martes 31 de marzo de 2009

Diez mil Mesetas


Napoleón: Se trata de sustituir una información perceptiva por otra. Lo que estás viendo, el avatar y su contexto, sólo existe en la interacción digital. Vengo pensando que no es más que otra concepción cultural de la máscara: si se la concibe como una distorsión, como una ocultación o una amplificación.

Dolcemare: Sigo insistiendo que los metaversos tienen mucho de alegoría, en este caso horizontal. Tu espacio digital depende del mundo físico, del cual no es sino una traducción. La máscara a la que te referís es el valor de cambio de ese traslado.


N.: El avatar nunca es neutro. Nos afecta en mayor o menor medida. Podemos aceptarlo o distraernos, pero eso sucede. Si la traducción es un tráfico, lo es en ambos sentidos. Ponemos en escena un avatar, que en un momento afecta nuestro comportamiento físico.

D.: ¿en este punto es que planteás la tríada: distorsión, ocultación o amplificación?

N.: Esos tres términos no son para nada exclusivos. No excluyen otros. Es una propuesta para empezar a observar el tema. En todos los casos, nos referimos a quienes mantienen blindada su identidad “física”.


D.: Muchos acusan ese comportamiento como “juego de salón”. Otros, yendo más lejos, como carencia en tanto evasión. Olvidarse por un buen rato de lo que resulta difícil de asumir por fuera del metaverso.

N.: No es privativo del metaverso. Cualquier blogger que proteja su identidad opera del mismo modo. Pero no quiero detenerme tanto en este plano. Prefiero volver a Deleuze, a tantos planos de inmanencia y su interrelación. Es una forma de volver a tu indicación alegórica.

D.: Esas mesetas interminables tejidas en un continuo de virtualidades y materialidades.


N.: A eso quería llegar. Son siempre lo mismo, materia. Lo virtual es materia adelgazada. Grosores de materia. Cuanto más angosta se vuelve la materia, más manipulaciones nos permite. Últimamente cero que eso que llamamos digital es pura materia adelgazada. Devenir siempre es alterar los bancos de identidad.

domingo 29 de marzo de 2009

Cómo transformarse en un curador-mamushka


La mecánica de realizar curadurías puede ser de lo más alienante.
Un aburrimiento total. ¿O acaso el mundo curatorial no está lleno de burócratas?
Es un punto álgido. Max Cachimba, curador de la exhibición que hoy nos convoca, titulada Dinámicas Lunares y que acaba de inaugurar en el Parque de España de Rosario lo sabe bien. Hace unos días me decía: “Con esto de planear una muestra me paso los días ocupado con pequeños trámites”.
Es el “momento institucional” de cualquier exposición.
[Cliquear sobre las imágenes para agrandar]


Conociendo el síntoma, busco los atajos. Siempre. Aunque en su paradoja suelan ser atajos que llevan más tiempo. No importa. ¿No nos olvidamos demasiado rápido que una curaduría es proponer formas? ¿Formas de formas?
Gargantúa y Pantagruel: si 2007 fue el año de Un mundo de tentaciones, una propuesta (para los museos Castagnino/Macro) con muchas, pero muchas obras, ahora llegó el momento de una selección en escala liliputense.
Mi primera curaduría de bolsillo (a su vez, una curaduría dentro de una curaduría).
Tantas gracias a Michele Siquot y su encantador proyecto BOA.

jueves 26 de marzo de 2009

Georges Bataille en televisión




Durante años Bataille sólo fue (además de los textos, claro) una fotografía en blanco y negro, nunca del todo nítida, perdida en alguna solapa o revista. Es una rara sensación descubrir sus mínimos gestos, su tono, su timbre y claro: su áspera elegancia.


Otra versión de lo mismo, pero subtitulada en inglés.

martes 24 de marzo de 2009

Libertella revisitado

Empezamos con esto en otoño de 1995, hace exactamente catorce años. Por entonces yo tenía aún 27 y Héctor Libertella 49 años. Fue él quien me propuso sentarnos a escribir a dos manos (nunca entendí por qué muchas veces se dice “a cuatro manos” ¿es que existen tantos ejercicios ambidiestros?). El método era raro, porque si bien comenzamos con diálogos improvisados, estos diálogos eran escritos. Héctor escribía un párrafo, me lo pasaba, yo escribía el mío, se lo pasaba. Y todo esto en tiempo real, sentados uno frente a otro. Aunque después abdicamos del estilo dialogado, insistimos con el método. También grabamos charlas con la premisa de reescribirlas tanto (cambiando nuestras interlocuciones) al punto de volverlas irreconocibles. Escribimos tres libros así: “La Diversión” (un fragmento fue publicado en la revista Tokonoma, en 1999), “Arte y literatura” y “Juan Moreira entre elefantes”, que en verdad, aún siendo otra cosa, es el germen de la que sería su obra final: la tan emocionante y póstuma “Arquitectura del Fantasma”.


