miércoles 30 de septiembre de 2009

Ensayo y ensayistas


1.

El ensayo (la práctica ensayística) definitivamente sigue más cerca de la escritura de ficción que de la burocracia del paper.


2.

Un ensayista (ese tipo de construcción de forma híbrida que se consolida con Montaigne) es, antes que nada, una voz. Quienes escriben papers, antes que nada, son demasiado cautos con la voz.


3.

Un paper es, más que nada, un tipo de circulación. O, para decirlo de otra forma, un modo de resignarse a una autoridad específica. En esto, la diferencia con el ensayo es radical.


4.

Un filósofo, un profesor de ciencias sociales, un historiador, un escritor de ficción, un politicólogo, un poeta, etcs miles, pueden dar cuenta de la mejor escritura ensayística. Los mejores ensayos son los que por derecho propio se sitúan por fuera de la filosofía, de las ciencias sociales, de la historiografía, de la ficción, de la politicología, etcs miles. Aunque esté construido con materiales de todas ellas.


5.

Al definirse como un trabajo sobre la voz, el ensayo es un trabajo sobre uno mismo: el ensayista rara vez se escuda en la “independencia narrativa” de un personaje (no suele decir: “no lo afirmé yo, lo dijo un personaje ficticio”). Por el contrario, un ensayista construye en su propia figura social (cultural) su campo de pruebas.

Continuará, claro.

lunes 28 de septiembre de 2009

'Patafísica Dossier (6)


¿Audio patafísico? Una entrevista en Radio Mitre haciendo click acá.

sábado 26 de septiembre de 2009

'Patafísica Dossier (5)


Valeria Perasso
Especial para BBC.

El maestro explica cómo del cruce de dos imaginarios surge un vínculo que marca la singularidad objetual: la locuacidad de un recipiente hermético o la maldad desatada de una olla con tapa. Y explica, también, cómo no hay labor más loable que dedicarse a pensar sobre la inutilidad.

Bienvenidos al Curso Superior de ‘Patafísica en 4.290 segundos, en el que filósofos, artistas y curiosos (como esta cronista) investigan "El sex appeal de las soluciones imaginarias".
Esa es la propuesta de la charla y la de la ciencia que no figura en los diccionarios y se escribe así, con un apóstrofo antes de la primera letra, por puro capricho de su padre fundador.
Alfred Jarry, se llamó el hombre. Transitó las calles de París cuando el siglo XIX estaba a punto de acabarse, traje oscuro, sombrero bombín y eterna bicicleta. Antes de morir -borracho y tuberculoso- escribió una obra que la historia señalaría luego como "fundacional": "Gestas y opiniones del Doctor Faustroll, ‘patafísico".


Faustroll y Jarry sedujeron a los artistas de vanguardia de la época y juntos dieron origen a uno de los movimientos filosóficos más disparatados del siglo XX: dícese de la ciencia de los estudios imaginarios. Así definió Jarry a la patafísica, y lo confirmó su criatura: Faustroll nació en 1898 con 63 años y falleció el mismo año a la misma edad y a ningún patafísico que se precie se le ocurría pensar que tal proeza temporal no es plausible.
De eso hablan los asistentes al taller en Buenos Aires, donde por estos días se organizaron las Primeras Jornadas Patafísicas Universales. Una buena ocasión para celebrar los 19.141 días de existencia del instituto patafísico porteño, el más antiguo en el mundo después del colegio madre de París.
Hablan de eso, y de la vigencia de esta filosofía alternativa que es, para muchos, una forma de vida. La de ejercitar la mirada en busca de la rareza que reside en lo cotidiano, a sabiendas de que lo extraordinario está allí, listo para ser descubierto.


La sesión de patafísica se ajusta a reglas muy precisas porque, si algo tienen los patafísicos, es que no permiten que la improvisación del mundo real se les cuele en sus ejercicios filosóficos.

Para empezar, es cronometrada: 4.290 segundos, ni uno más. Los controla atento el monitor Nicolás, reloj en mano para la cuenta regresiva. Todos estamos aquí sentados en el día 11 absoluto del año 137 de la era patafísica, a contar desde el nacimiento de Jarry. Los que se rigen por el calendario vulgar dirán que es un día casi a finales de septiembre.
Rafael Cippolini, quien descubrió a Faustroll en un libro usado de mercado callejero allá por los años ochenta y ahora devino director del Longevo Instituto de Altos Estudios Patafísicos de Buenos Aires, desgrana objetivo y método de la patafísica: procurar entender la singularidad de las cosas.
No son pocos los que lo intentaron: nacido en 1948, este movimiento cultural tuvo socios ilustres de a montones como Joan Miró, Marcel Duchamp, Eugéne Ionesco o Jean Dubuffet. Lo citaron Los Beatles en la cara A de "Abbey Road" y Julio Cortázar en "La vuelta al día en 80 mundos" y el rockero argentino Charly García y Groucho Marx.


Pero, ¿tiene hoy alguna vigencia? Me lo pregunto hasta que Cippolini cita las noticias que leyó, precisamente, en BBC Mundo: la prohibición de levantar los brazos impuesta en un parque de diversiones para evitar el mal olor en las montañas rusas, el pánico entre los pasajeros de un avión tras hallar a bordo un cocodrilo bebé, un sendero exclusivo para caminantes nudistas que quieren hacer turismo sin más atuendo que sus mochilas.
Lo insólito, lo impensable, está en todos lados… si uno entrena el ojo patafísico para hallar lo extraordinario en lo vulgar.
¿De qué se ocupa, entonces, la "ciencia" de las excepciones? De buscar soluciones imaginarias. Que podrían servir para resolver un problema o saciar una necesidad, pero no necesitan hacerlo. Podrían, si quisieran. O no.
Imaginar, por caso, la construcción práctica de dispositivos que no van a existir. Quizás el ejemplo más claro sea el concebido por el mismo Jarry en su obra-Biblia: la máquina para descerebrar. Una cuchara de hierro con dos puntas, una afilada para rajar cráneos y otra redonda para extirpar sesos. Una herramienta que jamás empuñará un descerebrador.
Quedan menos de 1.000 segundos y los asistentes discutimos sobre qué hubiera pasado en el devenir del arte moderno si, en 1917, Marcel Duchamp hubiera exhibido un caballo embalsamado en lugar de su célebre mingitorio, elegido en 2008 como la obra artística más representativa del siglo XX.

Nota completa

jueves 24 de septiembre de 2009

'Patafísica Dossier (4)


Publicado en Perfil (fragmento).

Hagamos un poco de historia. Para los lectores argentinos, Alfred Jarry (1873-1907), motor inicial y figura insoslayable de este movimiento, sigue siendo un autor por demás extraño. Es posible que lo sea también para lectores de cualquier lengua, pero lo cierto es que en castellano la publicación de sus novelas, relatos, informes, farsas y poemas sigue siendo absolutamente caótica. Y si bien nunca dejó de traducirse ni editarse (al fin de cuentas se trata de un clásico que sigue siendo considerado uno de los pioneros del teatro moderno), su extensa producción continúa circulando de manera infaliblemente sesgada, dispersa y parcial.

