio 2. Realzada por un impecable montaje, es de una solidez formal y conceptual inusual para el medio, si bien su contenido apuesta a la nada. "El arte es una manera frágil de ocupar el tiempo", dice la frase más citada de dicho manifiesto. Un manifiesto por encargo es una contradicción, pero así están las cosas: de contradicciones viven las post modernidades; especialmente las periféricas, que no tuvieron casi modernidad, en primer lugar. El manifiesto tuvo tres versiones; la última está fechada en abril del 2000 y se publicó en la revista Ramona. Sumando otra a una serie de intervenciones realizadas en el Museo de Arte Moderno de Mendoza y en el Museo de Arte Contemporáneo de Bahía Blanca, los artistas mencionados "toman" este verano la fachada del Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (MACRO) en una operación que el propio curador designa en una reseña como "redefinición del muralismo, una de las estrategias visuales clave en las políticas del arte latinoamericano del siglo XX".


Al respecto cabe recordar el "Llamamiento a los plásticos argentinos", que el muralista mexicano David Alfaro Siqueiros publicara en el diario porteño Crítica el 2 del junio de 1933: "Nuestros campos de operaciones serán aquellos lugares en que el tráfico del pueblo sea más intenso", escribía el mexicano, exhortando a sus colegas argentinos a "sacar la producción pictórica y escultórica de los museos-cementerios", llevándola a "los lugares más estratégicos plásticamente de los barrios obreros, en las plazas sindicales, frente a las plazas públicas y en los estadios deportivos y teatros al aire libre", para así crear "las bases de un movimiento, de plástica monumental descubierta y muy ejemplar para las grandes masas populares".
Cippolini, midiéndose con semejante titán y dándolo, sin la menor modestia, por superado con su propuesta, sostiene que "esta vez se puso entre paréntesis la perfección y elocuencia de las estrategias y proyectos de las vanguardias históricas, su revés siempre político, el anhelo de su eficacia". Su texto para la exposición se titula "Tractatus Fragilitatis: Un Museo de la Tierra en Saturno" y añade extrañeza a una selección muy sólida de obras elegantes y logradas que reelaboran el concepto de ficción. Aunque en realidad cabría agregar que a la noción de ficción estos artistas la trabajan negativamente, por omisión deliberada, mostrando los bordes del recorte del vacío que la ficción deja en las obras de arte al ser extirpada de ellos, y que lo que presentan son nuevas formas para la abstracción. Si a algo deben remitirse no es entonces a los manifiestos del muralismo sino al manifiesto Arturo. Con quien dialogan y respecto de quien innovan estos autores es en todo caso el crítico norteamericano Clement Greenberg, quien a mediados del siglo pasado proponía un formalismo basado en las propiedades específicas del medio pictórico: lo que logran Hasper, Ballesteros, Kacero y Siquier es un "formalismo obsesivo" (Cippolini dixit) que indaga en lo específico de otros medios, como el dibujo, el cine o la industria editorial.