El Bajo de la Ciudad de Buenos Aires. Cielo plomizo. Las calles se abren y cierran al ritmo de la caminata lenta: Paraguay, Reconquista, San Martín, la cortada Tres Sargentos. Casi no circulan autos y se adivina en el aire húmedo la omnipresencia del río.


Cippolini: Bueno, hoy es el séptimo día, el de descanso, nuestro shabat. Un día igual a hoy alucinaste un canto gregoriano que salía de una iglesia, mientras caminabas por estas calles del bajo, ¿no?.

Libertella: No me acuerdo, no.

C.: Cerca de la librería Galatea.

L.: ¡Galatea, sí, claro! Pero en realidad todos los días parecían sabáticos. Era el tiempo lentísimo de la calle Viamonte en los años sesenta. Era un corte brusco, un vértigo. Vos salías de Florida, doblabas por Viamonte y aparecías en la Edad Media, automáticamente y sin mediaciones. Ibas hacia ese enorme monasterio, hacia la iglesia frente a donde ahora está el rectorado de la UBA. No pasaban autos, no sé por qué, porque calle había y empedrada, creo, en ese tiempo, te estoy hablando de principio o mediados de los sesenta. ¿Cómo se produce eso? ¿Cómo uno puede doblar una esquina y meterse en la Edad Media? En Europa me ocurrió, pero ahí todo es viejo y está decorado para sostener esa forma. Conviven el barrio moderno, en Barcelona, con el gótico y el Coliseo con los monoblocs en la periferia de Roma. ¿Pero cómo yo en la esquina de Viamonte y Florida, donde se mezclaban bares, boliches como el Jockey, la editorial Sur, la esquina de Nueva Visión con sus lámparas hipermodernosas, cómo yo ahí experimentaba un clima Edad Media? ¿Por qué el tiempo cambiaba hasta mi manera de caminar? Mis pasos me convertían en un jubilado de la Edad Media. Me llevaban a librería Galatea, y me pasaba horas mirando esos volúmenes en francés. Iba un poco más allá y estaba la universidad con su viejo edificio. Enfrente el convento éste y no pasaban autos. ¿Qué es esta burbuja de tiempo que se produce en ese lugar y en ese momento? No entiendo. Ahí el tiempo me hace un rulo en la cabeza.

C.: El tiempo hizo su propia antología y en esta antología había otra lentitud.

L.: Una antología que, en los sesenta, me eligió a mí como personaje. ¿Estoy diciendo que la Edad Media me eligió como protagonista circunstancial?

C.: Pensar que Juan Terán escribió: “América es Europa sin Edad Media”.

L.: Hay mucha Edad Media cuando me meto por Viamonte y experimento, en plena Buenos Aires de los rumorosos sesenta (con el Di Tella, con las minifaldas y los hippies) ser un caballero andante con mis pasos pesados. Sin duda es otra velocidad que te produce el andar del cuerpo adentro de una armadura. Tendría que haber escrito mis libros de aquella época no al calor de Florida, sino al de Viamonte. Hubieran salido mucho más morosos y maduros. (Brisas y brisas.)

C.: Pero vos tenés también tu momento medieval con esas tremendas catedrales en medio de la pampa, en Aventuras de los Miticistas.

L.: El castillo de los Luro, en La Pampa, es cierto. Pero quizás es porque lo medieval nos da la idea de una prosa que merece ser lenta, sin autos ni aviones. Y en esa época estaba con una prosa un poco acelerada, ritmo años sesenta, los sixties, los Rolling, gritos y gruñidos. Y el monje medieval.


C.: Que se disfrazaba de Mick Jagger. (Silencio.) El monje de Lewis a punto de hincarle el colmillo al muchacho de Londres. Vos recordaste, también, en el prólogo a El nuevo relato argentino, algo muy interesante que cité después en mi charla sobre el gótico: “La edad de Drácula es la edad de la Tradición. Los dos tienen quinientos años”.

L.: Quinientos años, sí. Ahí coinciden el primer Cronista de Indias y la edad de Drácula.

C.: Entonces, el primer cronista de Indias pudo haber sido Drácula que quiso hacer un viaje de polizonte en La Niña o La Pinta. Le da la edad, que es la edad de la Conquista.

L.: Claro que sí, porque chupó la sangre directamente. Los españoles no sabían si los indios tenían alma, pero sí sabían que tenían sangre. Y Drácula, detrás de ellos, como yo, monje detrás de Mick Jagger.