Es cierto que no pasa un solo año sin que se estrene alguna de sus piezas teatrales o se cite al horripilante Padre Ubú como arquetipo de la brutalidad y el feroz absurdo del mundo contemporáneo, y quizá por eso mismo sus obras continúan diseminando incomodidades que una y otra vez se antojan insalvables, incluso hasta irreversibles. Ahora bien, ¿se trata de una pieza de museo o de algo vivo? La vigencia de Jarry nunca dejó de ser conflictiva. Ni nuevo ni viejo, perennemente descolocado. Fuera de foco.

Pongamos por ejemplo una de sus figuras claves: el descerebramiento. La acción úbica por antonomasia. Siguiendo al Optimate Grassa Toro: “Descerebramiento” da nombre al mismo tiempo a un mes y a una fiesta del calendario patafísico. El descerebramiento y la máquina de descerebrar son una constante en la obra de Jarry. No se debe confundir la máquina de descerebrar con la guillotina, porque la sangre corre, pero los sesos saltan. La primera máquina de descerebrar era una simple cuchara de hierro, afilada por un lado (para rajar el cráneo) y redondeada por el otro (para extraer a continuación los sesos).El descerebramiento se lleva a cabo tanto en las profundidades de palacio como al aire libre de soleadas mañanas de días de fiesta, acompañamiento musical incluido.


Macho y hembra a un tiempo, la máquina de descerebrar aparece solamente una vez en la obra de Jarry como la prensa de impresor, el cual pasa a ser el descerebrador. Aquí se nos abre la puerta a todas las lecciones y las interpretaciones: la máquina de descerebrar sería la Kultur. “La máquina de descerebrar es la eflorescencia trascendente de las artes, las poesías, las ciencias e industrias del homo pataphysicus”, escribía el Doctor Sandomir en sus Prolegómenos a la edición de Visiones actuales y futuras de Alfred Jarry.

En los Minutes de Sable mémorial, Jarry abre la vía a una interpretación todavía más “simbólica” de la máquina, pues habla de la “máquina de descerebrar de nuestra memoria y de nuestro olvido”. Ahora bien, si en “solución imaginaria” hay “imaginaria”, y eso permite ver la memoria como una máquina para explorar el tiempo, hay también “solución”. Y la Ciencia de las Soluciones Imaginarias (la 'Patafísica) consiste también en “imaginar” la construcción “práctica” de dichas máquinas de explorar el tiempo o de descerebrar. La dimensión járryca se sigue debatiendo entre la ucronía y la distopía, en una suerte de devenir amorfo y descalibrado.

La piedra basal. Desde su primera publicación en el país en 1925 en las páginas de la revista Martín Fierro (fue entonces el turno del poema El baño del rey, con traducción del director de la revista, Evar Méndez), pasando por la ya legendaria edición de Ubú rey de la colección Minotauro en 1957, esta vez en la versión de Enrique Alonso y Juan Esteban Fassio (quien además fue el responsable del apartado crítico introductorio, elogiado por Virgilio Piñeira en las páginas de la revista Sur), Jarry supo entusiasmar hasta la demencial idolatría a un creciente (aunque nunca lo suficientemente numeroso) grupo de seguidores que festejó cada una de sus retorcidas provocaciones sin jamás amedrentarse.


Fassio, quien antes había militado fugazmente en el grupo madí, fue uno de sus acólitos (y de los más importantes). Primer argentino en ingresar al Colegio de Patafísica, luego fundador del Instituto de Altos Estudios Patafísicos de Buenos Aires (siglado IAEPBA, la más antigua sociedad de su tipo fuera de Francia, a la cual Cortázar dedicó De otra máquina célibe, en su Vuelta al día en ochenta mundos), ensayó una definición que devino canónica, y por lo mismo tantas veces glosada: “A través de los textos en que se manifiesta, esta ciencia aparece como un modo de apreciación de los fenómenos naturales y humanos basado fundamentalmente en el análisis de la irracionalidad concreta de tales fenómeno y practicado a la luz del humor crítico y del azar. El razonamiento patafísico descubre que todo fenómeno es individual, defectuoso. El análisis de la patología fenoménica, es decir, de los síntomas no observados por la ciencia a causa de la adscripción inmediata del fenómeno a la generalidad, conduce en último término a la entronización de las leyes que rigen las excepciones y a una metodología de lo particular que podríamos llamar análisis infinito. Todo fenómeno, aun el más elemental, resulta patafísicamente inagotable y tolera una serie infinita de operaciones que, en sí, constituyen el fin mismo de esta ciencia.”

Repitámoslo: de todos modos, no es más que un intento de respuesta. Existen muchas más. A fin de cuentas, el Colegio de Patafísica se edificó en la acumulación de estas jaculatorias. Y es que en la inmediata posguerra, un buen número de fans (fans eruditos, debemos aclarar) comenzó a inquietarse ante el anuncio de las obras completas de Alfred Jarry. Es sabido que jamás consintieron en relegarlo a la literatura. Diversa y ferozmente, se propusieron desarrollar una ciencia a partir de sus escritos. Al principio, la noticia no pasó a mayores. Pero cuando se supo que no dejaban de sumarse más y más nombres célebres (Enrico Baj, Asger Jorn, Man Ray, René Clair, Michel Leiris, adosándose a los citados en los primeros párrafos de esta nota), sus movimientos ya no lograron pasar inadvertidos. La patafísica se volvió progresivamente una tarea contagiosa, epidémica. Igual que hoy.


A principios de esta década que comienza a concluir, el instituto patafísico más antiguo del planeta recibía un electroshock. Siendo el más antiguo, no le había resultado demasiado difícil transformarse también en el más longevo. A pesar de esto, y desde que dos de sus más renombrados fundadores (Fassio y Rodríguez) abandonaron el mundo físico en el primer lustro de los ochenta, la institución permanecía invisible. Activa, pero secreta. Un conciliábulo de artistas, agitadores, freaks y nerds de toda calaña.

Su epicentro seguía siendo Eva García (siempre acompañada de su lugarteniente Bosse-de-Nage, un cinocéfalo papión embalsamado que la acompañaba desde hacía casi medio siglo). Ajedrecista, matemática, pintora y eximia pianista, en ningún momento siquiera aminoró su extravagante prédica. En 1959, cuando junto a su amado Albano Rodríguez atravesaron el Atlántico en barco rumbo a París para la asunción del Baron Mollet –antiguo secretario de Apollinaire y legendario cleptómano– como Vicecurador del Colegio de Patafísica, un sueño acababa de entrar en hibernación (y por mucho tiempo): la concreción de unas jornadas universales en Buenos Aires.

Ni más ni menos: los eventos que ahora nos ocupan cierran (¿o abren?) un círculo de cincuenta años.

Vuelta a la visibilidad. Las razones resultan contundentes. Con el nuevo milenio se multiplicaron las novedades: luego de 25 años de ocultación colegial (entiéndase por ésta al cese de manifestaciones externas decretado por Opach, sucesor del Baron Mollet), la “vuelta a la visibilidad” ofrecía sus sorpresas: el novísimo Vicecurador, nominado el 6 de abril de 2000 (15 de Clinamen de 127 EP, según calendario patafísico), no es francés. Ni siquiera humano. Se trata de un cocodrilo conocido como Lutembi, miembro fundador del célebre Colegio. El mundo visto desde los ojos de un voraz reptil.

La nota completa acá.

martes 22 de septiembre de 2009

'Patafísica Dossier (3)


Por María Arozamena para Clarín.

