viernes, 30 de octubre de 2009

Mitos del Metaverso

Por otra epistemología de los mundos virtuales


Napoleón: ¿Cómo se continúa o se discontinúa una ciudad virtual en un entorno físico? Estamos de acuerdo: Second Life –como cualquier metaverso- es un protocolo, o sea, un conjunto de reglas de interacción. Pactamos de antemano una lógica de continuidad físico-virtual (jamás de separación.) Cuando transitamos con nuestro avatar por una ciudad virtual no estamos exactamente en otro mundo, sino en otra de las extensiones del único mundo que habitamos: la anfibiedad se determina en el pasaje de un entorno físico a otro digital.

Dolcemare: Pero existe un rango, un status específico para determinar la experiencia de cada uno de esos planos o dimensiones. Ya hablamos de esto: hay quienes experimentan su tránsito virtual en un metaverso a modo de reubicación, como si se tratara de un illio tempore. Un tiempo diferencial dentro de nuestro tiempo. Un tiempo de rito.

N.: Ya. Pero ese tiempo ritual es sucesivo, nunca simultáneo. Incluso en situaciones border como la planteada en una película como Identity, de James Mangold, lo físico actúa como la instancia que es imposible aplazar.


D.: Pienso ahora en un relato como El sueño de los héroes, de Bioy Casares. Los planos de continuidad-discontinuidad, los dos “soportes” o dimensiones de la historia, imponen tácitamente su poderío. El secreto está en la ecualización de cada una de las versiones de lo sucedido. Soy conciente que cito un plano de ficción. La pregunta es ¿de qué modo siguen negociando la ficción y la no ficción su campo semántico sobre lo que llamamos virtual?

N.: Es la pregunta de Marc Augé, pero extendida. ¿Cómo armonizamos los repartos de ficción en lo físico en la era web?

D.: No deberíamos olvidarnos nunca que la ficción es un capital económico e ideológico. Es algo que siempre me llamó la atención. En las últimas semanas se volvió a hablar del relanzamiento de Second Life, de las estrategias de Linden Lab, de los 400 metaversos que están disponibles en la red. Y nada se dice –nada- sobre las concepciones políticas de lo virtual. Sobre las ideologías en pugna. Cuando alguien como Bifo hace mención a los desequilibrios políticos que provocan las prácticas de sociabilidad de la generación alfa, sólo avanza sobre los derroteros de un default. Como si la virtualidad fuera una dimensión perversamente neutra.


N.: ¿Una nueva economía del rito? Me hablabas hace poco de los ajustes y desajustes entre las nociones de mito y hardware.

D.: No sobre las mitologías del hardware, que son otro capítulo. Sino más bien entre cómo afecta la irrupción de las funciones del hardware cierto status quo contemporáneo del mito. Así tengamos una versión positiva (Blumenberg) o crítica (Barthes), los mitos no sobreviven sólo en los libros. Los nuevos repartos de ficción de nuestros tiempos digitales interpelan una epistemología diferencial del mito.

N.: Tu insistencia en Dorfles.


D.: Sobre todo en lo que se refiere a las ritualidades pop. ¿Podemos excluirnos de una ritualidad pop en la era digital? No lo creo. Si la brecha ya no existe, en el futuro será progresivamente menos auscultable.

miércoles, 28 de octubre de 2009

I Can Be A Frog

Por The Flaming Lips





+ Convinced of the Hex (Live on KCRW)