C.: Todo sigue igual. Vos me hablabas hace un tiempo de la literatura como estimulante y del último reducto del lector en una imagen: un hombre - o una mujer - clavándose en las venas una lapicera Parker.

L.: El icono último de un lector años noventa. Una imagen que no deja de ser un poco medieval y un poco alquímica. No sé, se me ocurre ahora. Es el pinchazo, la letra heroína. Volvemos a Drácula y la sangre de los indios. Vení, te invito a un cafecito. (Algo ocurre dentro del bar con el grabador que Cippolini lleva colgado al cuello. Con los cables, las pilas. Como del fondo de una taza de café emerge la voz entrecortada de Cippolini, completando algo que se perdió para siempre.)

C.: …y en cambio me refería al escritor abandonado a su propio holograma. Al comodín massmediático que toma la forma de Isabel Allende, por ejemplo. Los medios parecen mediatizar cada día más, como reyes midas electrónicos que convierten en producto mediático aquello que tocan. ¿Lady Di? Pero ¿qué es un producto mediático y qué es un efecto de literaturización descentrada?. Sabato es nuestro escritor mediático por excelencia y en estos días el libro se ubica en lugares antes inverosímiles, sacudiéndose la literatura de a poco.


L.: No tengo ni idea de cómo funciona la literatura fuera de la literatura. De hecho es así, se expande, se transforma; pero me pierdo y no le puedo seguir el rastro; el fantasma de la forma del libro que está por todas partes me confunde. Es una zona muy rara. Me llama la atención lo que decís y me deja pensando.

C.: Es que es así: la literatura termina por producir fuera de ella misma. El caso típico es Puig, que hasta parece haberlo previsto (en el music - hall, el cine, el video, el teatro contemporáneo). O Walsh: multiplicado en muchísimos ensayos políticos.

L.: Sin embargo existe un último fondo, impenetrable, un círculo de tiza caucasiano, una última embestida libidinal donde Drácula sigue hincando el colmillo, como hace quinientos años y más y más. Antes, incluso, del Gilgamesh. Es la larga historia de amor de los patógrafos, de los enfermos de la letra, que nunca va a terminar. La historia de los poseídos. Un discurso y un diálogo en contínuo, como el nuestro. (Uno de los mozos del bar los espía a unos metros de distancia.)

C.: Un discurrir peripatético. Nos cansamos de hablar sentados y hoy decidimos caminar.

L.: ¡Qué increíble! Acordate que discurso en su etimología más antigua quiere decir caminata, paso. Discurrir es pasar, una actividad pasatista.

C.: Cada minuto somos más patéticos que peripatéticos, en realidad.

L.: (Haciéndose el que no escuchó.) …y dis - curso sería lo que va traspasando, lo que va pasando. Si se perdió aquella primera acepción, por uso, costumbre o desgaste, tendríamos que volver a ella: exigirnos caminar, correr por los pasadizos del Bajo.

C.: Por el bajido.

L.: ¡Ah, sí! ¡Por la etapa sublime del vagido! ¿Qué dirimís vos en los sonidos de un vagido? Cuando un bebé llora, ¿qué entienden los padres?. ¿Le duele algo o está pidiendo comida? ¿Cómo discernís dentro del vagido el tipo de interlocución que uno establece con los demás? Yo me pasé la vida escribiendo como si llorara o al revés, y mis padres no entendieron nada.


C.: Debo confesar que ignoro la semiótica del vagido.

L.: ¿Cómo discernir qué audiencias inventa un vagido? Porque un vagido inventa, dispone, clasifica audiencias.

C.: Me emociona, ¡es el nacimiento de la lingüística!.

L.: Y también es el momento del dios Pan con su flauta. ¿A qué da nacimiento Pan con su flauta? ¿Qué es eso? ¿Da nacimiento a la literatura o a la música? Creo que él inventa el pánico de un momento silencioso. Sea en literatura, música o pintura. Un momento de suspenso, un molde hueco a la espera de esos efectos de sentido que nosotros, como estúpidos, reclamamos para vivir en sociedad. ¿La literatura en el fondo no es una especie de vagido si la comparamos con el discurrir comunicativo de los medios?

C.: Es un mecanismo perverso para atraer a las moscas. Como la obstetricia. Pero entiendo el movimiento de tu lógica: después del nacimiento viene el vagido. Inmediatamente, el crecimiento, el puré que le damos al bebé. Un bebé rodeado de moscas sobre el puré. (Con un gesto de fastidio aplasta insectos que medran alrededor de su pocillo de café.)

L.: Me estaba acordando de algo que escribió Germán García, no sé si para Literal, no me acuerdo. “De boca abierta salen moscas”.

