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lunes, 3 de octubre de 2011

El ensayo como ficción / La ficción como ensayo


Por Rafael Cippolini
Jueves 6, 13, 20 y 27 de octubre de 10:30 a 12:00. Biblioteca.


Inscripción en recepción a partir del 22 de septiembre, de lunes a domingos (excepto los martes) de 12:00 a 19:30.

¿Puede el ensayista determinar nuevos límites para la ficción? ¿Por qué la narrativa sigue saqueando las estrategias de la ensayística? ¿Nuevos géneros híbridos a mitad de camino entre ensayo y narrativa? ¿De qué modo reutilizar el ruido ficcional de los medios como materia prima de inéditos modos de reflexión? En tiempos de cultura web y de permanentes reformulaciones virtuales, ¿bajo qué formas establecer certezas con materiales no del todo probables?

Si toda una generación moderna se abocó a tensionar los límites entre ensayo y ficción en una práctica simultánea (Bataille, Borges, Huxley, Martínez Estrada, Gombrowicz, Sartre, Blanchot, Connolly, Lezama Lima), si otra generación se dedicó a imprimir más desafíos a estas geografías de escritura (Sontag, Sollers, Mailer, Sarduy, Arbasino, Libertella, Correas, Eco, Perec, Thompson), y en las últimas dos décadas se fueron progresivamente multiplicando las pruebas de convivencia y mutua exploración desde las disciplinas y formas más diversas (Magris, Calasso, Aira, Baudrillard, Vila Matas, Chitarroni, Foster Wallace, Perniola), ¿cuáles son los desafíos inmediatos y futuros para la polémica interrelación de estas prácticas?

Jueves 6 de octubre a las 10:30
Jueves 13 de octubre a las 10:30
Jueves 20 de octubre a las 10:30
Jueves 27 de octubre a las 10:30

Dirección y contacto
Malba – Fundación Costantini
Avda. Figueroa Alcorta 3415
C1425CLA Buenos Aires, Argentina
T +54 (11) 4808 6500 | 6515
F +54 (11) 4808 6598/99

Visiten la C i p p o W e b

viernes, 11 de febrero de 2011

Así ensayo

Así como otros escriben canciones, filman películas o dibujan historietas, yo escribo ensayos. No existe mucha más explicación que esa. No es que me proponga de este modo desentrañar los misterios del mundo, sino al revés: intento proseguir el ritmo de lo que pasa por mi cabeza. Con eso me sobra. Sería una idiotez denominar a lo mío historia, literatura, crítica, filosofía o lo que fuera. Mis ensayos son una ecografía textual de la actividad de mi cerebro, y diciendo esto me disgustaría apartar de vista a mis sensaciones. Durante años escribí muchas cosas que no encajaban demasiado en nada. Redescubrir a Montaigne a tiempo fue una gran dicha. Seguramente llegué a él por Caillois, pero no estoy seguro. Fue entonces cuando supe cómo denominar a lo que hacía compulsivamente. No sé si necesito decirlo, pero mis curadurías son ensayos y ninguna otra cosa. Es decir, mi trabajo se limita únicamente a hacer ensayos, en toda la precariedad del término. Un ensayo es una prueba, un intento, una versión provisoria que seguramente será modificada por otras futuras. El ensayo es el arte de crear hipótesis, es decir, de proponer merodeos. Suposiciones. Es en este punto donde su parentesco con lo ficcional se vuelve tan patente. Diciendo que soy curador señalo mi particular compromiso con el arte contemporáneo: no soy un curador que escribe ensayos sino absolutamente al revés. Lo mío es escribir en cuadernos ideas que a veces saltan al espacio. En este sentido, la curaduría es una forma maravillosa para seguir aprendiendo de todo lo que me rodea.

viernes, 16 de julio de 2010

Las relaciones entre visualidad y virtualidad se redefinen ininterrumpidamente


Y también impúdicamente.
Si existe un pulso en nuestra cultura es este.
No sólo somos espectadores (el horror de Guy Debord). Somos también productores de visualidad.
Jamás como en los últimos tres lustros la virtualidad fue tan masiva.