lunes, 26 de octubre de 2009

Políticas de la representación

Por Scott Lash


De la superestructura a la base: la vulgarización de la representación

Boris Groys, el teórico del arte ruso que vive en Alemania, plantea en su libro Über das Neue [Sobre lo nuevo] que las instituciones artísticas, a la manera de un “archivo”, ocupan de alguna manera el lugar de “lo sagrado”. En este sentido, el arte ocupa un ámbito diferente, separado, más elevado. Por un lado están las instituciones y por el otro lo que está fuera de ellas: lo que Groys llama vida; por un lado lo sagrado, y por el otro lo profano de la “vida”. Lo nuevo opera por el hecho de que aporta al ámbito sagrado material que trae de la vida, de lo profano. Al hacerlo, lo nuevo se transforma en lo que da cuenta de todo ese dominio irrepresentable que está por fuera de lo “sagrado”. De esta manera, lo nuevo en el arte presenta lo no representable; evoca la vida, lo profano, el exceso más allá del archivo simbólico de las instituciones artísticas. En este sentido, lo nuevo es la única parte del archivo que no es una representación. Sin embargo, a medida que el tiempo pasa, lo nuevo se vuelve rutina - pierde su carácter novedoso que en su momento se insertó en la lógica del ámbito sagrado de la representación. Ahora, algún nuevo novedoso tiene que tomar su lugar, un nuevo significante de lo irrepresentable: un nuevo significante que no es una representación. Groys entonces se pregunta: ¿qué sucede cuando la vida se transforma en medios? ¿Qué sucede cuando la vida misma se vuelve totalmente mediatizada? Esta es la pregunta que lleva a la contradicción de la representación.


La respuesta parecería ser en primer lugar que el arte y el museo necesitan incorporar lo nuevo, proveniente no tanto de la vida como de alguna especie de paisaje mediático: de alguna suerte de profano ya mediado. Esta variante de lo profano (como la descripción que hace Groys de la vida como profano) es irrepresentable. Ahora bien, en esta vuelta lo que es irrepresentable está constituido, en sí mismo, por representaciones. Nos encontramos entonces con representaciones que no pueden ser representadas. Existen representaciones, como habremos de ver, que no representan nada. Pero son precisamente esas las que entran en el ámbito estético como lo nuevo, donde de alguna manera pasan a dar cuenta de lo irrepresentable. Este ámbito del arte (el ámbito más general de las representaciones), es al mismo tiempo el espacio de la ideología, o más exactamente, “lo simbólico”. El espacio de la vida (que es el espacio de la pulsión sexual, y para Freud, claro, de la pulsión de muerte) ha llegado a ser conocido como el ámbito de lo real. Lo simbólico es el espacio de la ley, el ámbito de la reproducción, aquello que garantiza la reproducción del capitalismo, de la familia. Y el espacio de lo real es lo que contradice el espíritu de reproducción. En lo real no hay reproducción, sino crónica producción; es el espacio cuyo contenido ha sido eliminado o excretado de lo simbólico.


Lo real es lo que Groys plantea como la vida: la base material de las pulsiones autopropulsadas, autogeneradas, del deseo. Es el espacio de la desorganización entrópica y la recombinación autopropulsada. ¿Qué sucede cuando ese ámbito se vuelve mediatizado? ¿Cuándo se vuelve constituido por los medios? El ámbito del movimiento entrópico y de la recombinación, de la pulsión y de los flujos, de la tendencia a lo inorgánico (como decía Freud) esa vida, eso real, del cual antes las representaciones estaban excluídas, de pronto está inundado de representaciones. ¿Qué ocurre entonces cuando lo irrepresentable mismo se transforma en un mar, un torbellino de representaciones?


Tal como sucede con la representación, la imagen desaparece de la superestructura, de las superestructuras ideológicas y simbólicas, se reconstituye en la base. Donde existe, persiste para existir en su propia contradicción. Antes, el ámbito de la invención, de la invención en el arte se daba en las superestructuras, en las instituciones artísticas. Ahora, la invención invade lo que Oliver Williamson denominó las instituciones propiamente económicas del capitalismo mismo. La invención artística es desplazada en parte por algo que comienza a tomar la forma del arte de la invención, donde la invención es tanto arte como ciencia: sucede tanto en los estudios como en los laboratorios. El estudio, el laboratorio, antes protegidos en la cómoda seguridad de las superestructuras, “se cuelan por goteo” hacia afuera y se reconstituyen en la base, en la economía. Antonio Gramsci escribió acerca de la base económica como materia, mientras que las instituciones políticas -y las culturales, agregaríamos nosotros- como espíritu, como “Geist”, como “mente”. En las superestructuras hay “mente” como representación. La base es materia; trabajo y sexo como materia.