C.: Las moscas a partir de ahora tienen que estar siempre en nuestras conversaciones. Conversaremos en barrios y bares llenos de moscas. Ya sabés: mi ex - libris es una mosca.

L.: Decime, Rafael, ¿se puede saber qué estás escribiendo en esa servilleta?.


C.: Nada concreto. Es casi un listado de todo lo que hablamos en estas charlas. Fijate: Extravagancia / Lentitud / Pintura y literatura / Lunáticos / Decoración y soporte / La rima y sus remeros / Los objetos del teatro / La transbiografía / Hegel / La santidad del jugador/ El modisto Armani / Coleccionistas / La gota de Hahnemann / El crióleo / El papel billete / Imbéciles, neonatos, dementes seniles / El tokonoma / El vagido. ¿Cómo te suena?

L.: Es todo un Tratado de la Nada, ¿no?. La nada que anonada (Pide el cuarto café.) ¡Pero eso es todo un Indice! ¿Por qué no lo ponemos en la tapa? El libro como si fuera un guante dado vuelta, un guante del revés. Parte de lo de adentro que se ve afuera.

domingo 22 de marzo de 2009

Los 50 mejores blogs argentinos según la revista TDI


Aunque todavía no leí la nota, me entero navegando que la revista TDI de marzo publica un listado de los 50 mejores blogs argentinos. Entre ellos Amphibia, Cosas que te pasan cuando estás vivo (de Liniers) y Wimbledon. Cippodromo también es de la partida.
La lista completa acá.
Ampliaremos.

viernes 20 de marzo de 2009

Literatura de combate

El martes comenzó un ciclo que reúne a protagonistas del arte, la literatura y el mundo de las ideas, para que expongan su propio y aggionardo manifiesto en plena noche porteña. Un espacio de experimentación para un género político en épocas de nihilismo.
Por: Guido Carelli Lynch

Sobre el Ciclo Manifiesto.
Publicado en el sitio de Ñ.
Sigue acá.


¡Un grito! El de Leonor Silvestri o el de una, dos, tres y hasta cuatro generaciones enfrascadas en la abulia global, hija del escepticismo militante y post-traumático de los años de plomo, de la sangre derramada o de esa anomia (anemia actual) insoportable que trae consigo el fondo y el gusto repulsivo de la resaca posmo, o peor, ya ni eso.

Los manifiestos políticos terminaron mucho antes que El fin de la Historia de Fukuyama. Difícilmente regresen. La nostalgia, el rechazo, el cansancio de la queja y también, por qué no, una cerveza, sirvan de excusa para acercarse a escuchar a artistas y personajes de la cultura, dispuestos a decir lo que pocas o ninguna publicación cultural está dispuesta a publicar. Como el último martes, el día de la inauguración del Ciclo Manifiesto, donde el crítico cultural –sólo para resumir- Rafael Cippolini, la poeta Leonor Silvestri y el escritor y autor del blog Trabajos Prácticos, Esteban Schmidt, dejaron sentados manifiestos íntimos de quiénes son y también de los otros.

Los organizadores del ciclo también se afirman, también saben lo que quieren y adónde apuntan. "Queremos que haya, sí, discusiones estéticas, ideológicas, políticas. Que los actores de la cultura se animen a disentir y producir a contracorriente. Es la única manera de enfrentarse con la cultura fast food imperante", sentencia uno de ellos, Diego Erlan, coordinador de la sección de Literatura y Libros de Ñ, desde donde a veces reniega de esas "entrevistas" a artistas e intelectuales que a veces no tienen mucho qué decir o que quieren simplemente quedar bien con sus amigos.


Junto a Hernán Vanoli, joven veterano de proyectos que no siguen otra lógica que la de su criteriosa voluntad, como la Editorial Tamarisco, quedaron impregnados una tarde cualquiera y en una librería con el tono de Manifiestos argentinos , "con esa poética de la transformación" extraviada, que el autor de ese libraco enorme y fundamental plasma.

Justamente Cippolini, el hombre en cuestión, y acaso el argentino que más conozca sobre el interminable abanico de manifiestos que entregaron las vanguardias político-estéticas del siglo XX, fue de la partida y uno de los más entusiasmados, en el lanzamiento del ciclo. "La era de los manifiestos indudablemente acabó hace rato, pero la figura queda como una suerte de arquetipo demodé al que echamos mano. Hablar de manifiesto hoy es hablar de algo vintage, tiene ese sabor", explica este inclasificable integrante del Colegio de Patafísica antes de dar paso a su ranking arbitrario pero justificado de 9 manifiestos de todos los tiempos que luego compartirá con el público. "El manifiesto siempre es una suerte de biografía invertida. Mientras que las biografías siempre se escriben hacia el pasado, el manifiesto tiene la pretensión de escribirla hacia el futuro. Lo que pasa es que si bien el futuro siempre fue incierto, antes había más confianza en él. Ahora es el No future, como decían los punks, en el 77", agrega y sentencia Cippolini, que festeja e incluye en esa lista al la declaración de los fundadores de la mítica revista Literal o al Manifiesto de la Organización para el Exterminio del Hombre (SCUM), de Valerie Solanas, la feminista que casi liquida a Warhol.