Pues ese es otro punto clave: visualidad y masividad.
Son demasiadas voces.
No hay nada mejor que proteger que sean demasiadas voces.

Imágenes de Nur_Moo

sábado, 22 de mayo de 2010

Teorizar


Teorizar poco se parece a explicar.
Jamás creí que teorizar se determine en dar una respuesta.
Por el contrario. Soy de los que sostienen que no existe mejor narrativa que la teoría. Y al revés. La narrativa que más me entusiasma es incisivamente teórica. Es algo muy elemental: teorizar implica construir preguntas.
Cada teórico se define en lo que realiza con esas preguntas.


Leo a McLuhan:

“Soy un investigador que arroja sondas. Carezco de una posición o un punto de vista determinados.
Nuestra cultura sólo acepta a quienes se mantienen en posiciones fijas. El que se mueve y traspone límites es un delincuente y un belicoso. Todo explorador es cabalmente contradictorio. Nunca sabe en qué momento hará algún sorprendente descubrimiento. Carece de sentido hablar de coherencia respecto a un explorador, porque si éste se propusiera ser coherente no se movería de su casa.

No explico.
Exploro.”

miércoles, 12 de mayo de 2010

Taller Scanner Mundi


Taller Scanner Mundi
Otra antropología para las prácticas artísticas.
Dictado por: Rafael Cippolini
Centro Cultural de España Córdoba
Días de cursado: jueves 13 y viernes 14 de mayo de 10 a 14 hs.
Abre: 26 de abril

Tema:
¿Aquello que durante tres siglos conocimos con el nombre de estética es una especie en extinción? ¿Qué significa percibir en tiempos de inconsciente informático y cultura digital? ¿Con qué herramientas trazar un diagrama de las incesantes mutaciones en la ecología de las formas? ¿Por qué la Historia del Arte nos resulta hoy tan limitada? ¿De qué modo se manifiesta el nuevo tradicionalismo cuando las nuevas tecnologías se presentan más y más tribales? ¿Nuevos mitos, nuevos ritos?

Dirigido a:
Todos aquellos interesados en las estéticas contemporáneas, ya en el arte, la literatura, la crítica, el cine y las nuevas tecnologías.

miércoles, 21 de abril de 2010

Estética : Statement


No me interesa para nada la estética como contemplación, sino más bien como un poderoso y perverso manual de instrucciones que nos invita a utilizar el mundo de otra forma. ¡A ver qué hacemos con estos objetos!

Arte o no arte, artistas o no artistas ¿a quién le importa? La estética está en tus sentidos cuando ya no estás en la sala de exposición, cuando ya terminó la película, cuando la canción sucede sólo en tu cabeza.


La tecnología es otra oportunidad más para redireccionar estéticamente. Cualquier aparato es mi molino de viento: todos somos el Quijote.

‘Patafísica total: cualquier objeto o situación tiene su abracadabra que puede llevarte a un mundo, a otra Wonderland. Hay que ver si te animás a ir.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Serial Killer Conceptual


Azarosamente me encuentro con una revista (en formato PDF) de difusión de las actividades culturales de Reims. Como muchos saben, la ciudad es (entre tantas otras cosas) la cuna de Baudrillard y el paisaje en el cual Jarry descubrió la ‘Patafísica.
La leo distraídamente, hasta que me dejo asaltar con un párrafo que publicita las Jornadas Baudrillard. Leo:


"Estas manifestaciones saludarán al "filósofo destroy", "prophet of junk" y "serial killer conceptual", que analizó radicalmente nuestra sociedad de consumo.
Celebrarán al escritor ubuesco -próximo de Jarry-, al fotógrafo "objetor de visión", el letrista pop de la cantante japonesa Megumi Satsu, al ácido cronista del periódico Libération.
Presentarán al inspirador del cine de los hermanos Wachowski (Matrix), de los pintores simulacionistas de Nueva York (Jeff Koons, Peter Halley, o Meyer Vaisman), de coreógrafos, de creadores de moda y de músicos en cualquier parte del mundo.
De la novela cyberpunk a la música electrónica, pasando por la crítica social, la pintura o el cine, no existe un dominio de la cultura que no haya sido poderosamente irrigado por las fulgurantes intuiciones de Baudrillard."