El trabajo real no tiene que ver con la representación. Tiene que ver con hacer cosas materiales. Los trabajadores rurales no podían entrar en la polis. Se decía que los trabajadores no participaban suficientemente de la vida del espíritu como para que les fuera permitido votar - es decir, que se les permitiera participar del ámbito de la representación, de la mente, de las superestructuras, hasta entrado el siglo XIX en Inglaterra. Eso es la representación política. La representación pertenece a un ámbito superior: a la superestructura; tiene que ver con la mente. Se decía que los trabajadores no eran suficientemente espirituales. Sus manos estaban sucias y llenas de callos. El trabajo, el proceso de trabajo (Arbeitsprozess) eran algo sucio. Por contraste, el capital y el proceso de acumulación eran limpios. El capital como valor de cambio es limpio. Un valor de cambio es una representación, una abstracción. Transforma la Zuhandenheit (lo que hace a la condición de manualidad, en términos de Heidegger) del trabajo material y lo constituye en el atomismo, el utilitarismo del “valor de uso”. Pero la real materialidad del trabajo en su dimensión de Zuhandenheit no es representable.

Artículo completo, acá.

sábado, 24 de octubre de 2009

Miradas


La belleza es una forma especial de percibir” escuchamos más de una vez y siempre al pasar. Pero ¿percibir qué? ¿cuándo?. Vladimir Nabokov, que consignó su educación estética a la incesante captura de los “divinos detalles”, sabía que éstos no pertenecen tanto a las vicisitudes del espacio como a los caprichos del tiempo. Por lo mismo, los ensayistas René Scherer y Guy Hocquengheim intentaron definir el “momento estético” mediante dos fuentes: el seminario de estética de Wittgenstein en Cambridge, donde el filósofo vienés explora un instante al que denomina el disparador, y define como “ese impacto, a mitad de camino entre el recuerdo y el descubrimiento, propio de la sensibilidad moderna” y el implacable clic de la máquina fotográfica en el famoso texto de Roland Barthes. El ejercicio de avistar el segundo exacto como quien espía los fugaces movimientos de un animal.

Guillermo Ueno (Sin título, 2008)

Hoy, en la edición impresa de Ñ.

jueves, 22 de octubre de 2009

Súper siempre en el Malba


Vi nada más que la primera parte del show. El resto lo escuché sobre el escenario). Pregunta del millón ¿qué fue lo que escuché?
Un mar de electricidad (electronoise) y gozosos restos de un naufragio de decenas de timbres que de a ratos sobrevivían a la distorsión generalizada.
Lo mío fue una flauta jajouka trash (al fin de cuentas Burroughs dijo alguna vez que los maestros jajoukas eran una banda de rock de 4000 años de antigüedad ¡y eso quise ser siempre!). Ese sonido agudo lo tuve por delante todo el concierto.


También una premisa de Alan Courtis (aunque no creo que él lo haya pensado como un instructivo): “la paradoja de que los no músicos sean músicos y los músicos sean no músicos”. Al fin de cuentas ¿qué es la no música? Es una pregunta tan zen como preguntarse cómo será el sonido del aplauso de una sola mano (citar mal también es un placer).
Bravo por los Súper siempre y ese momento inolvidable.
Bravo por su (Girlontape dixit) wall of sounds.
Ya que estamos, gracias a Girlontape por las fotos y la onda.

martes, 20 de octubre de 2009

Jornadas (William) Burroughs

Todo lo que querías saber sobre las Jornadas dedicadas a William Burroughs en el Centro Cultural Moca simplemente haciendo click sobre la imagen amarilla.