Rafael Cippolini y Carlos Grassa Toro, referentes claves de la actualidad ´Patafísica nos dan algunas pistas sobre la Ciencia de las excepciones y las soluciones imaginarias.

La entrevista empieza con Rafael Cippolini, también editor de la antología 'Patafísica. Epítomes, recetas, instrumentos y lecciones de aparato (Caja Negra, 2009) que se presentará el 23 de septiembre en el marco de las Jornadas.

¿Qué es la patafísica?

Como no se la puede definir, digamos cosas de las que un patafísico no podría sustraerse. Por un lado es un estudio exhaustivo de las condiciones de anormalidad de todo lo existente, incluso nosotros. Flaubert decía que si se mira mucho tiempo algo, enseguida aparece su rareza, y si se sigue mirando, se termina viendo el mundo.

Sería entonces un buen ejercicio para cualquier ser humano preguntarse: ¿Cómo se constituye mi anormalidad?

¿Esto tiene relación con lo monstruoso?

Sí, porque hay algunos modelos modernos que vinculan lo monstruoso con lo amenazante. Mientras que ni para la mitología, ni para las culturas antiguas era así. El monstruo podía ser generador de todo tipo de deseo. La mitología está repleta de los monstruos más sexys que puedan imaginarse. En nuestra cultura en cambio, el monstruo es Freddy Kruger, Frankenstein, Bin Laden. En definitiva ¿Qué constituye lo sexy? ¿Es un estamento social o es una condición de deseo excepcional? Podemos decir: Es el tipo más sexy del mundo y ser los únicos en creerlo. La construcción de otredad de la patafísica tiene que ver con ésto.

Las filosofías de causa final en el siglo XX están muy extendidas de exterminio y eso se da a partir de la construcción normalidad/ anormalidad y de estetización de la vida.


Si creés que hay ejemplares perfectos y ejemplares que no son perfectos, tenés un pensamiento peligroso por sus efectos y que está más extendido de lo que creemos. Incluso los estudios de tecnología de género, los estudios queer, implican cierta construcción de pauta que puede limitar la expansión de excepcionabilidad.

¿De alguna manera la patafísica desarma esa situación clasificatoria?

Sí, de una manera muy serena y amable.

Por otro lado, la patafísica también es una exploración profunda y exhaustiva de la inutilidad. Esto es complejo porque todos los saberes conspiran para que las cosas sean útiles. Eva García, mi maestra, decía que cuando uno verdaderamente comenzaba a explorar la inutilidad ya estaba obliterando cierta comodidad. Porque los sistemas de pensamiento nos vuelven muy cómodos, cierran sus sentidos muy rápido. Si pensamos en términos de inutilidad, ciertas incomodidades empiezan a atravesarnos. Pero son incomodidades amables. Por otro lado, la comodidad puede ser muy poco amable.


¿La 'Patafísica implica cierta rebeldía?

Irrumpe Carlos Grassa Toro: Ninguna rebeldía. Ni siquiera es interesante llevar la contraria. ¿Por qué llevar la contraria cuando simplemente basta con pensar en otra cosa?

¿Puede adelantarnos algo sobre la Conferencia y el taller que dará durante las Jornadas?

La Conferencia Popular no se tratará de 'Patafisica, por la sencilla razón de que no es un tema que pueda tratarse. Todo es 'Patafísica y usted no puede referirse a Todo con una parte de Todo. No quiero con esto desanimar a la candidata y al candidato a público del lunes 21; al contrario, animo a que se acuda en minoría para escuchar como la 'Patafísica sí puede decir acerca del resto, puede decir del universo pretendidamente real y del resto de universos complementarios que es capaz de crear nuestra conciencia pataphysica. Será Popular porque será el Pueblo quien decida su contenido. En última instancia se trata de reivindicar el latín del que procede conferencia: conferre: "llevar junto con".


En el Taller programado para el jueves 24, haremos Pataphysica a partir de una invitación para regar la vegetación hasta convertirla en semilla, en tierra, en deseo de vegetación, en la nada primordial. En vez de promover la producción acumulativa propia de estos eventos, el taller será un ejemplo, quizás un modelo, de eliminación.

viernes 18 de septiembre de 2009

'Patafísica Dossier (2)


La ciencia más inútil está de regreso
Por Fernanda Nicolini.

La ‘Patafísica (sí, con apóstrofo) es tan pero tan seria que da mucha risa. Aunque, a decir verdad, es tan pero tan poco seria que desconcierta. El venerado precursor Alfred Jarry la definió, en su obra Gestos y opiniones del Doctor Faustroll, patafísico, como la ciencia de las soluciones imaginarias. Pero, ¿para qué sirve la patafísica? “¡Absolutamente para nada! Lo cual implica grandísimos esfuerzos ya que, invariablemente, sucumbimos a la tentación de adjudicarle alguna utilidad. Es más: se la podría definir como una exploración exhaustiva de la inutilidad, pública o privada, real o imaginaria”.

El que lo dice es Rafael Cippolini, máxima autoridad del resurgido Liaepba (Longevo Instituto de Altos Estudios ‘Patafísicos de Buenos Aires), quien ostenta el cargo de Admirable Nababo, es responsable de la compilación del exquisito libro ‘Patafísica (epítomes, recetas, instrumentos y lecciones de aparato) que se acaba de editar por Caja Negra y el agitador de las Jornadas ‘Patafísicas Universales en Buenos Aires que se desarrollan hasta el 24 de septiembre (se puede ver la programación en www.malba.org.ar).

¿No se entiende nada? Trataremos de explicar de qué se trata esta ciencia de las excepciones, que está más allá de la metafísica como la metafísica lo está de la física, que funciona como una máquina para explorar el mundo y que, en definitiva, es un gran juego de burla intelectual. Como alguna vez Boris Vian lo resumió en un entrevista radial: “Pensar en cosas que pienso que los demás no pensarán”.


El colegio de allá. París, 11 de mayo de 1948. Se funda el Colegio de ‘Patafísica como una parodia del prestigioso Collège de France. El andamiaje se monta sobre la obra de Jarry, ese autor genial, caótico, opiómano y alcohólico que se reunía con poetas simbolistas y deambulaba por París con dos armas descargadas; que creó al polimorfo Ubu inspirado en un profesor de física del Liceo y que luego de su muerte en 1901, a los 34 años, sería tomado como precursor del surrealismo, el dadaísmo y el absurdo.

Pero, por sobre todo, Jarry funcionaría como piedra fundamental del Colegio ‘Patafísico: el 8 de septiembre de 1873 –día de su nacimiento– se convierte en punto de partida del calendario patafísico (que tiene trece meses con nombres como Ha-Ha, Descerebramiento, Pedal y Mierdra) y su personaje Faustroll es nombrado máxima autoridad. Además, la saga de Ubu sería excusa de digresión, como lo serían las cátedras de ciencias inútiles que llevan por nombre, por ejemplo, Patafísica aplicada. Blablabla y Meteología o Pedología y Adelfismo.

Imán irresistible para quienes quisieran integrar alguna vanguardia de posguerra, el Colegio tuvo (o tiene) entre sus miembros a Raymond Queneau, Eugène Ionesco, Jacques Prévert, Joan Miró, Man Ray, Duchamp, Max Ernst, Ergé (el perro de Prévert), Umberto Eco y Dario Fo, entre otros, quienes accedieron a los cargos de sátrapas, proveedores o regentes.


