sábado, 31 de enero de 2009

¿Qué es bloguear?


Una actividad demasiado amplia para resumirla seriamente en pocas líneas, pero cuando se vuelve más interesante (al menos para un lector como quien esto escribe) se define en postear y navegar, esto es, reconocerse en otros contenidos, linkearlos, proponer rutas de lectura que no concluyen en el texto ofrecido (y las imágenes posteadas) sino que, diversamente, se entrelazan con otros posteos que no son más que elecciones de lectura.


Por esto entiendo la blogósfera, en todos los casos, como producción colectiva. Insisto, no señalo los rasgos sobresalientes de lo que encontramos en internet, sino el uso personal al que me aboco. Cada cual se define en cómo utiliza la web, a la que jamás consideré algo dado de antemano.
No dejo de observar cómo o bien se habla de los soportes (como si un software fuera autosuficiente) o bien se instalan en éstos contenidos como si fuera lo mismo que publicarlos en papel.


Internet es un medio (jamás se agota a sí ni se muerde la cola como una serpiente Kundalini) pero como tal nos proporciona herramientas que lo vuelven único. Por supuesto, sus posibilidades no desplazan los beneficios de otros medios. Por lo enunciado, queda claro que un blog no reemplaza a un libro ni nada que se le parezca.


Los posteos, malgeneralizando, abundan y redundan en dos rasgos que, combinados o no, se fueron transformando en un estándar: impresiones en primera persona (huellas de experiencia personal, crónicas y pareceres de todo tipo) -la materia de los diarios personales o las agendas privadas convertidas esta vez en bitácoras públicas linkeadas unas con otras- o bien información de último momento viralizada hasta el infinito, como si la blogósfera estuviera destinada a erguirse como el último reducto de la novedad. Blogs que monitorean los medios, que señalan su conformidad o desaprobación con tal o cual opinión. En uno y otro caso, la intimidad como espectáculo.


Tribus virales: el blogroll (ahora también los "seguidores") no dista tanto del principio de las redes sociales (una enumeración de cercanías y reconocimientos), ya sean de la cotidianeidad física o virtual. ¿Acaso la Secondblogósfera –blogs y flickrs producidos desde una plataforma-avatar, noticias de qué puede ser una vida en un universo digital como Second Life- no se fue transformando en una suerte Facebook metaversal? Las tribus bloggers conectan a individuos muchas veces dispersos en el globo: segmentadas en el mundo físico, aunadas por la web.


Para los últimos posteos del Cippodromo me propuse algo diferente: un yo poco o nada autorreferencial (disculpen, pocas veces abandono la primera persona), esto es, escasa o nula cotidianeidad, y muchos más elementos para la reflexión que novedades coyunturales (aunque de hecho las hay).


Indirectamente (durante enero) quise dar vueltas alrededor de algunos tópicos, nunca para agotarlos, sino al modo de escorzos sobre temas tan inagotables como subjetividad (Tribus virales report, No sé quién es Chuang Tzu, Rebosando sex appeal atemporal), contexto (Ciudades Código, Aquel aroma de lo digital, Estoy (re)programado, luego existo) y recursos (Tampoco soy compasivo en sueños).

jueves, 29 de enero de 2009

Un hombre y su rostro es un poco como si estuvieran devorándose mutuamente sin cesar

John Ashbery entrevista a Henri Michaux

Henri Michaux no es exactamente un pintor, ni siquiera un escritor, sino una conciencia: la sustancia más sensible descubierta hasta la fecha para registrar las fluctuaciones de la angustia de la existencia día a día, minuto a minuto.

Michaux vive en París, en la calle Séguier, en el corazón de un pequeño distrito de palacetes desvencijados, aunque aún aristocráticos, que parece misteriosamente silencioso y apagado pese a la proximidad de St. Germain-des-Prés y el Barrio Latino. En las escaleras del hôtel particulier del siglo xvii en el que vive se ha instalado un andamiaje de madera para evitar que la escalera se venga abajo. El apartamento de Michaux parece haber sido desgajado a partir de otro mayor. A pesar de la originalidad de la arquitectura y de la presencia de algún mueble antiguo muy hermoso, el efecto resultante es neutro. Las paredes no tienen color e incluso el jardín exterior tiene un aspecto fantasmagórico. Apenas hay cuadros: tan sólo una obra de Zao Wou-ki y un cuadro chino que representa, más o menos, un caballo y que parecen estar allí por casualidad: «No extraiga ninguna conclusión de ellos». El único objeto digno de mención es una enorme y flamante radio nueva: al igual que muchos poetas y muchos pintores, Michaux prefiere la música.


Detesta las entrevistas y parecía incapaz de recordar por qué había accedido a conceder esta. «Pero ya que está aquí, puede empezar». Se sentó de espaldas a la luz, de modo que resultaba difícil verlo; se protegía el rostro con la mano y me observaba receloso por el rabillo del ojo. Nada de fotografías, e incluso se niega a que se realice un dibujo de él para publicarlo junto a la entrevista. A su juicio, los rostros ejercen una fascinación atroz. Michaux escribió: «Un hombre y su rostro es un poco como si estuvieran devorándose mutuamente sin cesar». En una ocasión, cuando un editor le solicitó una fotografía para publicarla en un catálogo junto a las de los demás autores, le contestó lo siguiente: «Escribo con el fin de dar a conocer una persona que, viéndome, nadie habría podido sospechar jamás que existiera». Esta frase se publicó en el espacio destinado a su retrato.

Sin embargo, el rostro de Michaux es dulce y agradable. Es belga, nacido en Namur en 1899, y aunque exhiba la tez pálida de las gentes del norte, y algo de su flema, su semblante también puede iluminarse con una amplia sonrisa flamenca; y tiene una inesperada y encantadora risilla.

¿Ha suplantado para Michaux la pintura a la escritura como medio de expresión?

En absoluto. En los últimos años he realizado tres o cuatro exposiciones y he publicado tres o cuatro libros. Desde que hice mía la pintura hago más de todo, pero no al mismo tiempo. Escribo o pinto en períodos alternos. Empecé a pintar a mediados de la década de 1930, en parte como consecuencia de una exposición de Klee a la que asistí, y en parte a causa del viaje que hice a Oriente. En una ocasión, estando en Osaka, le pedí a una prostituta que me orientara y, para indicarme, me hizo un dibujo adorable. En Oriente todo el mundo dibuja.


El viaje supuso una experiencia capital en la vida de Michaux: de él nació Un bárbaro en Asia, además del descubrimiento de todo un nuevo ritmo de vida y creación.