Pero la mayoría de los manifiestos, incluso de aquellos que recita Cippolini son viejos o de viejos y el tiempo es ahora, un regalo, no por nada, un presente. Y Erlan y Vanoli están cansados, "hartos del nihilismo" –repiten- y de las declaraciones amistosas que no piensan en el principio sino en el final, de los que piensan en publicar antes que en recibir, de los profetas del "-me-viene-bien. De no-sé-muy-bien-por-qué-hago-las-cosas-y-prefiero-no-jugarme-demasiado-con-mis-ideas-a-ver-si-ofendo-a-alguien", de todo eso.


Esteban Schmidt, el autor de Palermo Manifesto no es tan optimista. Pareciera estar más de acuerdo con Fukuyama, adiós historia, adiós ideología, aunque lo diga bonito y con cara de enojado. "No hay grandes embanderamientos en grandes causas porque el mundo está unificado bajo una forma de razonar las cosas, la de la renta. "La gente habla de política sólo porque quiere saber cuánto va a valer el dólar, para ver adónde se puede ir de vacaciones. No hay nada más", dice escéptico él, que la conoce de adentro, que contó votos, hizo fraude, "hizo todo", que cuando tenía 16 años era una especie de Lorenzo Miguel adolescente, "una tragedia", se avergüenza.

Pero el optimismo regresa paradójicamente cuando le toca leer y recorrer los vicios de "El adulto municipal", literatura, política, literatura combativa. Leonor Silvestri antes de ser la primera pidió disculpas por su texto –manifiesto- aguerrido. Los tres manifestantes y el DJ Villa Diamante entretienen entre cervezas, en un bar sólo casualmente en San Patricio. Pero también perturban y dialogan con la Historia, con la que no terminó, con el futuro. Como Vanoli, que dice, ya había soñado con esos manifiestos.

Aunque digan lo contrario, Dios ya murió y la historia sigue su curso, pero el arte todavía resiste, al menos para Erlan y Vanoli, y para muchos otros también, como los que ahora se acercaron a Ultra. " Creo que si el arte y el pensamiento se olvidan de revolucionar están muertos. Y por eso no quiero creer ni que el rock ni que la literatura están muertos", arenga el primero.

Los hacedores del ciclo conocen a la perfección el peso de la acción, la importancia y la vigencia del discurso, por eso volvieron con una idea que parece vieja, pero es novísima. "Existe una fascinación por esa literatura de combate que es el manifiesto justamente porque es una expresión romántica, una expresión que te empuja hacia algún lado, que te interpela, es poesía política y también un grito desesperado", insiste Erlan siempre en presente. Vanoli es menos lírico, y luego de su sociológica explicación de cómo estos textos fundantes chocan con los relatos de las estéticas del yo, como un falso fin de los grandes relatos, dispara: "Tiene algo kamikaze que me atrae". Lo mismo dirán muchos de semejante propuesta, en tiempos de nihilismo, en tiempos de aparente nada.

El top 9 de Cippolini


Publicado acá.
Forma parte de esta nota.

El autor de Manifiestos argentinos, tal vez quien más sepa sobre este tipo de manifestaciones en Argentina, eligió sus 9 manifiestos preferidos de toda la historia. Claro que no todos pertenecen al mundo del arte. Aquí están, estos son, los elegidos de Rafael Cippolini.


1) Delia Cancela y Pablo Mesejean
Manifiesto, 1966

2) Richard Brautigan
Listening to R. B. (1968)

3) Eva García
Mensaje Patafísico (2002)

4) Osvaldo Lamborghini, Germán García, Luis Gusmán
No matar las palabras. No dejarse matar por ellas.
Texto del nº1 de la revista Literal (1973)

5) Valerie Solanas
Manifiesto de la Organización para el Exterminio del Hombre (1967/68)

6) Nestor Perlongher
Barroco Transplantino (1991)

7) Michel Serres
Atlas (1993)

8) Lorenzo García Vega
Vilis (1994)

9) Theodore Kaczynski
La Sociedad Industrial y su futuro (Manifiesto Unabomber, 1995)

martes 17 de marzo de 2009

MANIFIESTO


Intelectuales y artistas ponen en escena sus manifiestos estéticos, políticos y existenciales. Los invitados tendrán la libertad de confeccionar textos en los que manifiesten sus creencias o desarrollar una performance artística en la
que sienten las bases de su producción. De este modo tomarán una posición frente al mundo, frente a la realidad, frente al arte.