París, 17 de diciembre de 1973. El tercer vicecurador del Colegio, su magnificencia Opach, decide el ocultamiento de la institución hasta el año 2000 (nunca se supo de qué calendario; finalmente y para alegría de muchos, se eligió el vulgar, si no habría que haber esperado 1.500 años más). Según la teoría de Cippolini: “Opach seguramente experimentó la fatiga de la sobreexposición y decidió un cuarto de siglo sin agitaciones inútiles”.

La patafísica no es sólo francesa. Buenos Aires, 6 de abril de 1957. Juan Esteban Fassio, Jesús Borrego Gil, Álbano Rodríguez y su mujer, Eva García, se reúnen en una típica casa chorizo porteña con el propósito de crear el primer instituto patafísico fuera de Francia. Vinculados con el grupo surrealista de Aldo Pellegrini, el entusiasmo se les había despertado cuando uno de ellos leyó sobre el colegio de patafísica en una revista francesa y pidió permiso a la casa central para abrir una sucursal. Al poco tiempo, empezaban a colaborar con Viridis Candela, la revista del Colegio, y llamaban la atención de muchos de los intelectuales de moda: desde Oliverio Girondo hasta Witold Gombrowicz. Incluso Julio Cortázar se encandilaría con la patafisica al enterarse de que Fassio estaba armando una máquina para leer Rayuela (la invención de máquinas imaginarias es otro punto fuerte de esta ciencia de las ciencias).


Pero, a decir verdad, todo (re)comienza con Eva: el instituto porteño, tan fructífero en delirios y que siguió vivo durante el exilio de varios de sus miembros, se fue apagando al tiempo que sus fundadores mueren y a mediados de los ochenta entró en letargo. Eva “Mentora” García –pintora, ajedrecista, poeta y pianista– se quedó con su gran biblioteca y su saber patafísico ocultos –como en ese entonces lo estaba la ‘Patafísica– en un monoambiente del Bajo porteño. Hasta que por una casualidad (familiar), Cippolini la descubre. A partir de ahí empieza el desletargamiento del instituto patafísico más longevo del mundo, que volvería a la visibilidad en 2002 con un acto en una terraza bajo el mantra de Eva Mentora: “Sean felices y no piensen, el pensamiento es una Mierdra”.

Palabras del Admirable Nababo del Longevo Instituto

Habla el Admirable Nababo del Longevo Insitituto de Altos Estudios Patafísicos de Buenos Aires (Liaepba), Rafael Cippolini:

–¿La patafísica cobra nuevo impulso?

–Quizás una nueva visibilidad. Es como si todo el resto del mundo se hubiera puesto anteojos de repente. Siempre estuvimos donde estamos, a veces entregados a extensas siestas (toda otra ciencia).


–¿Quiénes son los referentes locales más patafísicos?

-¡Hay tantos y tan ejemplares! Si no fíjese en Max Cachimba, en Alan Courtis, en Francisco Garamona, en Damián Tabarovsky, en los Faulduos (un hallazgo en plural), en Mario Gemín, en Fabio Kacero, en Mariana Chaud, en Luisa Valenzuela, en Delius y, por sobre todo, en sabios como Pablo Vladimir Andralis e Ignacio Virgilio Vázquez Le Monstre, vivos monumentos a la Ciencia del Doctor Faustroll.

–¿Cuál es la situación del Instituto Patafísico de Buenos Aires?

–Pronto festejará sus primeros 19.141 días, el Liaepba atraviesa uno de sus más activos períodos. Como siempre, es un instituto ortodoxamente patafísico y autártico. Para contactarse con sus miembros no hay más que escribir a ububa137ep@gmail.com. Tan simple como eso.

Publicado ayer en el Diario Crítica.
Fotos de Delius (Eva Mentora, Patanteojitus), Fabio Kacero (Calendario de mano) y Archivo Liaepba.

miércoles 16 de septiembre de 2009

'Patafísica Dossier (1)


El movimiento patafísico es uno de los más disparatados del siglo XX: no tiene otro propósito que la contemplación de la rareza profunda que cotidianamente organiza al mundo. Nucleó a algunos de los artistas franceses más desfachatados (Boris Vian, Duchamp, Man Ray, Miró, Max Ernst, Eugène Ionesco, entre otros). Se expandió por el mundo, conquistó una forma de pensamiento y –como tantos hábitos franceses– echó poderosas raíces en Buenos Aires. Cuando languidecía irremediablemente, Rafael Cippolini conoció a la viuda de uno de los fundadores del Instituto Patafísico porteño y resucitó el movimiento en Argentina. Hoy, no sólo cuenta con nuevos miembros sino que finalmente celebran unas jornadas planeadas hace más de cincuenta años. Y lo hacen con la edición de un libro impecable.

Por Juan Pablo Bertazza

El chiste que pone en jaque las supuestas grandes verdades deja de ser un chiste. Dispuesta a reírse y, al mismo tiempo, exponer las múltiples grietas de la realidad y los extraños fenómenos de todos los días, la patafísica trasciende los límites del gag. En su Gestos y opiniones del doctor Faustroll, patafísico, Alfred Jarry –padre de este movimiento– lo definió de manera casi clara: “la patafísica es la ciencia de las soluciones imaginarias, la ciencia actual se basa en el principio de la inducción: la mayoría de los hombres vieron que tal fenómeno precedía a otro y de ello infieren que siempre será igual. En vez de enunciar la caída de los cuerpos hacia un centro, ¿por qué no se prefiere la del ascenso del vacío hacia una periferia?”.


Ciencia de las ciencias (en tanto es a la metafísica lo que la metafísica es a la física), filosofía alternativa, forma de vida, nació el 11 de mayo de 1948 con la fundación del Colegio de Patafísica como contrapunto irónico al prestigioso Collège de France. Entre sus socios ilustres se contaron nombres como Boris Vian, Raymond Queneau, Jacques Prevert, Max Ernst, Eugène Ionesco (quien editó La cantante calva primero en sus publicaciones), Joan Miró, Marcel Duchamp, Groucho Marx, Man Ray y René Clair. Claro que su misma creación también es patafísica: aunque el Colegio fue inspirado por la vida y obra de Alfred Jarry y se creó después de su muerte, puede incluso decirse que también existía antes de él. “Cuando Jarry estudiaba en el Liceo de Rennes, los chicos más grandes se burlaban de Hébert, un profesor de física gordo y grandote, al que le decían que era profesor de patafísica porque no se le entendía nada. Ellos escribieron una obra de teatro paródica sobre él y Jarry toma eso para hacer su Ubú Rey. Los chicos no sólo no se enojaron por la apropiación de la idea sino que no podían entender cómo un tipo tan inteligente se animaba a dar a conocer semejante estupidez. En su momento, un periodista lo descubrió y se armó todo un quilombo en torno de la autoría. Esa obra es tan genial como despareja, pero sobre todo contemporánea y punk”, explica Rafael Cippolini, cabeza del Instituto Patafísico Argentino que acaba de compilar un excelente libro sobre el universo patafísico llamado Epítomes, recetas, instrumentos & lecciones de aparato (Caja negra). Además, organiza las Jornadas patafísicas universales en UBuenos Aires, que comenzaron el jueves pasado y se extenderán hasta el jueves 24 de septiembre en el Malba y la Alianza Francesa con la presencia estelar de Thieri Foulc (un patafísico de alto cargo) y Carlos Grassa Toro (fundador del Instituto Patafísico de España).