Siempre pensé que habría otra forma de expresión para mí, pero jamás supuse que sería la pintura. Pero bueno, siempre me equivoco cuando se trata de mí. De joven estaba seguro de que quería ser marinero, y lo intenté durante una temporada; pero, sencillamente, no tenía el vigor físico necesario. Tampoco pensé nunca en escribir. C'est excellent, il faut se tromper un peu.

Por lo demás, me irritaba la parafernalia de la pintura. Los artistas actúan como prima donnas; se toman a sí mismos demasiado en serio, y tienen toda esa parafernalia: los lienzos, los caballetes, los tubos de pintura. Si pudiera elegir, preferiría ser compositor. Pero hace falta estudiar. Si hubiera algún modo de colocarse directamente ante un teclado… La música incuba mi insatisfacción. Mis dibujos a tinta grandes ya no son más que ritmo. La poesía no me satisface tanto como la pintura, pero es posible que existan otras formas.

¿Cuáles son los artistas que más importan para Michaux?

Me encanta la obra de Ernst y de Klee, pero por sí solos no habrían bastado para que yo empezara a pintar en serio. No admiro tanto a los estadounidenses, como Pollock y Tobey, pero lo cierto es que crearon un clima en el que podía expresarme. Son instigadores. Me concedieron la grande permission; sí, sí, eso es, la grande permission. Del mismo modo que no apreciamos tanto a los surrealistas por lo que escribieron como por autorizar a que todo el mundo escribiera lo que se le pasara por la cabeza. Y, por supuesto, los pintores clásicos chinos me enseñaron lo que se podía hacer con sólo unos pocos trazos, con sólo unos pocos signos. Pero no creo mucho en las influencias. Uno disfruta escuchando las voces de la gente en la calle, pero no resuelven tus problemas. Cuando algo es bueno te distrae de tu problema.

¿Sintió Michaux que su poesía y su pintura eran dos formas diferentes de expresión de una única cosa?

Ambas tratan de expresar una música. Pero la poesía también trata de expresar una verdad no lógica; una verdad diferente de la que se lee en los libros. La pintura es distinta; no tiene nada que ver con la verdad. En los cuadros creo ritmos, como si bailara. Eso no es una vérité.


Le pregunté a Michaux si sentía que su experiencia con la mescalina había tenido alguna consecuencia sobre su arte más allá de los dibujos que realizó bajo sus efectos, a los que denomina «dibujos mescalínicos» y que, con su hipersensible concentración de líneas insustanciales, como filamentos, en determinadas zonas ofrecen un aspecto muy distinto del que presenta la obra enérgica y abrupta que realiza en condiciones normales. «La mescalina incrementa tu atención por todo; por los detalles, por sucesiones tremendamente rápidas.»

Al describir una de estas experiencias en su reciente libro Paix dans les brisements, escribió:

Mi desazón era grande. La devastación era mayor. La velocidad era aún mayor… Una mano doscientas veces más ágil que la mano humana no habría bastado para seguir el acelerado curso de aquel inextinguible espectáculo. Y no se podía hacer nada más que seguirlo. Uno no puede concebir un pensamiento, un término, una figura, para elaborarlos, para que le sirvan de inspiración o de punto de partida para improvisar. Toda la energía se agota en ellos. Ese es el precio de su velocidad, su independencia.

También habló de la distancia sobrehumana que sentía bajo la influencia de la mescalina, como si pudiera observar la maquinaria de su propia mente desde cierta distancia. Esta distancia puede ser terrible, pero en una ocasión se tradujo en una visión de beatitud, la única de su vida, que describe en El infinito turbulento: «Contemplé miles de deidades […]. Todo era perfecto […]. No había vivido en vano […]. Mi existencia fútil y errabunda ponía pie, por fin, en la senda milagrosa…».

Este momento de paz y satisfacción carecía de precedentes en la experiencia de Michaux. No ha tratado de repetirlo: «Ya es bastante que haya sucedido una vez». Y no ha tomado mescalina en más de un año; al menos no «que él sepa». «Quizá la tome otra vez cuando vuelva a ser virgen», dijo. «Pero este tipo de cosas deberían experimentarse sólo de vez en cuando. Los indios fumaban la pipa de la paz únicamente en las grandes ocasiones. Hoy día la gente fuma cinco o seis paquetes de cigarrillos al día.


¿Cómo se puede experimentar algo de este modo?

La habitación había empezado a quedar a oscuras y, en el exterior, los árboles del jardín gris parecían pertenecer al fangoso territorio metafísico que describe en Mes propriétés. Señalé que en su obra apenas aparece la naturaleza. «Eso no es cierto», dijo. «En cualquier caso, los animales sí. Adoro los animales. Si alguna vez voy a su país, será sin duda para visitar los zoológicos» (su única visita a Estados Unidos la hizo siendo marinero en 1920, y sólo vio Norfolk, Savannah y Newport News).
En una ocasión, con motivo de una de mis exposiciones, pude disponer de dos horas libres en Francfort y escandalicé al director del museo pidiéndole que me enseñara el jardín botánico en lugar del museo. Lo cierto es que el jardín era adorable. Pero desde la experiencia con la mescalina los animales ya no me inspiran ningún sentimiento de fraternidad. El espectáculo de mi mente trabajando me hizo de algún modo más consciente de mi propia mente. Ya no siento empatía con un perro, porque él no tiene mente. Es triste…

Hablamos de los medios que utiliza. Aunque trabaja con óleo y acuarela, prefiere la tinta china. Son típicas de Michaux las grandes hojas blancas de papel de dibujo tachonadas por completo de pequeños nudos negros muy marcados, o con figuras vagamente humanas desperdigadas que evocaban alguna batalla o peregrinación desesperanzada. «Con la tinta china puedo hacer pequeñas formas muy intensas», decía. «Pero tengo otros planes para la tinta. Entre otras cosas, he estado pintando cuadros con tinta china sobre lienzo. Me entusiasma, porque con una misma pincelada, en un mismo instante, puedo ser al mismo tiempo preciso y difuso. La tinta es directa; no se corre ningún riesgo. No tienes que luchar contra las prisas del óleo, con toda la parafernalia de la pintura.»

En esos lienzos de los que habla Michaux suele pintar tres anchas franjas verticales utilizando poca tinta para producir un efecto desvaído. En ese medio difuso flotan docenas de figurillas desesperadamente articuladas: aves, hombres, tallos, animadas por la misma energía intensa de los dibujos, pero delineados de manera más deliberada.