domingo, 18 de octubre de 2009

Sobre Zettel

de Héctor Libertella


Zettel significa ficha, esto es, catalogación, resguardo de datos.
Pero por sobre todo refiere a un modo eficaz de ordenación de la información.
Algo así como un mapa de consulta táctil, un mapa en pequeños capítulos o entradas.
Sobre todo, ubicación y síntesis. Como si fuera una enciclopedia personal y comprimida. Un álbum de tanteos. Notas, apuntes clasificados.
Lo que recuerdo como origen (sin dudas uno de los tantos puntos de partida para llegar a Zettel) es una extensa charla (el adjetivo redunda: no recuerdo conversaciones con Héctor que no hayan sido extensas) en su oficina de editor de Ediciones de La Urraca, en el edificio de la calle Venezuela.
Fue poco después de que Héctor cumpliera los 50 años, en la primavera del 95. Yo seguía absolutamente fascinado con Arno Schmidt y no paraba de hablarle de los elementos de trabajo del narrador alemán. Del altillo donde resguardaba sus cajas de zapatos repletas de fichas. No se trata de nada demasiado original. Antes había visto fotos de Sábato en su estudio con otras cajas (no sé si de zapatos) pero con fichas muy similares.


Le pasé entonces fotocopias de un artículo de Peter Ott sobre Schmidt y sus zettels, publicado en uno de los números de la revista Espiral, de editorial Fundamentos.
A Héctor no le interesaba nada Schmidt pero sí su metodología, sus modos de dar orden.
Pensemos en lo siguiente. El escritor Libertella se comportaba de modo muy similar (me atrevería a decir: idéntico) al clarinetista Libertella que él mismo encarnaba. Es más, en cuestiones estrictamente metodológicas, el clarinetista siempre llevó la delantera con respecto al escritor.
Escribí (y hasta creo que publiqué) no hace mucho una analogía: el escritor Libertella como un músico que, cierto día, decide abocarse a la interpretación de un único tema, de una sola composición, desplegándola en infinitos covers. Versiones, versiones y más versiones de lo mismo. El clarinetista Libertella se limitaba a no más de seis o siete canciones (entre ellas, siempre el hit del Jibarito Rafael Hernández, esto es, su incondicional Lamento Boricano), desandándolas en incesantes liftings sonoros.
Que Wittgenstein le resultara más atractivo que Arno Schmidt fue previsible: Schmidt, al fin de cuentas, era un narrador. Un narrador joyceano, si se quiere, pero narrador después de todo.


Y lo cierto es que, en esta década que está comenzando a terminar, Héctor no parecía tan interesado en la narración (en los modos de narrar) como en las condiciones de ficcionar. En otras condiciones de ficcionar. En otros “tráficos de imaginarios”.
Si a principios de los ochenta, viviendo en el DF mexicano, ya insistía en narrar teorías como si fueran cuentos y teorizar como quien ficcionaliza, desde la aparición de El árbol de Saussure (aunque por cierto antes), teoría y autobiografía comenzaron a fusionarse más y más en su escritura. Salvo un western, tan fabuloso como inédito, y unas breves historias de monos piloteando supersónicos aviones de combate, en los últimos siete años de su vida lo que seguía siendo narración era sólo footing de reescritura. La novedad (esa nueva rama que comenzaba a despuntar en su incesante Árbol de las Transformaciones) provenía del ensayo. Aunque por gusto y diversión a veces denominara “novelas” a sus ensayos.
Lo repitió en más de una oportunidad: “reescribo porque no soporto al que aún sigo siendo”. Por eso mismo el clarinetista Libertella entusiasmaba tanto al escritor cuando leía (y luego editaba) las memorias ajenas de López Ruiz, Piazzolla, loco, loco, loco (una autobiografía con otro protagonista diferente al narrador). Me leyó más de una vez fragmentos en los que Piazzolla se quejaba de la monotonía de ejecutar una y otra vez el mismo tema, de la misma forma.


Por esto Zettel es El Árbol de Saussure en otro estado. Es El Árbol de Saussure entremezclado con otros cuatro o cinco libros que reescribía simultáneamente. Digo escribía y debería decir “jibarizaba”. Como cuando muy serio me confesó: “Ya le quité más de veinte páginas. Ahora se llama “El Bonsái de Saussure”.
El último Libertella (sus últimos avances más allá de las infinitas reversiones) es un Libertella entregado a fichas, a papeletas, a zettels. Su unidad nunca fue la frase (a esta altura queda bien claro que detestaba el aforismo) sino el párrafo. “Ya no una línea, sino un precioso dibujo”.
Zettel, como no podía ser de otra manera, ya había mutado en El Bazar de todas las cosas del mundo, precioso libro objeto realizado a dos manos con su cómplice de siempre, Eduardo Stupía.
Es cierto: Héctor, al menos desde que lo conocí a fines de los ochenta, invariablemente pensaba en obras completas. De hecho, fue él quien tituló la ópera inconclusa que también a mediados de los noventa escribíamos junto Sergio Pángaro y Alfredo Prior. Me dijo: “pónganle Operas chinas completas. Los espectadores van a pagar su entrada creyendo que se compraron toda una tradición”.