PATA ENTENDER LA PATAFISICA

Así como tiene su propia mirada sobre el mundo, la patafísica tiene su propio lenguaje –plagado de palabras esdrújulas y neologismos–, su revista oficial, llamada Viridis Candela, con tirada más que limitada (que cada 28 números, 10 años aproximadamente, va mutando su formato); un calendario (a diferencia de lo que ellos llaman el calendario vulgar, éste se contabiliza a partir del nacimiento de Alfred Jarry, el 8 de septiembre de 1873, con meses que remiten a la simbología de su obra: Ha Ha, Descerebramiento, Pedal, Palotin, Mierdra, Espanziral, Falo, entre otros) y hasta ciertos códigos como, por ejemplo, que el único Colegio es el de Francia y los demás (en Inglaterra, China y España, por ejemplo), son institutos.

Aunque no tiene otra razón de existir que existir, y sus relaciones de poder no ejercen ningún poder, el Colegio también mantiene su propia estructura jerárquica: desde el inamovible Faustroll (cargo bautizado en honor al personaje de Jarry) y la autoridad máxima del vicecurador hasta sus tres poderes: el cuerpo de sátrapas (que tuvo como miembros a Duchamp, Boris Vian y su perro, el único sátrapa canino), los proveedores (quienes administran los bienes reales e imaginarios del colegio) y los regentes (que investigan asuntos delirantes que alimentan el corpus del Colegio).

Hasta ahora, el Colegio ha tenido sólo cuatro autoridades máximas; cada una marcó su época y la reflejó. El primer vicecurador fue el Doctor Sandomir, contemporáneo de Jarry y muerto en 1957, quien ante un pedido de aval enviado desde Buenos Aires, respondió poco antes de morir: “¿Hay que desear que la Patafísica exista en Buenos Aires? Ya existía aquí como en todas partes antes que nosotros existiéramos y no necesita de ninguno de nosotros, pues no está obligada a existir para existir”. Eso, que parece una negación, terminó siendo el visto bueno para la creación del Instituto Patafísico de Buenos Aires.


El segundo vicecurador fue el Barón Mollet, secretario de Apollinaire que asume en 1959 (“en realidad no era barón sino cleptómano: Apollinaire y Picasso estuvieron presos porque una vez la policía allanó el estudio de Apollinaire y ahí encontraron estatuillas del Louvre”, cuenta Cippolini).

A mediados de los ’60 asumió Opach. Su período combina la extrañeza patafísica con la efervescencia de la psicodelia: “Fue una época muy potente, hubo mucha relación con los beatniks, muchos estudios sobre Dick, incluso Los Beatles llegan a la patafísica por Barry Miles, un miembro del Instituto patafísico inglés, socio de quien, en ese momento, era cuñado de Paul y dueño de la galería Indica, donde Lennon conoce a Yoko Ono”, explica Cippolini.

Todo se interrumpe cuando, entrados los ’60, la patafísica pasa a la clandestinidad: Opach se cansa y decide que el Colegio se oculte y evite cualquier tipo de manifestación externa hasta el año 2000. Como máxima autoridad, nadie podía cuestionar su decisión, pero el problema era que no quedaba claro si se trataba del año 2000 del calendario vulgar o del patafísico, una duda que implicaba nada menos que 1700 años de diferencia. Finalmente, Opach aclara que el ocultamiento sucedería hasta el 2000 vulgar. Como si todo esto fuera poco, surge otro conflicto: en el año 1993 muere Opach y el Colegio decide mantener en reserva la decisión sobre el nombramiento del nuevo vicecurador, otra vez, hasta el año 2000. Precisamente el 6 de abril de ese año llegan grandes novedades desde Francia: por primera vez el vicecurador no es francés sino africano; por primera vez no es humano sino un cocodrilo: con ustedes, Su Magnificencia Lutembi, residente en un islote del gran lago Victoria Nyanza. Thieri Foulc, uno de los invitados de lujo a las Jornadas es, precisamente, el encargado de expresar la voluntad del gran cocodrilo.

Sigue acá.

Publicada en el Suplemento Radar de Página 12.
Primera foto de Xavier Martín / Segunda y Cuarta de Fabio Kacero / Tercera de Delius

lunes 14 de septiembre de 2009

Juan José Cambre: ZOOM!


ZOOM!

"Azul no es tanto espacio, sino tiempo.
Así como zoom no es únicamente distancia, sino transcurso.
¿Vale la pena hablar del origen (de los puntos de partida) de la muestra?
¿De ese avanzar –siempre artesanal, mental, afectivo y sensorial- hacia el resultado final?
¡Cómo si existiera un resultado único, definitivo y no estuviera siempre en movimiento!
¿Debemos dar pistas?
¿Necesitamos señalar el impacto (visual, cargado por la memoria) de una pintura de Hockney donde vemos a un chico sumergido, nadando en una pileta y a otro observándolo de pie, en la orilla, con el cual nuestro artista se sintió siempre identificado?
¿O recordar el sonido inicial de una canción de los galeses Super Furry Animals (algo que se sumerge, y luego de chocar contra el agua produce una sucesión de pequeños sonidos vibrantes y cercanos al silencio)?
De un viaje a la cuna del dios Apolo se impone el ritmo del sol sobre la superficie del agua.
Y se esparcen imágenes: follajes, corpúsculos de luz, bosques, reflejos y siempre el azul. Azul de tantos modos que marea. Un azul que subrepticiamente se fue quedando."

Del texto que escribí para esta muestra imperdible.
Inaugura el miércoles 16 de septiembre a las 19 hs.

Vasari
Esmeralda 1357
TE: 4327.0664
4328.5237
Buenos Aires

sábado 12 de septiembre de 2009

¿Qué es la autoría tecnológica?


La piratería y la propiedad intelectual

Kavita Sara Philip

Fue una respuesta cierta y pertinente la que un pirata capturado le dio a Alejandro el Grande. Pues cuando el rey le preguntó al hombre qué se proponía apoderándose del mar, él le respondió con evidente orgullo: “Lo que te propones al apoderarte de la tierra entera, pero como yo lo hago con una insignificante barca me llaman ladrón, mientras que si tú lo haces con una gran flota te llaman emperador”.
San Agustín

Tú, caballero, puedes decir: “Eh niña, ¡termina con esos pisos!
¡Sube! ¿Qué te pasa? ¡Gánate el sustento!
Me lanzas tus cuerdas
Y cuidas los barcos
Pero yo cuento cabezas
Mientras hago las camas
Pues nadie va a dormir aquí, querido

Y en la quietud de la muerte
… apilarán los cadáveres
Y diré entonces:
“!Que te sirva de lección!”
Kurt Weill y Bertold Brecht, 1928; Nina Simone, 1964.