Estos óleos parecen cumplir, mejor que sus demás obras, sus intenciones pictóricas tal como las formulaba recientemente en la revista Quadrum:
En lugar de una imagen que excluye a las demás, me habría gustado dibujar los momentos que, uno junto a otro, se suceden y conforman una vida. Exponer la frase interior, una frase que no tiene palabras, para que la gente vea una soga que se desenrolla sinuosamente y que acompaña íntimamente a todo lo que nos afecta, ya sea desde el exterior o desde el interior. Quería dibujar la conciencia de la existencia y el flujo del tiempo. Como cuando te tomas el pulso.

Publicada en ArtNews, marzo de 1961 y acá.

martes, 27 de enero de 2009

Programado como hindú

Jiddu Krishnamurti y David Bohm: ¿Qué es la realidad? ¿De qué forma nos condiciona la percepción? ¿A qué llamamos conciencia?
El pensador hindú y el físico estadounidense en Youtube. Además de el fragmento que añado a este posteo, también puede seguirse acá, acá, acá, y acá.



Intersección. El diálogo como privilegiada "zona de cruce", de contagios, de autocuestionamientos, ya sea entre dos discursos o como dialéctica de una narración. La más estimulante materia en tránsito. Soy demasiado adicto a ese devaneo, zig-zag de cautelas, complicidades, ataques y merodeos. A Ivy Compton-Burnett, a "Maldición eterna a quien lea esta páginas", a los mutuos sondeos (qué buen libro) entre Frank Miller y Will Eisner, las epifanías de Berenson, las memorias dialogadas de Buñuel o Raymond Klibansky.Como un buen verso, un diálogo efectivo siempre tiene algo de epifanía, ya por derroche, malentendido o provisoriedad.

domingo, 25 de enero de 2009

Cultura Web versus Software Studies


No se trata de eso ni mucho menos. Cultura Web, en tanto plataforma de investigación no se erige “contra” los Software Studies. Valga la aclaración de antemano para despejar fantasmas. Sólo que el objeto es diferente. Los Studies se erigen sobre la siguiente descripción

“Científicos sociales, filósofos, críticos culturales, teóricos de los medios y nuevos medios ahora parecen enfocarse en todos los aspectos del la revolución IT, creando un número de disciplinas como la cyber cultura, estudios de la Internet, teoría de los nuevos medios y cultura digital. Pero el motor que propulsa la mayoría de estos sujetos de investigación—el software—ha recibido poca o ninguna atención. Software todavía es invisible para la mayoría de los académicos, artistas, y profesionales culturales interesados en IT y sus efectos culturales y sociales. Pero si continuamos a limitar discusiones a nociones de “cyber,” o “digital,” o “new media,” o “Internet,” caemos en el peligro de siempre enfocarnos en los efectos y no las causas; lo cual aparece en la pantalla del ordenador en vez de los programas y culturas sociales que fomentan los productos. Por esto estamos convencidos que “El Estudio del Software” es necesario y nosotros invitamos a ustedes a ser parte de nuestros proyectos y actividades.”


Cultura Web, diversamente, centra sus investigaciones en la Web y sus enormes implicaciones culturales. ¿El huevo y la gallina? En parte: si el objeto de estudio es el software, las aristas de investigación se expanden de sobremanera (las implicancias del software se dispersan tanto más allá de la red), pero también se limitan (si el software es el centro desplazamos los conceptos, ideologías, estrategias y cosmovisiones que lo conforman, naturalizándolas, dándolas por definitivamente adquiridas). En Cultura Web estudiamos el software como producción cultural en tanto se trata de uno de los motores (el más importante) de la cultura en tiempos de Internet, pero no el único. Consideramos clave entender, desde otra perspectiva, cómo el software y no sólo él posibilitan eso que llamamos “pensamiento y cultura en red”, no (sólo) en cuanto especulación filosófica, esto es, a posteriori (Virilio, Serres) sino en cuanto taller de prácticas para el cual los efectos resultan tan importantes y simultáneos que sus causas. Parafraseando a Spinoza, hay que ver “lo que puede la red”.

viernes, 23 de enero de 2009

Presas del animismo tecnológico

Todavía no había terminado el siglo XX cuando Erik Davis escribió "Techgnosis", obra que se convirtió en una guía esencial para comprender ese amasijo de circuitos, cristales y espíritus ambulantes que abrieron paso al Milenio. En su libro, aún inédito en castellano, Davis bosquejó párrafos que anticiparon ideas luego cotidianas sobre el misticismo de la Red. Remediamos esta ausencia, en parte, con una entrevista que le realizó en 1999 el joven periodista inglés Mark Pilkington.
Lo que sigue es el fragmento de una entrevista originalmente publicada acá.


Erik Davis: Creo que los mundos de las imágenes arquetípicas, los sueños, el plano astral, el espacio chamánico o como quieran llamarlos, esos lugares son en parte sustentados por la conciencia humana. Estamos construyendo constantemente estos mundos sobre la marcha, así que no pueden considerarse reales; están cambiando todo el tiempo y reflejando nuestra imaginación mientras nos movemos por nuestra vida ordinaria. Hay que ver la manera en que la gente imagina las cosas en este mundo nuevo, cómo la tecnología le ofrece un extraordinario poder a ciertas formas de la imaginación. Pienso que hemos perdido las herramientas para navegar por estos mundos imaginarios a la manera antigua, estamos casi renunciando a nuestro cuerpo físico, pasando más y más tiempo en este espacio etéreo, sin idea de lo que estamos haciendo. El hecho de que todo esto va a traer consecuencias reales para el mundo resulta bastante obvio.

FT: Entonces, ¿piensas que estamos luchando por mantenernos a la par de nuestros propios desarrollos tecnológicos? ¿La tecnología está superando a la conciencia humana?

ED: La conciencia es una fuerza multidimensional, y el mundo de la imaginación popular, el mundo soñado de los dioses y espíritus está siendo dominado por la cultura industrial de las imágenes y la información. La tecnología que hace posible eso está vampirizando la atención y la energía que necesita para sostenerse a sí misma en una manera que se puede considerar demoníaca. Pero pienso que hay algunas finas reservas de conocimiento y conciencia que se están expandiendo actualmente, al menos en algunos grupos, mediante tecnologías que nos muestran cómo nuestros cerebros, y por lo tanto la realidad, trabajan y se mantienen.

FT: ¿Piensa que Internet puede estar desarrollando su propia conciencia?

ED: Por supuesto, uno se tropieza con esa idea todo el tiempo entre la gente más partidaria de esta cultura de la información. Es interesante porque este es uno de esos momentos en el que cuanto más racional y tecnológico seas, más terminas pensando en este tipo de ideas extrañas, como: ¿qué es la mente después de todo? Meramente el producto de esta máquina de carne. Y mientras Internet no es todavía tan sofisticada como el cerebro humano, la idea de que la conciencia puede emerger en un sistema de procesamiento de información de la suficiente complejidad es perfectamente razonable. En verdad, es una de esas ideas inevitables en este mundo nuevo -y una muy interesante, por cierto.