Pero hagamos una vez más zoom sobre su noción de Obras Completas. Para Libertella (para el escritor y el clarinetista) éstas no eran más que una base de eyección. Un formato tan contaminado como las autobiografías ajenas y las teorías ficcionadas.
Más estrategias para seguir haciendo literatura justo ahí donde, de tan incierta, se vuelve imprescindible.

viernes, 16 de octubre de 2009

Dos Muestras Dos




Imperdible la nueva exhibición de Las Hortensias (Silvia Lenardón + Michele Siquot) en esta oportunidad acompañadas de Constanza Alberione y Delius.
La cita es hoy a las 19 hs, en el Espacio Historieta del Centro Cultural Recoleta, Junín 1930, Buenos Aires.

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También recomendada: Antología de un Inventario. Exhibición de artistas de Mapa Líquido e invitados.

Brizuela / Oliva / Guinot / Cabrera / Méndez / Lightowler & Lightowler / D'Alessandro / Lascano / Picabea / Litwin / Escardó / Collacci / Florentino / Barreda / Gimenez / Rapallo / Giribaldi / Mujica / Gómez Pintus / Marín / Callori / Opazo

producción: Lucas Marín

INAUGURACIÓN: Sábado 17 de octubre 19 hs

mapa líquido - espacio de arte / Las Casas 4100, Boedo
viernes y sábados de 18 a 22 hs
otros horarios concertar cita al: 15 59 97 31 76

miércoles, 14 de octubre de 2009

Súper siempre en vivo



Gacetilla de prensa: El Lunes 19 de Octubre a las 20.30hs en el auditorio del MALBA (Av. Figueroa Alcorta 3415) el grupo SUPER SIEMPRE presentará su disco “Juicio al Perro”. Formados hacia fines del 2007, este colectivo multidisciplinario nuclea al pintor Alfredo Prior, el escritor/cineasta Sergio Bizzio, el escritor/editor Francisco Garamona y el ex-Reynols Alan Courtis, además de una nutrida selección de invitados. El disco editado por el sello Mansalva Tocadiscos contiene 7 temas entre los que se destacan obras como: “Al Sultan”, “Departamentos de Once” y “Vengan al sol (pero planchando)”. Navegando entre la improvisación libre, el politonalismo, la música étnica de países aún no descubiertos y el punk de salón, el álbum es una de las ediciones discográficas más inesperadas del año.

La presentación será con entrada gratuita.

lunes, 12 de octubre de 2009

Zettel


ZETTEL de Héctor Libertella
Editorial Letranómada

Fecha de aparición 15 de octubre de 2009
Presentación 15 de octubre 19.00 hs en Librería Eterna Cadencia
Honduras 5582 (Esq. Fitz Roy) Palermo
Participan: Marcelo Damiani, Ricardo Straffacce, Rafael Cippolini y Laura Estrin