La figura del pirata ha funcionado normalmente como la de un subalterno en términos de raza y género que invierte las relaciones hegemónicas de poder. En la anécdota de San Agustín, un pirata “bárbaro” subvierte retóricamente el poder imperial de Alejandro, mientras que Brecht evoca la amenaza revolucionaria personificada en una sirvienta, cuya identidad secreta como el Capitán Pirata del Carguero Negro le permite llevar a cabo su venganza final contra la opresión de clase y de género.
Los piratas que amenazan invertir las relaciones de poder apropiándose de cosas menos tangibles que barcos y cuerpos han llegado a ser una creciente preocupación para los administradores de la globalización económica del siglo XXI. Apropiándose, modificando y compartiendo una variedad de objetos menos tangibles pero igualmente cruciales, los ladrones de propiedad intelectual trafican hoy con imágenes, música y software. Aunque los analistas del mercado ven este fenómeno como un problema nuevo, supuestamente acelerado por la importancia sin precedentes del conocimiento como una de las fuerzas de la producción económica, los historiadores de la ciencia y del derecho relatan casos de robo de propiedad intelectual que preceden por dos siglos al actual discurso de RPI (robo de propiedad intelectual).


Adrian Johns rastrea numerosas actividades piratas durante el siglo XIX y comienzos del XX, en la cultura impresa del otro lado del Atlántico, que incluyen piratería de partituras y otras infracciones al copyright de medios impresos en Gran Bretaña y los Estados Unidos. Richard Drayton mostró cómo las redes imperiales británicas de conocimiento en botánica, cuyo centro de operaciones se encontraba en los Kew Gardens en Londres, elaboraron intrincadas conexiones entre el conocimiento científico, el comercio colonial y especímenes de plantas alrededor del mundo, constituyéndose así en una de las muchas “economías coloniales de conocimiento” de los siglos XVIII y XIX.

Estas redes ecológicas fortalecieron el poder militar y económico británico e invariablemente se apoyaron en la apropiación, por parte de la metrópoli, del conocimiento ecológico producido en los márgenes del imperio (Drayton, 2000; Philip, 1995). Aquí el estado colonial y las organizaciones científicas como los Kew Gardens y la Royal Geographic Society podrían ser acusados de piratería. El crecimiento del conocimiento científico mismo depende de difusas redes globales de participación, anteriores incluso al período colonial; por ejemplo, la ciencia europea del Renacimiento no podría haber surgido sin las múltiples apropiaciones de textos e ideas del saber medieval islámico.
Incluso la “verdadera” piratería marítima no es de ningún modo un vestigio del pasado; funciona aún hoy gracias a la fuerte confianza en la tecnología global de comunicaciones. La Agencia Marítima Internacional reportó 445 ataques de piratas a barcos durante el año 2003 y 325 en 2004, muchos de los cuales ocasionaron la muerte de tripulaciones enteras . El antiguo editor de Wired, Mark Frauenfelder, sugiere que:


La mayoría de los piratas saben con anticipación si vale la pena atacar el barco y su carga, puesto que usan equipos de última tecnología para monitorear las comunicaciones Inmarsat e incluso las transmisiones por fax donde se detalla cada ítem de la carga. Una porción considerable de las unidades de recepción de Inmarsat que se venden en Alemania o los Estados Unidos son enviadas a aquellas regiones donde prestan un invaluable servicio a los piratas de la era moderna (Fravenfelder, 2004, 2004: s/p) .
La red Inmarsat fue creada originalmente para uso marítimo y las unidades marítimas de ejecución legal admiten estar muy inquietas por su uso en manos equivocadas. Los piratas, expertos en tecnología, desarrollan procesos de inteligencia cada vez más certeros incluso contra los intentos de las unidades de ejecución legal de incrementar la seguridad por medio del mismo desarrollo tecnológico. El ejemplo más famoso de preocupación con respecto al uso de comunicaciones satelitales por parte de “villanos” es el caso de Osama bin Laden, cuyo teléfono satelital Inmarsat, comprado en Nueva York en 1996, lo conectaba con una red global de socios.


Los discursos contra la piratería se cruzan frecuentemente con los discursos sobre seguridad antiterrorista, en los que tanto piratas como terroristas constituyen amenazas a los mercados libres y a las naciones civilizadas. El sociólogo de los medios Nitin Govil sostiene que la relación entre la piratería de la propiedad intelectual y el terrorismo ha sido naturalizada por quienes determinan las políticas, por la policía internacional y la cultura popular desde el 11 de septiembre: “Por ejemplo, los detectives británicos denuncian que el 40% de las confiscaciones antipiratería en el Reino Unido lo constituyen DVD paquistaníes, y señalan que las ganancias de las versiones piratas de Love, Actually y Master and Commander van a las arcas de los operativos de Al Qaeda con base en Paquistán” (Govil, 2004: s/p).

En febrero de 2003, una historia en la portada de Forbes pintó la piratería china como un pequeño dragón engullendo la cabeza de Bill Gates, quien se muestra confundido, pero no demasiado preocupado. El tema aparece representado como problemático para los negocios occidentales, pero también como algo que será superado inevitablemente con la llegada de la plena modernidad a las naciones atrasadas. En enero de 2005, sin embargo, la piratería china fue catalogada como una amenaza permanente a la seguridad nacional de los Estados Unidos en un artículo de la revista New York Times.

Sigue acá.

jueves 10 de septiembre de 2009

Eels: In My Dream


Es la canción. Pero sobre todo es el video. Es la luz, los tiempos. Es la atmósfera vintage, de fotos viejas. De fotos viejas de un tiempo.
Es emoción pura.


Adoro a Mark Everett.
Top Five, siempre.

martes 8 de septiembre de 2009

Drogas fantásticas


Napoleón: Me gustó la expresión tráfico de imaginarios. Me remite a dos usos habituales (o más exactamente dos aplicaciones) de la palabra tráfico: al movimiento y cauce de los vehículos en una ciudad (cuando decimos “cuánto tráfico tiene esta calle”) y por otra parte a la circulación de mercancías, a los circuitos (especialmente los ilegales, por ejemplo “tráfico de drogas”). Ambos modos se entremezclan en mi cabeza con respecto a los imaginarios y Second Life.

Dolcemare: Finalmente es lo que me retuvo en el uso de este software. Lo venimos hablando desde hace tiempo: ni siquiera los videojuegos disparan las fantasías de los usuarios tanto como los metaversos. Cuando diseñamos una ciudad virtual o un avatar estamos modelando deseos, justo en el punto donde éstos se homologan a las fantasías.


L.: Es que todos fantaseamos de algún modo. Es más, creo que nos definimos en nuestras formas de fantasear.

D.: Y la fantasía siempre es fantasía aplicada. Jamás podría ser abstracta, ni siquiera amorfa: se determina en formas, volúmenes, objetos bien precisos, por más virtuales que resulten. Esto es: significantes, significantes, significantes. Las historias que nos cautivan no son más que variaciones de entramados entre deseos satisfechos o insatisfechos y fantasías materializadas o inalcanzables.

L.: La virtualidad y la fantasía, una y otra vez, resultan cara y ceca de la misma moneda. Second Life transforma la fantasía (mediante la virtualidad) en información, en valor de intercambio. Nisei Oh diseña lencería erótica virtual: ¿acaso su mercado no es doblemente virtual y multiplicador de fantasías? ¿Acaso su motor no es un deseo doblemente virtual?


D.: ¿El deseo es virtual? Creo que nunca lo es. Por el contrario, los que atacan las fantasías insistentemente virtuales lo hacen en tanto denuncian un deseo que creen postergado, demorado, reprimido. Sin dudas, y prosiguiendo con lo que decías recién, observo que existen dos tipos de usuarios de Second Life: aquellos que utilizan al metaverso como etapa conclusiva (la virtualidad como un capítulo cerrado) y aquellos (la inmensa mayoría) que se asustan o molestan con esta posibilidad.