Filósofo Destroy, Profeta Junk, Serial Killer Conceptual, Objetor de Visión.
¿Cómo podría no caerme simpático alguien que inspiró semejantes descripciones?

jueves, 21 de enero de 2010

Ensayo


El problema no es sólo terminológico, sino conceptual (y grave, realmente grave). Releo en el número de otoño del año pasado de la revista Otra Parte, un texto de Alejandro Grimson presentado en tapa como PAPER VS. ENSAYO. Vuelvo a adentrarme en esas líneas y a divertirme con la falsa disyuntiva: lo que Grimson denomina ensayo no puedo apreciarlo sino como una variación del paper. Montaigne no hubiera entendido esa forma, no la reconocería. No estoy haciendo un juicio de valor, sí una distinción básica. No se trata de una cuestión académica (por suerte, estoy fuera de esa dialéctica). No es un hecho aislado. En la selección 25 ensayos argentinos para descubrir, antología en la que también participó Grimson, escasea –y tanto- el ensayo.
Sin dudas, estamos hablando de otra cosa.

domingo, 22 de noviembre de 2009

contraepistemes



Por José Luis Brea

Una buena crítica ofrece marcos de lectura y comprensión del presente sólo en este sentido: en cuanto evidencia que esas prácticas que reconocemos como artísticas están de hecho desbordando lo que en cada ahora –en cada constelación epocal del valor, del saber- se constituye como marco de comprensión estabilizado.
Dicho de otra forma: lo que una buena crítica localiza es lo que hace que una buena práctica se comporte de modo no sólo inesperado o novedoso –sino estrictamente inasequible a su comprensión bajo los parámetros hasta ese momento aceptados, incluso aceptables.

Corolarios:

Primero: que no es fácil hacer crítica buena, interesante, cuando las prácticas no lo son, en tiempos –como los nuestros- de artes docilizadas. Y segundo: Que tampoco en épocas asentadas es fácil la crítica. Si lo segundo hace pensar que el nuestro, como tiempo de grandes convulsiones, es tiempo idóneo para la crítica, lo primero en cambio augura –o determina- su tremenda dificultad actual.

domingo, 4 de octubre de 2009

Ciberbomba


—Usted afirma que el mundo en el que vivimos es un sistema interactivo susceptible de acarrear catastróficas reacciones en cadena; en suma que estamos al borde de la ciberbomba...

Paul Virilio: En realidad me inspiré en una frase que Einstein dijo a fines de los años cincuenta, justo antes de morir. Rotunda y meridiana: hay tres bombas para el porvenir del hombre; la atómica —que viene de explotar—, la de la información —no existía aún la informática— y la tercera es la demográfica: El concepto me marca profundamente porque ya desde mi trabajo sobre la velocidad soy muy consciente de que la interactividad es a la información lo que la radioactividad es a la energía, vale decir una potencia colosal.
La bomba informática es amenazadora por su interactividad, por su dimensión cibernética; aclaro, no es la información la amenaza, sino la instantaneidad y la inmediatez que llamamos interactividad que se produce hoy día a nivel mundial donde existe un efecto de feedback cibernético absolutamente temible. Tal como puede observarse con la bomba atómica.
Por lo demás, los crack de las bolsas que giran por el mundo en estos momentos están vinculados a lo que llamo el riesgo sistémico, el conjunto de riesgos cibernéticos en los que un mercado empuja al otro en su caída y nos encontramos sin más ante la gran catástrofe, el accidente integral. Es la inmediatez de las cotizaciones automáticas la que favorece el crack instantáneo a escala mundial, sin hablar del bug del 2000, el de la datación de los sistemas de computación que corre el riesgo de sumergir en el marasmo y el caos la gestión en todos los campos, imagínese por ejemplo a todos los aeropuertos que dejaran de funcionar e intuya el resto.... Ahora recién comprendo los presentimientos del futurista Marinetti: la velocidad es la violencia en todos los ámbitos. Sería más que necesaria una economía política de la velocidad, o de lo que llamo la dromología, una disciplina que se interese en los estragos ocasionados por la velocidad. La bomba atómica de ayer, la genética de mañana no son concebibles sin la tercera, la bomba informática.