Yo espero el día, y no tengo casi dudas de que llegará, en que suceda algo en el mundo, algún comportamiento, fenómeno o evento de este tipo dentro de la Internet, que nadie sea capaz de explicar. Los sentimientos y las reacciones que la gente tenga al respecto, mostrará hasta que punto estamos dispuestos a aceptar, y temer, de que exista alguna especie de mente aflorando allí dentro. Tal vez no sea nada más que el producto de nuestras mentes trabajando en común -se puede especular indefinidamente con este tema.

FT: ¿Piensa que nos dirigimos hacia cierta clase de crisis ontológica?

ED: Sí, pienso que el mundo desarrollado está condenado a la aparición de ciertas extrañas formas reaccionarias. Entusiastas schizo síntomas -una creciente forma ruin y egoísta del darwinismo, defendiendo que sólo somos genes egoístas tratando de competir en un ambiente hostil. Estas viejas ideas serán recicladas en una forma más perniciosa. Pienso que nos vamos a encontrar relacionándonos interpersonalmente con máquinas, estén o no vivas o concientes de una manera en que los científicos puedan debatir, estaremos interactuando con cosas que tendrán esas cualidades. Eso cambiará la forma en la que experimentamos la vida, y al resto de la gente.
Esto está ya sucediendo con los juguetes de los niños -Furbies, Tamagotchis, etc. Aportan un cierto temor y excitación, y una ambigüedad acerca de la idea de la vida artificial. Conforme estas cosas se vuelvan más interactivas y adquieran mayor vida, estaremos abriendo paso a ese nuevo mundo. Soy de la opinión de que nunca superamos algunas de nuestras más profundas percepciones de la infancia, por lo que no me sorprendería que si la gente crece en ese mundo se adapte con facilidad al uso de interfaces más sofisticadas, que pueden tener un propósito banal, pero con una semblanza de personalidad. Creo que vamos a encontrarnos con futuras inteligencias artificiales personificados en personajes animados, a nivel de la cultura popular. Y con ellos vendrá también el miedo -recordemos que los aun relativamente poco sofisticados Furbies causaron una ola de pánico acerca de si estaban grabando conversaciones.
Hay un elemento de animismo en la tecnología actual que seguirá incrementándose -en los científicos que exploran la vida artificial, los niños que interactúan con juguetes inteligentes, en la relación entre ecología, tecnología y el medio ambiente- devolviéndonos a la forma que vivía el hombre paleolítico, a un mundo donde la propia naturaleza tiene vida.

FT: ¿Dónde dejará esta espiritualidad, basada en la nueva tecnología, a todos aquellos que no se suban al tren?

ED: Es interesante preguntarse en qué medida estamos siendo envueltos en una cierta obsesión hipertecnológica milenarista que, en realidad, se encuentra totalmente al margen de las experiencias vitales de la mayoría de la población en la Tierra. Que esto llegue a tener una dimensión religiosa no me sorprendería; que aquellos que tienen acceso a ese nivel se sientan poseedores de una cierta comprensión gnóstica, un acceso secreto que otra gente no posee. Que eso pueda llegar a convertirse en otra dimensión de la tensión social resulta extraordinario. Y también muy peligroso.

miércoles, 21 de enero de 2009

Fetichismo virtual y territorios anímicos

Dolcemare: Sí, sostengo eso: el objetivo de un land, de un sim, es proporcionar una atmósfera. Las ciudades y territorios de Second Life son proyecciones cerebrales. Por eso digo que su objeto es inducir un estado de ánimo, situar en un territorio visual en tanto mental. Los lands que simulan ciudades existentes intentan no distraerte, pero atraen a cierto tipo de usuarios. En lo personal prefiero los imaginarios retorcidos, los sitios construidos desde la ficción.

Napoleón: O sea que, según lo ves, la realidad en los metaversos es pura imitación.

D.: De hecho es así. Un land no es más que un dibujo en 3D, formas, colores. Por eso digo que hay lands que son logotipos, es como si ingresaras en el envase de un producto. Vas al sim del Louvre y estás consumiendo márketing de museo.


N.: ¿Y los lands que son más fantásticos, menos “realistas”, no son también una suerte de márketing de ideas, un mercado que trata de disipar su obviedad? Quien te vende un land, una isla vacía para que modeles, también está haciendo su negocio. Un lienzo en blanco es un producto sólo que de una elaboración diferente a una pintura.

D.: Los pienso como fetiches. Como el coleccionista que te pasea por sus obsesiones. Los mejores lands son obsesivos, alguien que fabrica su objeto de deseo. Están cargados de erotismo, aunque no sean manifiestamente sexuales. Pienso en Necronom VI, la colonia espacial inspirada en H.R. Giger.


N.: Transitarlo es una experiencia ¿no? Desde que me llevaste la primera vez, no dejo de alucinarme con su presencia vegetal, tentacular, tan cargada de referencias.

D.: Tiene muchísimos visitantes. Alguien creó un avatar llamado Oni Horan y desarrolló un proyecto. Lo pienso ahora como a un Des Esseintes, el protagonista de Á Rebours, de Joris Karl Huysmans: un esteta que crea un territorio para voluptuosidad de sus sentidos.


N.: ¿Un land puede ser arte?

D.:
Aún no lo es. No hay un sistema que lo sostenga en sí. No existen aún coleccionistas de lands (aunque los mejores productores de land a su modo lo sean), no existen instituciones que se interesen en ellos de forma sistemática, no conocemos un discurso que las contenga. Además, en proporción son pocos los lugares del metaverso (de los metaversos) que tienen un valor per se.


N.: ¿Y la recreación de un lugar existente no puede tener el valor al cual hacés referencia?

D.: Con la realidad, con el mundo físico, no se puede competir. Me gustan las exageraciones, las tergiversaciones. Rótterdam en Second Life, por ejemplo. Es otra ciudad: inspirada en aquella, posee una atmósfera maligna muy diseñada, una ficción sobre la ciudad de Real Life.

lunes, 19 de enero de 2009

Addenda: más sobre la antropología del olor


Comenzamos con esto en el posteo anterior. La digitalidad posterga el olfato, el tacto, el gusto. El avance de la vista y nuestros oídos los entroniza en un siempre desmesurado privilegio. Jamás pensamos lo suficiente en qué alarmantes proporciones nuestras experiencias siguen regidas /comandadas por la vista y nuestras audiciones. ¿No es tiempo de abrirnos más y más a la conquista de la demorada tríada?