L.: Son los que definen a Second Life como un chat 3D.

D.: Sin embargo les encanta verse de otra manera, en otros contextos. Caso contrario utilizarían MSM o Skype.


L.: Volvamos al tráfico de imaginarios. Sin dudas el contacto funciona cuando cada uno de los avatares logra sumergir al otro en su fantasía.

D.: La fantasía es una droga fantástica. El tráfico de imaginarios en Second Life debería avanzar cada vez más en este sentido.

domingo 6 de septiembre de 2009

Divinos epifenómenos: 'Patafísica del Siglo XXI

'Patafísica Dossier cero (primer disparo).

"Nada hay más patafísico que la actualidad" Dijo en la entrevista el escritor y curador. Nababo del Longevo Instituto de Altos Estudios Patafisicos de Buenos Aires.

Por Marcelo Pisarro
Para Ñ


Heredero de patafísicos pioneros, como Eva García, Juan Esteban Fassio, Albano Rodríguez y Jesús Borrego Gil, el escritor y curador Rafael Cippolini es Nababo del Longevo Instituto de Altos Estudios Patafísicos de Buenos Aires. Editó y anotó la antología Patafísica. Epítomes, recetas, instrumentos y lecciones de aparato (Caja Negra, 2009), y organiza las Jornadas Patafísicas Universales que se celebrarán en Buenos Aires entre el 10 y el 24 de setiembre (con charlas de Thieri Foulc y Carlos Grassa Toro, entre otros). "Las jornadas universales –se anuncia– son otro capítulo de una extensa e imparable aventura".

-¿Se puede hablar de una patafísica viva, actual, más allá de retrospectivas o remedos de vanguardia de otro siglo?
-La pregunta es una preciosa trampa: ¿puede existir algo más actual que el Colegio de 'Patafísica cuando no conocemos nada más patafísico que la actualidad? Fassio nos enseñó que "leer los diarios es un deber patafísico". Leo en el sitio de la BBC: 1) El Parque de Thorpe, del condado de Surrey (Inglaterra), prohibió levantar los brazos a los usuarios de la montaña rusa por temor a los olores; 2) En un viaje de la compañía Egypt Air procedente de Abu Dabi los viajantes descubrieron que uno de los pasajeros era un cocodrilo bebé; 3) En Suecia cinco mujeres violan a un desprevenido ciclista de 50 años en medio de la ruta. Las vanguardias sólo tienen un interés histórico porque hace mucho que el mundo las digirió por completo.

-¿Coincide en que, en general, para hablar de patafísica se emplea un "lenguaje patafísico"? Y por ende, como si de una broma se tratara, si no se pesca el lenguaje, no se pesca su gracia.

-Amamos el lenguaje con el que nos comunicamos tanto como médicos, futbolistas, astrónomos, mecánicos dentales, criptozoólogos, genetistas, golfistas y periodistas culturales aman sus terminologías y estilos. Por otra parte, las escasas bromas que conozco de golfistas y mecánicos dentales no me resultan demasiado divertidas. Bueno, puede que a veces sí. Pero sin duda sigo prefiriendo a la 'Patafísica. Al fin de cuentas, Jean-Hughes Sainmont nos enseñó que ésta nada tiene que ver ni con el humor ni con las iniciaciones.


-Richard Rorty, hablando sobre Jacques Derrida, observó que el problema no son sus juegos de palabras (que son divertidos) o sus palabras mágicas (que son potentes), sino "que el tono de urgencia que las rodea está fuera de lugar". La patafísica no parece rodeada de este tono de urgencia. ¿Esto la diferencia de movimientos análogos, como el surrealismo?

-En varias oportunidades Tomás Maldonado se refirió a Derrida como a un escritor cómico. No sé si estoy de acuerdo en esto, pero sí en la imputación de la falta de urgencia. Sin ir más lejos, a quienes lucen una jerarquía patafísica tan alta como los Proveedores se les denomina serenísimos. El Trascendente Sátrapa Jean Baudrillard lo sabía cuando declaró que "la 'Patafísica es la más alta tentación del espíritu". Pero no entiendo la analogía con el surrealismo. Los surrealistas buscaban transformar el mundo. Un patafísico jamás se ocuparía de algo así. Por otra parte, es fácil describir al surrealismo como una estética. Inútil decir lo mismo de la 'Patafísica. De hecho está más acá y más allá. Y en cualquier otro sitio.

-Casi todos los movimientos de vanguardia del siglo XX podrían adscribirse a algún tipo de programa político más o menos institucionalizado. ¿Cuál sería –de haberlo– el de la patafísica?

-El Colegio de 'Patafísica jamás fue un movimiento de vanguardia y mucho menos se propuso conquistar el mundo. Ni ningún otro planeta. Simplemente porque el mundo y todos los planetas que conocemos (y los que no) son patafísicos por definición. Es más, la misma noción de política es subsidiaria de la de 'Patafísica. ¿O acaso los políticos no proponen sólo soluciones imaginarias?


-Usted escribió: "La 'Patafísica ya existía en la era de las cavernas". ¿Por qué?

-No conozco ningún argumento serio que pruebe lo contrario. Digamos que conocemos dos posiciones. Una insiste en que un epifenómeno sólo existe cuando alguien lo descubre. Otra propone que existe siempre y de todas maneras aunque no nos demos por enterados. Los patafísicos adscribimos a esta segunda opción. Jarry se limitó a manifestar aquello que era por demás evidente: la 'Patafísica estuvo ahí cuando el hombre se rascó por primera vez la cabeza. Lástima que no nos acordemos. ¿O sí?

-André Breton observó que el acto surrealista definitivo era bajar a la calle, revólver en mano, y disparar al azar a la multitud. ¿Cuál sería el acto patafísico definitivo?

-En lo único en que se parecen la 'Patafísica y el surrealismo es en que nada tienen que ver entre sí, aunque algunos patafísicos históricos hayan pasado por el surrealismo. Es cierto que Breton tomó prestada de Jarry la idea de contemporanizar mediante un revólver (es por demás célebre la alianza de Jarry con su revólver), pero eso tampoco lo vuelve patafísico ni mucho menos. No se trata de ser tan drásticos. A modo personal prefiero (infinitamente) la última voluntad del autor de Ubú rey: pedir un escarbadientes en el lecho de muerte. La civilidad resulta invariablemente más cariñosa y reposada.

viernes 4 de septiembre de 2009

Nietzsche se consigue un “modem” (El cuerpo hiperenlazado)

Arthur Kroker y Michael Weinstein.


¿Por qué sentir nostalgia? El antiguo modelo de cuerpo estaba bien, pero el cuerpo cableado con su micro-carne, sus puertos de canales multi-media, sus dedos cibernéticos, y su espumoso neuro-cerebro sutilmente conectado al “sistema operativo estándar” de Internet es infinitamente mejor. Realmente no es el cuerpo cableado de la ciencia ficción con su aire de diseñador mutante, ni tampoco la carne del cuerpo con sus fantasmales recuerdos de la filosofía del siglo diecinueve, sino el cuerpo hiperenlazado como ambos: un sistema nervioso de cables incrustado en carne viva.