Coordinan: Diego Erlan / Hernán Vanoli


Manifiestan:

Martes 17 de Marzo, 20:15 hs: Rafael Cippolini, Leonor Silvestri y Esteban Schmidt.
Música: Villa Diamante.


Manifiesto

Género político por naturaleza, más allá de su contenido, el manifiesto implica el deseo de proponer, trazar fronteras, prometer y volver a ordenar el mundo, confiados en la potencia del propio lenguaje. En épocas donde el nihilismo ocupa todos los discursos, decir Manifiesto implica jugarse, implica
decir «en esto creo».

Si la vorágine digital y la sobreoferta de escrituras parecen devorar cualquier principio de individualidad, nosotros invitamos a decir: Manifiesto.
Grito al aire o microdenuncia cotidiana, el ciclo propone revisitar acciones artísticas, políticas, relacionales, donde la fiesta de su declamación permita que los diferentes manifiestos de músicos, artistas y escritores nos sumerjan en las aguas correntosas de su poética de la transformación.


Rafael Cippolini (1967). Es ensayista, crítico cultural y curador autónomo. En 2003, publicó Manifiestos Argentinos. Políticas de lo visual 1900-2000. Durante cinco años fue editor de la revista de arte ramona, y actualmente mantiene el blog cippodromo. Su último libro es Contagiosa Paranoia (Interzona, 2007).

Leonor Silvestri (1976). Es poeta, traductora y especialista en literatura antigua. Colabora como periodista en diversos medios. Publicó el libro de ensayo Catulo, Poemas. Una introducción crítica (Santiago Arcos. 2005); y los poemarios Después de vos, Nugae, Teoría de la traducción, entre otros.
Además, coordinó y organizó la sección de literatura y de los eventos literarios de la ONG "Brandon Gay Day", así como varios ciclos de lectura itinerante, dedicándose también a la instalación y al dictado de diversos cursos y talleres.

Esteban Schmidt (1967). En 2008 publicó su primer libro, The Palermo Manifesto (Emecé), una diatriba sobre Palermo escrita desde Palermo.
Militó diez años en la U.C.R y luego se dedicó, durante otros diez, al periodismo en medios culturales. Actualmente es un puntal de Los Trabajos Prácticos (www.bonk.com.ar/tp), una página web de culto. También coordina talleres de expresión.


Villa Diamante Desde el año 2004 es DJ, mashuapero y persona inquieta. Juega con todos los sonidos que entran dentro de su extraño criterio artístico; juega al cruce, empuja los límites en una constante búsqueda de lo que aún no
existe. DJ Residente y organizador de Zizek Club con el que viene planteando una renovación en la forma y el contenido del baile en la noche porteña. Como productor artístico de ZZK Records se planta ante la industria discográfica en
plena agonía para buscarle una vuelta a esa situación del consumo de la música. Mucho puede decir sobre lo que hace y desarrolla pero su manifiesto empieza y termina en un mismo punto: el amor al baile.


Coordinan

Diego Erlan
Periodista. Desde el año 2003 trabaja en el diario Clarín y actualmente se desempeña como coordinador de la sección de Literatura y Libros de la revista de cultura Ñ.

Hernán Vanoli
Sociólogo. Publicó relatos en antologías de jóvenes narradores y es uno de los editores de Editorial Tamarisco. Colabora como periodista de cultura en diversos medios.


ULTRA
San Martín 678
Buenos Aires
20:15 hs

jueves 12 de marzo de 2009

Neurosis virtual


Napoleón: Un avatar es un “descanso de sentido”. Este alivianamiento, por supuesto, no resulta exclusivo de la digitalidad ni mucho menos, aunque siempre es un ejercicio de reinvención, teniendo en cuenta que toda reinvención es siempre parcial.

Dolcemare: A ver si entiendo ¿es tu construcción de identidad en el entorno físico la que descansa?

N.: Algo así. Es tu construcción de identidad en un contexto determinado. A menos de que seas una estrella de la televisión o un personaje público, cualquiera de nosotros fuera de su medio (de los sitios en los que construye su cotidianeidad sedentaria) se convierte en un desconocido para los demás. Viajo a 15 km de mi casa (y mucho menos también) y nadie sabe quién soy. Puedo jugar a ser otro. Con un programa como Second Life, no necesitás salir de tu casa para ser otro.


D.: Pero eso ya pasaba en el chat.

N.: Claro. Pero de otra forma. El hecho de que un avatar no sean sólo palabras sino una representación gráfica que puede mutar constantemente promueve otras dinámicas. En este sentido, los metaversos proveen de una licencia: podés interpretar cualquier rol sin ser actriz o actor. El sentido es siempre acumulativo, procede por capas de significado.