Nuestro segundo avance en este blog: comenzamos con un breve fragmento de “Odolorogías, cosmologías” una vez más, del antropólogo francés David Le Breton.


“A veces el olor sirve culturalmente para pensar el mundo, para actuar sobre él. Lejos de una “visión” del mundo, una “olfacción” del mundo se impone entonces, una odorología antes que una cosmología. La carne de su universo emite una pluralidad de olores que los hombres tratan de controlar. Se trata de culturas olfativamente orientadas, allí donde la mayoría privilegia la vista. Los húmedas de Nueva Guinea hacen del olor un principio que actúa sobre el mundo. Los que emanan de preparaciones mágicas poseen un poder de acción propia. El Oktesap es un perfume que se lleva en una bolsita colgada del cuello y cuyo aroma tiene la propiedad de atraer los cerdos salvajes hacia el cazador. Se piensa asimismo que ese olor suave que acompaña al cabo del día actúa también durante la noche. Al alimentar los sueños del cazador, el perfume le trae suerte. Se traslada entre los mundos, opera tan bien en los sueños como en las actividades diurnas. Su uso le procura al individuo y a su entorno ‘menos una oportunidad de buena fortuna, de felicidad o de vida dulce, que la propia condición para esa existencia”.

sábado, 17 de enero de 2009

Los sentidos en un mundo software

Esta vez, programa doble de lectura: 1) una antropología de los sentidos en tiempos de cyberespacio y al modo de addenda 2) El sentido del cuerpo en tiempos de Second Life


¿Qué clase de experiencia construimos en épocas de cultura web? ¿Qué sucede con nuestros sentidos? ¿Asistimos a un desequilibrio general de sus posibilidades? ¿No desproporcionamos la atención de las posibilidades del cuerpo? Elisabeth Gilles entrevistó al antropólogo David Le Breton. Lo que sigue es una entrevista imperdible.

Una empresa californiana ha conseguido dos patentes que le reconocen derechos comerciales sobre embriones humanos obtenidos por clonación. Aparentemente, se trata de una buena causa. Resistirse a la cirugía estética se va a convertir pronto es heroísmo o un acto de inconsciencia. Tolerar el menor indicio de grasa, una actitud obscena. Y hacer el amor en la cama, una actividad desfasada porque en Internet el cibersexo florece. Es limpio, sin riesgos y no compromete a nada.
Son ejemplos inéditos de los posibles usos del cuerpo y no hay más que observar el mundo para conocerlos. En su obra "El adiós al cuerpo" (Editions Métailié), David Le Breton, profesor de sociología y antropología en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Estrasburgo, describe los excesos y derivas de lo que denomina "el extremo contemporáneo", que evoluciona entre la voluntad de control absoluto y el narcicismo.

¿Qué le lleva a decir que el cuerpo se ha convertido en un accesorio, una especie de kit?

La formidable convergencia de prácticas relativamente recientes, o cuyo éxito es reciente, hacen que el cuerpo sea vivido hoy a menudo como un accesorio de la presencia. Un material a bricolar para ponerlo a la altura de la voluntad del individuo. El cuerpo es un objeto imperfecto, un borrador por corregir. ¿Qué hace la cirugía estética? Se intenta cambiar el cuerpo para luego cambiar la vida. El culturismo va en la misma línea: no es cuestión de contentarse con el cuerpo que uno tiene, sino que hay que perfeccionarlo, controlarlo. Una tercera lógica está en juego: a falta de poder controlar la existencia en un mundo que se presenta cada vez más inaccesible, se controla el cuerpo. Una manera simbólica de no perder su espacio en el tejido del mundo y de procurarse un sentido, un valor, proyectos, etc.

¿No es paradójico hablar del adiós al cuerpo al mismo tiempo que se le exalta?

No. El cuerpo exaltado no es el cuerpo en el que vivimos, sino un cuerpo rectificado, redefinido. Una anécdota: durante una amplia investigación sobre el tatuaje y el piercing, llevada entre cincuenta alumnos de la universidad de Estrasburgo (la mayoría tatuados o con piercings), una de las estudiantes nos dijo, llorando, que después de haberse tatuado se sentía metamorfoseada, completa. Ella había colmado así un defecto que sentía desde la infancia. Este ejemplo nos indica que el cuerpo como tal no era suficiente para asegurarle una existencia plena. Hacía falta cambiarlo para que alcanzara una dignidad que no tenía. La misma lógica se encuentra en el culturismo, el transsexualismo, la moda de la cirugía estética, la importancia de los regímenes alimenticios, etc. El cuerpo es un objeto a someter, no a vivir como tal con alegría. Si el cuerpo fuera realmente libre, no se hablaría de él.


¿El problema no es el viejo dualismo occidental cuerpo-espíritu?

En parte. Pienso que el dualismo contemporáneo no opone el cuerpo al espíritu o al alma, sino al hombre con su cuerpo. Por eso hablo de un "alter ego". Se hace del cuerpo un socio que se mima o un adversario al que se le combate para darle la forma deseada. Las facciones radicales de la cibercultura americana van aún más lejos en este dualismo. Consideran que el cuerpo es despreciable en estos momentos en que podemos comunicarnos en cuestión de segundos de un extremo al otro del mundo. Nos hace perder el tiempo, enferma, está abocado al envejecimiento, a la muerte, etc. A sus ojos es un fósil, un anacronismo. Por eso sueñan con la posibilidad de que el espíritu humano pueda ser archivado en un disco de ordenador, volcado en Internet, es decir, piensan en la erradicación de la carne a favor de innumerables prótesis informáticas.

¿Qué vínculos existen entre la biología y la informática?

Estrechos, en la medida en que, sin los procedimientos de cálculo y de memoria informáticas, el proyecto genoma humano, por ejemplo, sería impensable. El ordenador multiplica al infinito el poder del hombre en la investigación científica, para lo mejor o lo peor, según las circunstancias. Por otra parte, biología e informática intercambian su vocabulario. El cuerpo humano es percibido cada vez más como una metáfora informática: se piensa que los genes programan las características físicas o psicológicas, que contienen información, etc. Una forma más de confirmar este fantasma que se cierne sobre el cuerpo humano, que se expresa hoy en algunas corrientes ideológicas que pretenden encontrar fundamentos genéticos ineluctables a todos los comportamientos humanos. Y por la misma regla de tres a construir una humanidad perfecta gracias a la intervención genética en el útero o a la cirugía genética.


¿En qué medida la tecnociencia transforma los datos antropológicos, como el límite entre lo viviente y lo inanimado?