¿Un cuerpo hiperenlazado en carne viva? Ese es nuestro futuro telemático, y no es necesariamente tan inhóspito. La tecnología siempre ha sido nuestro ambiente protector: no una naturaleza de segundo orden sino una naturaleza primaria para el cuerpo del siglo veintiuno. Al final, la clase virtual es anticuada. Se ajusta a una antigua forma histórica de capitalismo y en su nombre pretende cerrar las posibilidades creativas de internet.


La carne viva se rebela contra la clase virtual, no quiere estar unida a través de modems y cajas negras de sofware externo, pero en realidad quiere estar en Internet. La clase virtual quiere apropiarse de las tecnologías que están surgiendo para tener el poder político sobre el ciberespacio, quiere arrastrar a la tecnotopía, de nuevo, a la primitiva edad de la política del capitalismo depredador. Pero la carne viva desea algo muy diferente. A diferencia del rechazo (típicamente europeo) de tecnotopía en favor de un movimiento nostálgico recientemente surgido bajo el lema de “vuelta al vinilo” en música, o”vuelta al lápiz” en literatura, nuestra carne cableada quiere instalarse decididamente en la era de la tecnotopía. Operando a través de la estrategia estética de la completa identificación con el objeto temido y deseado, el cuerpo hiperenlazado insiste en que la nuestra es todavía la era del post-capitalismo e incluso de la post-tecnología. Tomando la intención de virtualidad con seriedad, demanda sus derechos telemáticos a ser un cuerpo enlazado y en funcionamiento: ser un pensador multimedia, recomponer los puertos de entrada de datos en su cibercarne mientras navega por Internet, para crear visiones estéticas que equivalgan a las virtualidades puras encontradas en cualquier lugar de la superautopista digital actual, y para convertirse en los datos que muestran ese punto de implosión en el que finalmente el cuerpo se libera del mito de la cultura cableada que lo sometía, para convertirse en inalámbrico.


¿El cuerpo inalámbrico? Es el cuerpo vacío que flota a la deriva en los escombros de tecnotopía: carne encriptada en un mar de datos. El sucesor perfecto en evolución de la carne del siglo veinte, el cuerpo sin cables fusiona la velocidad del cambio virtualizando su estructura celular. Sus información genética es directamente transferida para convertise en carne conectada, para una mejor navegación a través de las multitudes traidoras de la galaxia electrónica. No un cuerpo sin memoria o sentimientos sino todo lo contrario. El cuerpo sin cables es el terreno de batalla de los principales conflictos éticos y políticos de finales del siglo veinte y principios del veintiuno.

Tal vez el cuerpo sin cables tan sólo sea un depósito de datos en blanco, un disco duro en que todos los residuos brillantes de tecnotopía se mezclan en nuevas formas de combinación. En este caso el cuerpo sin cables sería un chip indefinidamente reprogramable: carne microsoft cuyo “standard operating system” de la nueva era electrónica, proveniente de alguna serie de TV, se da la vuelta en el cuerpo orgánico y es conectado a un carne residual.

Pero el cuerpo sin cables podría ser, y ya es, algo muy diferente. No el cuerpo como una red orgánica para mostrar con pasividad todos los bytes a la deriva de la cultura, sino el cuerpo sin cables como un lugar teórico y político altamente cargado: un campo en movimiento de concurso estético para reprogramar el imperio galáctico de tecnotopía. La cibercarne puede hablar con tanta confianza sobre la posibilidad de la democracia multimedia, del sexo sin ocultación y de las ciberrelaciones integradas porque ya ha llegado a la otra parte de technotopía: al punto de brillante disolución donde la red cobra vida y comienza a hablar en el idioma de los cuerpos sin cables en un mundo sin cables.


Ya hay muchos cuerpos sin cables en Internet: muchos viajeros de datos en la autopista virtual se las han apañado para, pese al peso del capitalismo depredador de la clase virtual e incluso los prejuicios humanistas más pesados contra la carne libre, hacer de internet un lugar agradable para la fusión de las olas de partículas de todos los datos históricos en un nuevo tipo de cuerpo: cuerpos hiperenlazados que circulan saludando en la red, en el espacio electrónico.

Al rechazar ser carne vendida por la clase virtual, el cuerpo hiperenlazado desvía la virtualidad hacia sus propósitos. Aquí la voluntad de virtualidad deja de ser unidimensional para convertirse en un proceso doble, horrible aunque creativo, espacial aunque memorial, en un juego violento como el cuerpo hiperenlazado. Siempre esquizoide aunque completamente integrado, el cuerpo hiperenlazado engulle su modem, corta sus conexiones de cables con la autopista de la información y se convierte en su propio sistema operativo software, combinando y silenciando la tormenta de datos circundantes en nuevas virtualidades. ¿Y porqué no? La carne humana no existiría más sino como un corte en el mundo sin cables. Rechaza entonces la nostalgia del pasado superado de la carne permanente e hiperconduce tu camino hacia el cuerpo del (world wide) web: el cuerpo que verdaderamente baila sobre sus propios órganos de datos, ve con pantallas gráficas de multi-media, hace nuevos buenos tele-amigos en el MOO, escribe poesía electrónica en los límites difusos del video, sonido y texto integrados, e insiste en atravesar el tedioso mundo de las divisiones binarias para avanzar hacia nuevas cibermatemáticas.


De ese modo, el cuerpo hiperenlazado es el pionero de un nuevo mundo de políticas multimedia, economías fractalizadas, personalidades fabricadas y relaciones interconectadas (cibernéticamente). Después de todo, ¿por qué la clase virtual habría de monopolizar la realidad digital? Sólo pretende suprimir las posibilidades creativas de la virtualización, favoreciendo en cambio las tendencias de tecnotopía hacia nuevas y más viciosas formas de ciber-autoritarismo. La clase virtual sólo quiere subordinar la realidad digital a los designios del capitalismo. El cuerpo hiperenlazado responde al desafío de la virtualización haciéndose a sí mismo un doble monstruoso: virtualidad pura / carne pura. Consecuentemente, nuestro futuro telemático será o el cuerpo inalámbrico instalado en la red como un chip de secuencias microprogramado por la clase virtual para sus objetivos de máxima productividad, o el cuerpo sin cables como exploración en los límites de la subjetividad crítica en el siglo veintiuno. Si la clase virtual es la sucesora post-histórica de la antigua burguesía del primitivo capitalismo, entonces el cuerpo hiperenlazado es el equivalente en internet de la comuna parisina: anarquista, utópica y en continua revuelta contra la supresión de las posibilidades tele-humanas generales de la red en favor de intereses específicos (monetarios) de la clase virtual. La clase virtual es el interés particular que debe ser superado por el cuerpo hiperenlazado si se quiere que la red respete una ética dulce.

¿Ética dulce? Nietzsche tiene ahora un módem y está reescribiendo las últimas páginas de “La voluntad de Poder” como “La Voluntad de lo Virtual”. Como santo patrón del cuerpo hiperenlazado, Nietzsche es un dato sin sentido para la superficie lisa y uniforme de la clase virtual.

Leído acá.

miércoles 2 de septiembre de 2009

Atentado en Mundo Dios


El atentado en concepto, Mitologías del arte contemporáneo, seminario intensivo a cargo de Rafael Cippolini en Mundo Dios 5 y 6 de septiembre.


de 9 hs a 13 hs y de 15 a 19 hs / informes e inscripción: mundodios@gmail.com
12 de octubre 3002 / 0223 489 0628 / Mar del Plata / Argentina