Con el mismo título de los escritos de Wittgenstein encontrados en una caja con la etiqueta Zettel (“papeletas”), Libertella repite el gesto del filósofo y como él ordena fragmentos breves e independientes, refundiciones de otros textos suyos, proyectos de escritos futuros, para construir un conjunto en donde la fuerza se impone trascendiendo el aforismo y la argumentación, componiendo un todo sistema de una belleza extraña, en eficaz tensión.
Libertella no arma aquí relatos aunque de ese modo es cada vez más específicamente literario en lo vivo de un pensamiento pequeño, es decir, en el significado que sólo adquieren las palabras en la vida, que siempre está interrumpida y dentro de una convicción profunda sobre el lenguaje que trata con eso real. Libertella se fue aclarando, como algunas de las notas de Zettel, semejantes a las de Wittgenstein que pudo poner: “Nota al margen: Intención”. Pero detrás de todas estas marcas de interpretación y supuestos interminables, ambos hilvanaban un sistema propio de descripción, abocarse al fenómeno, a la experiencia, con saltos, seguir “la mirada del ojo” –dijeron los dos-. Y entonces trataron de pensar-escribir-verse, trayectoria conocida pero para ellos incansable y necesariamente desviada, lo dicen muchos de los títulos de los libros de Libertella. Expresiones particulares para un curso, “un curso en su más vieja acepción: caminata, paso” –se apuntó él mismo- que fue un sentido personal por lo que las frases entretejen variantes cotidianas de su pensar y de su hacer literatura.
En Zettel su obra se volvió biología, revoltijo de vida, trajín, ir y venir de frases propias, retorcidas sobre sí, frases que Libertella viene escribiendo desde siempre y ahora refunde, revierte, repasa, resume, “el arte de convocar la cosa”, una magia literal, “galera tipográfica”. Paradojas que no son tales: recuerdos futuros, obras que vienen del futuro, “el drama del signo” que intenta, a veces, perder el sentido. Libertella escribió un relato continuo, como para sí mismo, fina tradición ignorada o desdeñada, un destilado personal, repetido fantasma, repetido vacío, última desesperación del que escribe solo, sin mercado, sin red.

jueves, 8 de octubre de 2009

Twitter y Oulipo


Si existe una pregunta por Twitter es más sobre el tiempo que sobre el lenguaje. La restricción de caracteres es temporal (el soporte lo impone).


En Oulipo es la restricción en la escritura la que habitualmente se impone al soporte.
(Viene a la cabeza la sentencia de Blanchot: “escribir es entregarse a la sensación de la ausencia de tiempo”).
Twitter revierte esta sensación: funciona como un reloj.
Es un paso más en la mecanización del tiempo.
Otra concepción de la urgencia.

martes, 6 de octubre de 2009

Somos combustible


Ya. Tanta teoría aplicada a Matrix aburre. Mucho. Pero necesito volver a señalar este punto. Matrix pone en escena una pregunta escalofriante sobre los futuros modos de obtención de energía. Podríamos enunciarla así: ¿cuál será la fuerza motriz que dentro de muy poco alimentará al mundo? La respuesta (como no podía ser de otro modo) no resulta nada amable: en la ficción de los hermanos Wachowski es la mismísima biología humana la que se transforma en un dínamo de energía para las máquinas dominantes. Esto es, nuestros órganos como combustible, nuestros cuerpos funcionando como baterías.
Pero eso no es todo: para que esto sea posible, más máquinas (software mediante) reinventan nuestra realidad, moldeando nuestras percepciones a su piaccere . Así, realidad y ficción se funden en un conjunto indiscernible que actúa básicamente al modo de potente analgésico para nuestro sistema nervioso.
Esta promocionada fábula ¿no podría ser considerada un capítulo nodal en la extensa tradición de imagicidios que nos ocupa?

domingo, 4 de octubre de 2009

Ciberbomba


—Usted afirma que el mundo en el que vivimos es un sistema interactivo susceptible de acarrear catastróficas reacciones en cadena; en suma que estamos al borde de la ciberbomba...