La tecnociencia rompe las fronteras genéticas entre las especies, por ejemplo en lo transgénico. También rompe las fronteras entre lo viviente y lo inanimado, por ejemplo con la mitología de la vida artificial o introduciendo chips en el cuerpo humano. ¿Soy un hombre o una máquina? Este era el drama central de Blade Runner. Probablemente se convierta en una cuestión lancinante en el futuro, cuando la humanidad esté remendada con prótesis y chips en su búsqueda desesperada para suprimir la muerte.

Las cuestiones que suscita la tecnociencia, ¿no se sitúan más bien en el ámbito de la economía?

Es uno de los aspectos del problema, pero no es el único. Es verdad que las investigaciones transgénicas las desarrollan frecuentemente empresas privadas que sólo persiguen el beneficio al ultranza, y no la preservación de los recursos naturales para las generaciones futuras.

Usted cita esta frase de Levi-Strauss: "los últimos refugios de la trascendencia se encarnan en la biología". ¿Qué significa esta afirmación?

Alrededor del proyecto secuencial del genoma, florece un discurso científico de maestría absoluta. El desciframiento del genoma pretende, según algunos de sus promotores, facilitarnos todas las claves no sólo de las enfermedades, sino también del comportamiento humano. Asistimos así a un delirio de prepotencia inquietante porque se trata por lo general de personas que disponen de un gran poder. Este discurso de perfeccionamiento del cuerpo es un discurso religioso del que algunos científicos son los profetas o los apóstoles.


¿A qué nos enfrenta la cibersexualidad?

A la abolición del cuerpo en la relación con el otro. El otro es descartado a favor de los signos de su presencia. El puritanismo se conjuga con el mito de la salud perfecta. La sexualidad sin cuerpo elimina cualquier riesgo de contaminación o de encuentro y no aporta nada al confort de la vida cotidiana. Desaparece la necesidad de salir de uno mismo y de someterse a la seducción y al encuentro con el otro. El cuerpo del otro será un día un disquete, un fichero, un programa, un site. Eros electrónico. Para algunos defensores de la cibercultura americana, la sexualidad está superada y la perciben incluso como insípida.

¿Qué limites ha de tener la tecnociencia?

La cuestión del gusto por la vida me parece fundamental. El progreso de la ciencia, ya se sabe trágicamente hoy, no tiene nada que ver con el progreso moral. Las técnicas no son sino medios, pero tienden a convertirse en un fin por sí mismas. Cuando vemos lo mal que se vive en las sociedades occidentales, el miedo al futuro, el abismo terrible que separa a ricos de pobres, a las sociedades occidentales de las otras, sólo puede llegarse a la conclusión de que hay que hacer una pausa, de tomar tiempo para vivir. En este mundo en el que las técnicas abundan, el sentido desaparece. La felicidad de los hombres no se teje con la acumulación de técnicas, sino en el sentido que damos a la existencia.

Condensado de la entrevista original publicada en la revista Construire, nº 19, 09-05-2000. Puede leerse también acá.

El sentido del cuerpo en tiempos de Second Life


La era de Second Life

En sus trabajos, David Le Breton se suele asomar a la relación que mantiene la sociedad con el cuerpo. “Hoy, intervenimos en nuestra carne, sobre nuestra piel, de un modo mucho más sutil que en el pasado. Los motivos principales también han cambiado: herirnos, cambiarnos, tatuarnos... El cuerpo es cada vez más la expresión del alma. Una medida de nuestro mundo”. ¿Y qué dice del mundo virtual, el de Internet? “Me permito pensar que lo dicho se aplica a este mundo con más razón aún. ¿Conoce Second Life? En ese programa, podemos inventarnos un nuevo cuerpo, incluso dotarnos de un cuerpo de otro animal.” ¿Y cómo ve este profesor el cuerpo, el mundo, y su propio cuerpo en el mundo? “Soy antropólogo, y la antropología reposa sobre un principio básico: todas las personas son iguales. Combatir el racismo es uno de los primeros deberes del antropólogo, y del Hombre antes que nada. Nuestra piel, nuestro cuerpo, deben servir sólo de metáfora, de filtro semántico”.

Fragmento de entrevista de Filippo Lubrano que puede leerse íntegra acá.

jueves, 15 de enero de 2009

Recuerdos digitales

¿Tenemos dos memorias? ¿Una memoria selectiva?
En el fotolog de Román Vitali encuentro esta foto. Presupongo que es Rosario, los sillones me son familiares. Nancy Rojas acaricia sus párpados. ¿Cuándo fue? Ni idea.
No puedo acordarme.


En una carpeta de mi máquina encuentro estas imágenes del desierto de Angara, en Second Life. Y recuerdo con precisión el momento, las luces, los sonidos. Con el paso del tiempo la memoria se unifica. Haber estado en Angara virtual no se compara ni remotamente con haber podido conocer Angara unplugged. Sin embargo, ambas existen, y en la percepción que resguarda la memoria, ambas tienen su potencia.


Cuando jugaba al Doom, soñaba con muchas locaciones como si hubiera estado ahí, físicamente. A medida que los entornos 3D se perfeccionen (lo que no significa que deban volverse más realistas) la memoria de los espacios se volverá indiscernible.
En cierto modo, ya sucede.

martes, 13 de enero de 2009

Mahna-Mahna: el primer hit viral

Sólo Youtube genera este efecto: Los Muppets (Henson, su creador, y Joe, Stone & Hart Raposo, sus compositores) pusieron en órbita esta canción (Mahna-Mahna) en 1969, que en verdad es mucho más que música: es performance, es music hall, una pequeña cosmovisión. Hoy es una avalancha de covers. Ni los Beatles tienen tantas versiones de un tema: culturas de todo tipo, estilos de los más insospechados. Todos tienen su modelo de hit viral.


Youtube permite que podamos disfrutar, una tras otra, de las tantísimas versiones de Mahna-Mahna. ¡No te las pierdas! La original, Plaza Sésamo, mi preferida, un cover clásico, una versión de piñata, Mario Bros, versión presidencial, Star Wars, Mr. Mo, versión Beth, animé digital, de oficina, Cake, trío deforme, Firmin Crets, Greg Solomon, Drunk version, animada, suburbana, de garage, Piratas del Caribe, Making off, de living, con manos cantantes, de fiesta de cumpleaños, callejera, ¡versión persa!, Matrix, Beatles, Homies, versión punk (recomendada), grupal, telefónica, notera, de conquista,skater, Crazy Frog, animé, ventanilla, con frazadas, escolar, monstruos navideños, más monstruos, y más, y más, Goober dance, Sophie & Angie, más bebés, Mike Mozart, de fans, Rusty Wallace, intergeneracional, 300 (versión espartana), DJ Solo, Rock & Ring Version, Sexteddies, Mit Socken, Panzas, Señoras de rojo, con corbatas, entre amigas, más amigas, más animadas, hiper remix, más títeres, tocadiscos, videojuego, karaoke, de vacaciones, Sandra Bullock, Steve, CKT, gemelos, Sock Brothers, Barbie & Kent, Shadow, y más, y más, y más...