D.: Resulta claro que implica otra relación con el cuerpo. La virtualidad digital es muchísimo más maleable. Sin embargo la visualidad del cuerpo digital no deja de proyectar su protocolo.


N.: ¿Cómo sería eso?

D.: No es lo mismo, al momento de sociabilizar en un metaverso, que te presentes como elefante, Pokemón, avatar básico o premium.

N.: A eso me refería. El “descanso de sentido” no es más que un retardo y desplazamiento de la elaboración de sentido social. Second Life, como cualquier plataforma software, dispara otros estilos de paranoia. Sé que es un tema que te interesa.


D.: No más que la neurosis a que nos invita la virtualidad en general. Nadie confunde su experiencia en Second Life con sus vivencias en el mundo físico. Al menos de momento. En principio porque interactuar en un metaverso no es más que una extensión de la acción en nuestro mundo de átomos. Sin embargo, el “descanso de sentido” para muchos puede transformarse en una “pesadilla de sentido”.

N.:
En el mundo digital siempre tenés la oportunidad de apagar la máquina.

D.: Lo aprendí de vos: siempre quedan secuelas.

martes 10 de marzo de 2009

Formatos contaminados

Publicado en ADN de La Nación
El sábado 7 de marzo como parte del dossier Enseñar Arte.

Las prácticas y soportes artísticos siguen transformándose vertiginosamente y, con ellos, la enseñanza artística. Mientras formatos cada vez más contaminados entre sí (mixturas de instalaciones, medios digitales, performances, video, street art) obtienen mayor aceptación económica, difusión y atención crítica, otro tanto sucede con las clínicas de obra, talleres, seminarios y cursos que fueron diseñando un mercado propio. Es notable, sin embargo, que las ofertas de aprendizaje para teóricos no sufran grandes cambios.


Con excepción del incesante (pero cada vez más envejecido) debate sobre la figura y políticas de la tarea curatorial, la reflexión sobre los mismos formatos de análisis y sus agentes parece detenida en el tiempo. En un libro imprescindible como Antropología de la imagen (2002), Hans Belting volvió a pasar revista a una patente cantidad de temas que subrayan la insuficiencia de la historia del arte para explicar los procesos de base en el arte de nuestros días. En Estudios visuales. La epistemología de la visibilidad en la era de la globalización (2007), volumen antológico al cuidado de José Luis Brea, se insiste una y otra vez en el desconcierto y la poca eficacia de las metodologías de análisis que dominaron el siglo pasado (la crítica tradicional, la estética e incluso papers historiográficos) al momento de enfrentarse a un panorama que las supera y debilita.


¿No resulta bastante evidente que quienes más han contribuido a la renovación de los modos discursivos en la última década hayan sido formados como filósofos o provengan de la literatura? En un contexto en el cual son pocos los artistas que no poseen presencia en la Web y en el que las publicaciones de arte y el espacio en los medios masivos de comunicación es perceptiblemente mayor que hace una década, es claro que lo que escasea no es información especializada. ¿No hay algo que sigue presentándose como dificultoso en la elaboración y en la adquisición de modos teóricos que sean capaces de ofrecer respuestas y visiones más atractivas, más pregnantes?

miércoles 4 de marzo de 2009

Consejos matrimoniales de Gombrowicz a Di Paola


Vence, 6 de agosto de 1965

Mi estimado Osio, me dicen que te has casado. Ja, ja, ja! ¿Acaso con la niña que se espantaba con mi voz por telefono? Sospeché un tiempo que era una intriga de tus compinches para sacarme el regalo de boda, por otra parte no soy tan estúpido como para regalarte algo que se hundiese en todo el montón de otros regalos; de modo que ahora voy a notificar a la ESWIE.
Que te haga llegar algunos pesitos para que puedas invitar a tu mujercita a tomar cafe con leche con medialunas.


Mi querido Osio, ya se ve que mis concejos no llegan a tus oidos. Primero: embriagado por las glorias relativas de tu debut no prestaste oído a mis humildes
enseñanzas sobre la tapa de Hernán. Después: cuando te escribí una carta paternal con clara demostración de tus errores juveniles, asustado, enloquecido por el
pavor, no supiste leerla en el tono de tranquila jovialidad que me caracteriza, te sentiste aplastado y aniquilado, tanto mas que Flor de Quilombo con su alma
provinciana, con sus gritos despavoridos, colaboro con tu alma de conejo. Ja, ja, ja. Permiteme sin embargo de darte nuevo consejo en vista de tu nueva situación,
consejo mas valioso por cierto que el regalito humilde que te espera. Tanto mas valioso que te puedo hablar de casado a casado, ya que debido a un destino que me
sorprende ya llevo casi un año de casado.