Paul Virilio: En realidad me inspiré en una frase que Einstein dijo a fines de los años cincuenta, justo antes de morir. Rotunda y meridiana: hay tres bombas para el porvenir del hombre; la atómica —que viene de explotar—, la de la información —no existía aún la informática— y la tercera es la demográfica: El concepto me marca profundamente porque ya desde mi trabajo sobre la velocidad soy muy consciente de que la interactividad es a la información lo que la radioactividad es a la energía, vale decir una potencia colosal.
La bomba informática es amenazadora por su interactividad, por su dimensión cibernética; aclaro, no es la información la amenaza, sino la instantaneidad y la inmediatez que llamamos interactividad que se produce hoy día a nivel mundial donde existe un efecto de feedback cibernético absolutamente temible. Tal como puede observarse con la bomba atómica.
Por lo demás, los crack de las bolsas que giran por el mundo en estos momentos están vinculados a lo que llamo el riesgo sistémico, el conjunto de riesgos cibernéticos en los que un mercado empuja al otro en su caída y nos encontramos sin más ante la gran catástrofe, el accidente integral. Es la inmediatez de las cotizaciones automáticas la que favorece el crack instantáneo a escala mundial, sin hablar del bug del 2000, el de la datación de los sistemas de computación que corre el riesgo de sumergir en el marasmo y el caos la gestión en todos los campos, imagínese por ejemplo a todos los aeropuertos que dejaran de funcionar e intuya el resto.... Ahora recién comprendo los presentimientos del futurista Marinetti: la velocidad es la violencia en todos los ámbitos. Sería más que necesaria una economía política de la velocidad, o de lo que llamo la dromología, una disciplina que se interese en los estragos ocasionados por la velocidad. La bomba atómica de ayer, la genética de mañana no son concebibles sin la tercera, la bomba informática.


Hay que avecinar para comprenderlas el desorden sistemático de la economía con el desarreglo sistémico de la información. Después de la primera bomba, la atómica, susceptible de desintegrar la materia por la energía de la radiactividad, surge en este fin de milenio el espectro de la segunda bomba, la bomba informática, capaz de desintegrar la paz de las naciones por la interactividad de la información.
Aclaro que no estoy en contra de la técnica, no soy un ecologista que preconizo: volvamos al tiempo de la carretilla o golpeemos las manos en vez de hablar por teléfono. No, lo que digo es paremos de idealizar y de mitificar los objetos técnicos.
Siempre doy como ejemplo que cuando llegó el ferrocarril nos dijeron, será la democracia universal, y en Europa lo que trajo fue la primera guerra mundial, pues los alemanes acercaron sus tropas en tren. La guerra la ganaron los anglosajones y los franceses, que emplearon a su vez... camiones y dieron un paso más adelante en la destrucción.
La segunda, ¿cómo avanzaba?, a golpes de radio y de teléfono. Hitler grita, y De Gaulle le reenvía el objeto... con el programa radial "los franceses hablan a los franceses".
Lo que yo digo es: ¡atención!, cuando un objeto aparece siempre en forma inmediata será utilizado de manera tiránica, en el mal, y habrá que combatirlo, luchar nuevamente a la manera del combate entablado por Jacob y el ángel.

—Milenarismo obliga, ¿no será que cuando lo acusan de Casandra y de profeta tremendista no le disgusta tanto? En mi tierra suelen decir que de poeta y de loco todos tenemos un poco.


PV: Para mí no hay tanta diferencia. Pienso que los grandes poetas son también profetas. En ese sentido Kafka es un profeta, es uno de los más grandes escritores contemporáneos, para mí es el más grande, tanto en el sentido bíblico pues anunció Dachau, y también porque anticipó el siglo 20 con la mayor pertinencia.

—¿Más que Benjamin, Becket y tantos otros?

PV: Kafka es el primero porque tiene una responsabilidad profética extraordinaria a la vez respecto del pueblo judío, de la constitución de Europa, no sólo durante la guerra, sino con todo cuanto sucede ahora. Hoy por hoy cito en este momento mucho a Karl Kraus, que a la poesía suma la visión, y también a Holderlin, otro profeta, para nombrarle creadores muy diferentes que me inspiran respeto.

—El siglo lo empezamos con grandes loas al hada electricidad, ¿no podremos comenzar el siguiente alabando al hada informática? ¿Por qué de entrada tacharla de bruja de todos los demonios? ¿Por qué continuar en la tremendología, con una pizca de escalofrío apocalíptico..?

PV: Mire, no es por decir, pero Chernobyl se produce por la electricidad. Nuestro siglo es el de los grandes accidentes: Titanic y Chernobyl.


—¿Está de acuerdo en que se lo considere como uno de los analistas que efectúan el diagnóstico del estado y males que padecen las democracias?