Mahna Mahna

Song by Mahna Mahna and the Snowths


Mahna mahna (ba dee bedebe)
Mahna mahna (ba debe dee)
Mahna mahna (ba dee bedebe badebe badebe

dee dee de-de de-de-de)

(repeats)

Mah mama na mahna mah

namwomp mwomp ma mo mo mana mo


Mahna mahna (ba dee bedebe)
Mahna mahna (ba debe dee)
Mahna Mahna! (ba dee bedebe bedebe badebe

debe de-de de-de-de)


(long pause)...mahna mahna?

domingo, 11 de enero de 2009

La multitud es el talismán de nuestro tiempo


El nortamericano Mark Dery es crítico cultural y autor de “Velocidad de Escape” (Siruela) y “The pyrotechnic Insanitarium”. Dery ha centrado su trabajo intelectual en las nuevas tecnologías y sus significados sociales.

¿Podemos describir a Facebook como un nuevo eslabón en la cadena de los antiguos chat room como IRC, o servicios de mensajería como ICQ y Messenger?

“Bien, IRC era más bien una tecnología de transmisión uno-a-uno, mientras que Facebook es una tecnología de transmisión de uno-a-muchos de largo alcance. Hablando en términos evolucionistas el ancestro inmediato de IRC fueron las radios de banda ciudadana. Facebook echa abajo las barreras de los chat rooms de los noventa”.

A principios de los 90 la mayoría de las fantasías tecnológicas se vinculaban a robots y velocidad en el transporte. ¿Cuál cree usted que es el nuevo ícono?

“La multitud es en talismán de nuestros tiempos. La colmena, el nido de termitas o el arrecife de coral: colonias de organismos que se ensamblan a sí mismos en estructuras. La naturaleza es la nueva cultura, lo que no es algo muy nuevo. En la década de los 90 Kevin Kelly predicó el evangelio de las redes descentralizadas versus el paradigma del control jerárquico. Ahora el aire se ha hecho espeso con la circulación de ideas como la “sabiduría de las multitudes” y el “periodismo ciudadano” de los blogs. La multitud ha evolucionado desde la temible turba de fines del siglo XIX demonizada por el psicólogo social francés Gustav Le Bon en “La psychologie des foules” hacia la “masa inteligente” del libro de James Surowiecki “Wisdom of crowds” (La sabiduría de las multitudes).

¿Está la tecnología de la información cada vez más relacionada con asuntos “inútiles” o con la mera entretención más que con información relevante?

“No. Si bien es cierto que hay montones de información clamando por nuestra atención, también lo es que nunca antes existió un acceso tan grande a “información útil o relevante” como en la actualidad. Por un lado nuestars vidas son un libro abierto y la usurpación de identidad es una amenaza constate; pero del otro lado del regateo orwelliano y a pesar de la administración Bush y su manía por atentar contra la libertad de información y promover el secretismo (manías que ha dejado a Nixon como modelo de transparencia) la red de internet hace posible que ciudadanos comunes penetren en los santuarios del poder como nunca antes pudieron hacerlo, Entonces para auqellos adictos a saberlo todo esta es una edad de oro. In los 60 J.G. Ballard, el autor de ciencia ficción dijo que le gustaría saber que fue lo que pidió de comer cada condenado a muerte para su última cena. La web ha eschuchado sus plegarias”.

Leído acá.

viernes, 9 de enero de 2009

¿Second Life es más underground digital?


Napoleón: Es la misma zona, contracultural o subcultural, como quieras llamarla. Aunque entender la diferencia es imprescindible.

Dolcemare:
¿Qué diferencias advertís entre una y otra?

N.: ¿Entre contracultural y subcultural? La primera suele ser más visible, presenta una visibilidad de choque. La presencia de la disputa está presente: es la misma fortaleza la que quiere tomarse por asalto. La subcultural exige un desplazamiento: es una fundación “por fuera de”. Ésta última siempre traza una frontera. La primera quiere borrarla.


D.: Entonces ¿qué encontramos más en Second Life? ¿Contracultura? ¿Subculturas?

N.: Las dos. Veo algo parecido a lo que sucede con el concepto de underground. Para muchos Second Life es un underground digital. Y éste puede practicarse de dos formas. Una, subculturalmente: como lo planteás en muchos post tuyos, mundos dentro de mundos. Mundos que no quieren fusionarse, que deciden preservar su autarquía, su inasimilación. Pero seguramente hay más de lo otro: muchos productores culturales que, como no consiguen su sitio en el mundo físico, realizan sus proyectos en los metaversos a modo de borrador. Ocurre lo mismo con el periodismo digital. Están aquellos que apuestan por la plataforma web y la consideran su medio, dejando atrás el soporte papel. Y aquellos otros, muchos, que consideran la red como un campo de pruebas para luego intentar dar el salto a los medios tradicionales.

D.: Dos políticas de anfibiedad contrapuestas.

N.: Cuando irrumpió el cine, no fueron pocos los que consideraron ese medio como un hermano menor del teatro. Teatro registrado.


D.: Pero , los proyectos culturales que vemos tanto en Second Life ¿te parecen contraculturales? ¿Cómo ves esto?

N.: Algunos sí. Es muy importante estudiar cómo se establecen las diferencias entre un mundo y otro. Linden Lab establece muy claramente la taxonomía de actividades, podés leerlas en el menú de cualquier avatar. Estas son: construir, encontrar, explorar, comprar, alquilar, vender, formar grupos, o bien poseer habilidades en texturas, modelado, ejecución de script, en arquitecturas, en planeamiento de eventos o en la personalización de personajes.

D.: ¿Coincidís con esta clasificación?

N.: El tema es cómo interpretás cada una de estas actividades. El “para qué”.


D.: El sentido (buscado) de las acciones.

N.: El sentido de Second Life. ¿Para qué te pasás tantas horas en este software? ¿qué estás haciendo? ¿se trata de tu pasatiempo? ¿de tu negocio? ¿de tu terapia? ¿un proyecto de investigación? ¿con qué fin? De hecho los avatares se reúnen en grupos según los fines que abracen.

D.: ¿Y en tu caso?

N.: Second Life para mí es algo serio. Algo que no comparto con la mayoría de los usuarios. Para mí el underground siempre fue un campo de experimentación no oficial. El sitio donde se generan, por contraste, las experiencias más interesantes.

miércoles, 7 de enero de 2009

¿Qué es Cultura Web?