La base del casamiento no es ni el amor, ni los placeres hm hm, ni la comprensión mutua de las almas, sino una CONVIVENCIA cotidiana que ante todo necesita
TRANQUILIDAD, AMABILIDAD, BUEN HUMOR. Sobre esta base las dos vidas poco a poco se juntan, se penetran y llegan a convertirse interesantes una para otra.
Espero pues, Osio, que con gritos histéricos, desesperaciones bruscas, temblores o iras repentinas no vas a convertir tu hogar en casa de loco. No seas tampoco demasiado genio para tu mujercita, esos bombones se sienten muy incomodos frente a tal indiscreción masculina que se proclama genio avant la lettre. No se me escapan tus muy serias aptitudes y
creo que vas a llegar a algo mas que un “escritor” de esos que los hay muchos. Mas eso tiene que llegar tranquila, lentamente, hay que dar tiempo al tiempo, no hay que olvidarse de tu escasa edad, aprenda algo difícil, lo de gozar de tu edad, no sacrificarla para el futuro.


He aquí los concejos. Ya sabes que pasa conmigo, por Flor. Estoy administrando mi gloria, lo que se vuelve un tanto pesado, estoy firmando ahora como 15 contratos, con USA, Europa, también con tu humilde patria donde, parece, dieron por la radio mi
“Casamiento” con gritos salvajes i sin pagarme un centavo.

Vence es una ciudad distinguidisima, a veces cinco o seis Rollce Roys veo por la ventana de mi comedor que da a la plazoleta, vienen ellos para comprar leche y
otras cosas para desayuno. Los Rotschild, las condesas Carolyi, de Noailles, Safary, Dabuffet, Chagall, a veces Picasso, la mujer de Johnson, algunas vedettes, les almirantes yanqui etc.


Todos vienen por aquí. A mi me visita mucha gente, pues, desgraciadamente muchos
acuden a aquel que se ofrece todas las mañanas a la luz de dos velas encendidas al Santo Espíritu. Me jode la salud, pero ando un tanto mejor.

Bien, dele a tu amor un besito de mi parte, muy tierno por cierto, lastima que no lo puedo hacer personalmente, a Dios Osio

W. G.


Nota Esta carta me la pasó en fotocopia Jorge Di Paola, Dipi (Asno), hace muchos años. No tengo noticia de que esté publicada.

lunes 2 de marzo de 2009

Jack Vanarsky (1936-2009)


No se trata de los tan clásicos obituarios o necrológicas (palabras que evitamos, están demasiado atravesadas de una carga social –de sus pesadas formas-). Decimos, más afectuosos, menos dramáticos, “despedidas”. Éstas, como todo, también son una fórmula: una breve narración de recuerdo, los buenos sentimientos, la siempre imperiosa pero a la vez amable necesidad de decirlo, casi como un exorcismo que quitara potencia a un acto (la desaparición, la creciente ausencia) insoportable.


Siempre entendemos todo tarde. Me enteré de la muerte de Jack Vanarsky, artista, Regente del Colegio de ‘Patafísica, ayer por la tarde. Según parece falleció el sábado 14 de febrero, por la noche. No tengo demasiadas noticias. En los últimos meses le había conseguido varias cosas (libros, recortes) sobre los que veníamos hablando. No hice a tiempo a mandárselos. Están ahí, más mudos que nunca, quizá intuyendo que no cruzarán el océano.


Decía recién que entendemos tarde. Jack, como Regente, ocupaba la silla (la misma Regencia) que alguna vez estuvo destinada a Roland Topor. Éste falleció antes de ocuparla. No deja de ser curioso, porque, si bien no conocí personalmente a Topor, es claro que él y Jack no se parecían en nada. Tratando de ecualizar mi desconcierto, me detuve un buen rato en las obras de Jack que más me gustan. Amaba París, pero su natal General Roca estaba siempre presente, también, aunque jamás hablamos de eso.


Hay personas con las que nos gusta trabajar. Compartir experiencias. Con la cuales la complicidad es inmediata. Con Jack sucedió siempre así. Hicimos mucho (muchísimo) menos de lo que nuestras ganas dictaban. Una lista para nada breve de conspiraciones quedará suspendida, inconformada.
No tengo muchas ganas de seguir escribiendo. No ahora. Sé que pronto lo haré como se debe. Encontré en internet este retrato de Carlos Schmerkin. Y en un CD estas imágenes de la obra sobre Topor. La palabra más adecuada para señalar lo que me sucede posiblemente sea “perplejidad”.
Adiós Jack. Las palabras se me vuelven pesadas ahora.