PV: Sí, además es cierto, están muy amenazadas. En Francia por la extrema derecha del Frente Nacional, y en general, por los tiranos, las mafias y no sólo las que florecen en los países del este sino las que se desarrollan por todas partes. Pero también están amenazadas por la técnica, por la aceleración de la información: la mundialización amenaza las democracias. porque estamos tentados de establecer una democracia "live", en directo, que sería al voto lo que los sondeos son a la televisión. La gran amenaza de Internet es tomarlo por la democracia ideal, especie de megacerebro donde todo el mundo está conectado con todo el mundo y donde es suficiente formular una pregunta para tener de inmediato la respuesta. Eso es la negación de la democracia representativa en provecho de una democracia virtual, o de una democracia automática. El audimat es un buen ejemplo. Esto lo hemos visto a través de los proyectos de Berlusconi, de la influencia de los medios en el pensamiento político y del condicionamiento de los espíritus.
Repito que para mí la democracia es el tiempo de la reflexión en común y no el reflejo condicionado que supone el sondeo de opinión.
Las tecnologías de la interactividad nos conducen a una democracia interactiva cibernética que no será más representativa sino presentativa, que ya no será demostrativa sino mostrativa, es decir alucinante como son los medios. Basta mirar las campañas humanitarias o el teletón para imaginar lo que puede ser una democracia que se les parezca.

Fragmento de una entrevista de Luisa Futoransky que puede leerse completa acá.

viernes, 2 de octubre de 2009

Inadaptándonos a Bluemars

(y también a Second Life)


Napoleón: ¿Probaste Bluemars?

Dolcemare: ¿El nuevo metaverso que está haciendo furor? No. Pero me intriga. ¿Cómo es?

N.: Todavía es demasiado pronto (al menos para mí), para esbozar algún tipo de impresión. Pero me hace pensar mucho en el concepto de metaverso, en todas las asociaciones que provoca, y sobre todo en el tipo de usuarios. Y digo que no puedo dar cuenta porque no pude contactar como deseo con las minorías que más me interesan.


D.: Lo mismo opinabas sobre Second Life. ¿Qué es finalmente lo que nos define un metaverso? ¿Las políticas de publicidad de quienes fabrican el soporte? ¿Las particularidades del soporte? ¿El éxito en los medios masivos? ¿La cuantificación? Concuerdo con tu visión: las mejores respuestas (los relatos que más captan nuestro interés) están en manos de unos pocos usuarios que pueden sobreponerse al entusiasmo geek. No existe nada más prescindible que la excitación frente a la novedad.

N.: ¿Tu apuesta es por los soportes que ya se encuentran un poco desplazados del foco de la novedad?

D.: No, no. Para nada. Simplemente que el carácter de la novedad por definición no es homogéneo. Nunca lo fue. Por lo pronto, una plataforma condiciona sus usos, pero no los determina de manera fatal. Es un medio. Lo que me hace persistir en Second Life y me resulta atractivo de Bluemars es que invariablemente generan formas de sociabilidad. Y sigo opinando que esos modos de intercambio cultural son mucho más interesantes que los que puede ofrecer la masividad de Facebook, para proponer un ejemplo.


N.: Creo adivinar por qué.

D.: Porque trafica con la imaginación de otro modo. Como venimos hablando: los tráficos de imaginarios que genera Second Life resultan infinitamente más complejos y ricos que los que puede generar Facebook. Sin dudas, si a medios virtuales nos referimos, su interacción con los imaginarios me resulta clave.

N.: A eso me refiero cuando hablo de minorías. A los usos diferenciales de cada plataforma. En este punto se definen todas las políticas, sobre todo en las ciberculturas: a cómo nos situamos con respecto a la construcción dinámica de lo físico y lo virtual.


D.: Sucede que son transformaciones tan vertiginosas que las naturalizamos demasiado rápido. No advertimos lo extraña que resultaría nuestra cotidianeidad para nuestros abuelos.

N.: Y viceversa. En esto los geeks resultan los ejemplares más adaptables. Diversamente, lo que ensayamos son distintos modos de inadaptabilidad. La diferencia cultural se manifiesta en este desajuste.