En varios sitios circuló la noticia: en el invierno pasado (hemisferio sur) tuvo lugar el seminario intensivo 98,5% en el Centro Cultural Ricardo Rojas de Buenos Aires, totalmente dedicado a la Cultura Web. Como después se supo, éste es el nombre con el que se denominó a un área en formación sobre la que tendremos noticias en los próximos meses.
Mientras tanto, una serie de posteos (no sucesivos) darán algunas pistas.
Para comenzar, si bien poseen muchos puntos en común, Cultura Web no es (ni mucho menos) una versión local de los Software Studies.


Estudios del Software es una nueva rama de investigación que comienza a surgir. El primer libro que usa este término en el título fue publicado por MIT Press en Junio del 2008 (Matthew Fuller, ed., Software Studies: A Lexicon). La iniciativa de Estudios del Software pretende tomar un papel clave en establecer esta nueva rama de investigación. Los proyectos completados serán modelos de cómo estudiar efectivamente “La Sociedad del Software.” Por medio de talleres, publicaciones, y conferencias dirigidas en UC San Diego y distribuido por medio de la Red y publicaciones de impresa, nosotros proporcionaremos la visión extensa de los Estudios del Software. Pensamos sobre el software como una epidermis que se introduce en todas las áreas de la sociedad contemporánea. Por eso, si nos interesa entender las nuevas formas de control, comunicación, representación, simulación, análisis, toma de decisiones, memoria, visión, escritura e interacción, nuestro análisis no puede estar completo hasta que consideremos la epidermis del software. Al ser el primer centro enfocado en la investigación del software, la iniciativa Estudios del Software en UC-San Diego tiene la oportunidad única de modelar cómo la epidermis del software será entendida por otras universidades, programas y centros de investigación en los próximos años.

sábado, 3 de enero de 2009

Ver o perecer. Ángel Faretta y su "Espíritu de simetría"

Publicado hoy en la revista Ñ.

"Modernidad y celuloide". Polemista agudo, Ángel Faretta es una voz central para la crítica cinematográfica argentina. Un libro reciente recopila sus artículos publicados durante casi una década en la revista Fierro.


En la foto, Farreta (izquierda) junto a Luis Chitarroni

“La perfección de un animal, la supremacía del ser pensante ¿no se miden por la penetración y el poder sintético de su mirada? Tratar de ver más y mejor no es, pues, una fantasía, una curiosidad, un lujo. Ver o perecer”. La cita del filósofo y teólogo francés Teilhard de Chardin (a la vez una declaración de principios y una guía) inicia Espíritu de simetría, indispensable volumen de 574 páginas que reúne todos los ensayos, críticas y textos teóricos que Ángel Faretta publicó en la primera época de la revista Fierro, a lo largo de 81 números entre 1984 y 1991. Resulta claro, no estamos frente a un manual-fetiche para cinéfilos (“la cinefilia es la enfermedad infantil del cine y su concepto” nos advierte en el prólogo) sino ante una obra mayor.
Releídos tantos años después confirmamos lo que ya sabíamos: no sólo no han envejecido, sino que contrario sensu y progresivamente se vuelven más necesarios y urgentes.
La cuidada edición respeta la cronología inicial, lo cual es un acierto: el lector puede revisar, texto a texto (es decir, lo que originariamente fue entrega tras entrega) como Faretta supo elaborar una zona propia dentro de una publicación dedicada, básicamente, a la circulación de historietas. Un espacio de reflexión y análisis único en cualquier tipo de publicación, esto es, la construcción de una teoría singularísima que muy lejos de limitarse a examinar el estado de una industria y sus novedades, recorre exhaustivamente decenas de tópicos hasta transformarse en una Summa estética y también política.
Si el autor oportunamente declaró que “el cine ajustó cuentas con el Renacimiento y el romanticismo” del mismo modo a la teoría farettiana no sólo discute con “el estado crítico de una época” sino que se interna en “un omniabarcativo panorama de una poética crítica de la modernidad”: de las ficciones antiutópicas a la imaginación criminal, de la ciencia-ficción al esoterismo, de la literatura de viaje a autores como Ballard, Bioy Casares, Lowry, Simenon, Beckett, Walsh, Poe, Borges y Michaux, entre tantos otros.
Quienes intenten descubrir en este libro un archivo de “crítica cinematográfica de los ‘80” se encontrarán con una apuesta que, ya desde las primeras páginas, avanza en una dirección tanto más ambiciosa y felizmente peligrosa: “crítica es una escritura que se interroga por una certeza que está más allá de toda escritura” asevera Faretta mientras acumula minuciosos estudios sobre los mejores autores de films “en activo” (un “casting teórico” y una tradición en curso que implica –entre otros- a Francis Ford Coppola, Brian de Palma, William Friedkin, John Carpenter y James Cameron, quinteto clave para lo que denomina “autoconciencia del cine”) pero también sobre sus antecesores (clásicos como Alfred Hitchcock, Howard Hawks, D. W. Griffith, Vicente Minnelli, Orson Welles, Fritz Lang, Douglas Sirk o John Ford); así como también otros directores con cuyas obras Faretta presenta hoy inconciliables diferencias como (por citar algunos) Scorsese (quien le inspiró el concepto de signo medúseo), Bertolucci, Eastwood, Huston y Wenders. Invariablemente activa e implacable, la visión del autor de El saber del cuatro se revisa a sí sin escatimarnos los materiales originales.


Espíritu de simetría se complementa y sirve de base a El concepto del cine, publicado hace tres años. El lector atento e interesado podrá deleitarse observando como ideas clave en el pensamiento del crítico (sirva de ejemplo la tríada “fuera de campo”, “principio de simetría” y “eje vertical”) se van complejizando y perfeccionando a medida que avanzan las páginas.
Muchos libros en uno: si en sus primeras colaboraciones para Fierro parece mostrarse más atento (aunque también inflexible) hacia el contexto (con las películas en cartel, con la emisión de los seriales televisivos), en forma sucesiva van ganando más y más lugar sus cardinales dossiers temáticos, a su modo concentrados cursos y seminarios sobre tópicos tan diversos como la necesidad de la trama, las posibilidades de la cámara subjetiva, las decadencias del realismo, el mito y la alegoría en relación con el cine, el tema del héroe, la estética y el Mal, y la lista continúa. Espíritu... sin duda es, a su modo, una suerte de autobiografía de la teoría (y también de la enseñanza) farettiana.
Como él mismo, polemista de humor implacable, se encarga de enunciar: una teoría de la modernidad o del mundo moderno a través del cine.

La portada es de la edición limitada de Espíritu de simetría.