Graciela Hasper (Buenos Aires, 1966) presenta: un mural Neo Geo; una pintura abstracta más bien tradicional que funde entre sí diversos lenguajes del alto modernismo, y, en la tradición del primer conceptualismo, una serie de libros de artista ("Libros Pinta Bien", 2008 y 2009) donde las páginas son papel afiche liso de colores. También muestra videos. En un video realizado el año pasado en la Rambla de Mar del Plata y en otro titulado "Caracas Suite" (2006 a 2008), Hasper formula algo así como la esencia del cine, o lo específico de la forma cinematográfica: movimientos de cámara y música, sin ficción.
Acompañando imágenes de la rambla desierta y sus grises helados, una música inquietante de quinteto de cuerdas aporta suspenso a los planos secuencia en la técnica del travelling. Todo (incluso el clima de fuera de temporada) remite a Stanley Kubrick en "El Resplandor", pero el único acontecimiento es el recorrido de la mirada.
El arte es el único acontecimiento y la realidad es apenas un lienzo en blanco también para Ernesto Ballesteros (n. 1963), quien muestra una breve selección de piezas de dos series de su ecléctica obra. Una son las "fuentes de luz tapadas", bellas fotos intervenidas, escotomizadas, de Puerto Madero y otros lugares, en un recurso que también emplean otros artistas contemporáneos, como la santafesina Rosalía Maguid o el rosarino Carlos Herrera. Otra (también en la línea del conceptualismo temprano, al igual que los libros de Hasper) se titula "kilómetros de líneas aplicadas a un paisaje". Esta serie rescata, ironizando sobre la ficción de espacio representado en el paisaje mediante la alusión a kilómetros reales, lo específico formal del dibujo, que es la línea formando planos. Lo que diferencia los títulos de las diferentes obras es siempre un número inicial, que cuenta cuántas fuentes de luz han sido tapadas (70, 757) o mide los kilómetros de líneas (308, etc.) que fueron aplicadas a un paisaje. Esta cuantificación del quehacer artístico remite a la ciencia, como bien sugiere el prolífico Cippolini, para quien deconstruir la paradójica noción de "ciencia ficción", separando los términos de "ciencia" y "ficción", pareciera ser una operación conceptual ensayística clave.

Probablemente lo más fascinante de toda la muestra sea la instalación de Fabio Kacero (Buenos Aires, 1961). Titulada Nemebiax, abarca un video y un libro de arte realizados entre 2007 y 2009. El video muestra cómo el artista "pinta" con las letras de un teclado, creando palabras pronunciables pero sin sentido que pueden estar en cualquier idioma. La lista es potencialmente infinita. El libro reúne todas las combinaciones. El proyecto es tan borgeano como gratuito, y atrae precisamente por su gratuidad. ¿Se tratará de agotar todas las combinaciones posibles, o lo mejor es una obra "frágil", que no pretenda ser tan totalizadora, cuyo punto final esté dado por la fatiga o el hartazgo? La música es hipnótica, las vacilaciones de la mano convencen de que se está viendo cómo el artista crea, y las palabras que salen son muy extrañas: "cortul, nagadita, gurgli, pranglet, maincoch, breinoltil" y así hasta el cansancio. Pero no aburre. Y, por supuesto, es una vuelta de tuerca "obsesiva" sobre el motivo de la palabra inventada, que ya utilizaron dadaístas como Kurt Schwitters o el rosarino Juan Grela.


Kacero expone además algunas de sus "pinturas falsas" hechas con la computadora. Resulta despareja su serie "Self Fiction" de libros inexistentes, hojas en blanco entre diseños de tapa. Uno se basa en la portada del disco Never Mind the Bollocks, del pionero grupo punk británico Sex Pistols, y se titula "Never Mind the Pollocks: Spitting over Dripping" (algo así como "Que no te importen los Pollocks: escupiendo sobre el dripping"). Los artistas de este nuevo siglo estamos bien informados gracias a la World Wide Web, de modo que, jugando con el apellido real del líder del la banda (Johnny Rotten) firma un tal Jack Lydon. La obra satiriza así al pope del expresionismo abstracto norteamericano de mediados del siglo pasado, Jackson Pollock. Esto de burlarse de Pollock no es nada nuevo, lo de parodiar u homenajear la tapa del disco fundante del punk tampoco (ya lo hizo el grupo alemán Die Toten Hosen, y, a propósito, ¿de dónde sale el título del álbum Nevermind de Nirvana?). Pero por lo menos el chiste es feliz; otras de las tapas son apenas olvidables ocurrencias de salón.
Y, el colmo del vacío, un libro intervenido de Kacero, titulado "Adriana Hidalgo", faltaba de su pedestal al momento de reseñar esta muestra el domingo pasado. ¡A revisar los videos de seguridad! Last but not least, Pablo Siquier (Buenos Aires, 1961) exhibe uno de sus característicos murales en vinilo negro sobre el blanco de la pared, bocetados mediante la combinación de restos de formas decorativas procedentes de las más variadas culturas, disciplinas y períodos. Cabe aclarar que la similitud entre los apellidos Siquier y Siqueiros no es un chiste de Kacero. Ni de Casero.