Hay que avecinar para comprenderlas el desorden sistemático de la economía con el desarreglo sistémico de la información. Después de la primera bomba, la atómica, susceptible de desintegrar la materia por la energía de la radiactividad, surge en este fin de milenio el espectro de la segunda bomba, la bomba informática, capaz de desintegrar la paz de las naciones por la interactividad de la información.
Aclaro que no estoy en contra de la técnica, no soy un ecologista que preconizo: volvamos al tiempo de la carretilla o golpeemos las manos en vez de hablar por teléfono. No, lo que digo es paremos de idealizar y de mitificar los objetos técnicos.
Siempre doy como ejemplo que cuando llegó el ferrocarril nos dijeron, será la democracia universal, y en Europa lo que trajo fue la primera guerra mundial, pues los alemanes acercaron sus tropas en tren. La guerra la ganaron los anglosajones y los franceses, que emplearon a su vez... camiones y dieron un paso más adelante en la destrucción.
La segunda, ¿cómo avanzaba?, a golpes de radio y de teléfono. Hitler grita, y De Gaulle le reenvía el objeto... con el programa radial "los franceses hablan a los franceses".
Lo que yo digo es: ¡atención!, cuando un objeto aparece siempre en forma inmediata será utilizado de manera tiránica, en el mal, y habrá que combatirlo, luchar nuevamente a la manera del combate entablado por Jacob y el ángel.

—Milenarismo obliga, ¿no será que cuando lo acusan de Casandra y de profeta tremendista no le disgusta tanto? En mi tierra suelen decir que de poeta y de loco todos tenemos un poco.


PV: Para mí no hay tanta diferencia. Pienso que los grandes poetas son también profetas. En ese sentido Kafka es un profeta, es uno de los más grandes escritores contemporáneos, para mí es el más grande, tanto en el sentido bíblico pues anunció Dachau, y también porque anticipó el siglo 20 con la mayor pertinencia.

—¿Más que Benjamin, Becket y tantos otros?

PV: Kafka es el primero porque tiene una responsabilidad profética extraordinaria a la vez respecto del pueblo judío, de la constitución de Europa, no sólo durante la guerra, sino con todo cuanto sucede ahora. Hoy por hoy cito en este momento mucho a Karl Kraus, que a la poesía suma la visión, y también a Holderlin, otro profeta, para nombrarle creadores muy diferentes que me inspiran respeto.

—El siglo lo empezamos con grandes loas al hada electricidad, ¿no podremos comenzar el siguiente alabando al hada informática? ¿Por qué de entrada tacharla de bruja de todos los demonios? ¿Por qué continuar en la tremendología, con una pizca de escalofrío apocalíptico..?

PV: Mire, no es por decir, pero Chernobyl se produce por la electricidad. Nuestro siglo es el de los grandes accidentes: Titanic y Chernobyl.


—¿Está de acuerdo en que se lo considere como uno de los analistas que efectúan el diagnóstico del estado y males que padecen las democracias?

PV: Sí, además es cierto, están muy amenazadas. En Francia por la extrema derecha del Frente Nacional, y en general, por los tiranos, las mafias y no sólo las que florecen en los países del este sino las que se desarrollan por todas partes. Pero también están amenazadas por la técnica, por la aceleración de la información: la mundialización amenaza las democracias. porque estamos tentados de establecer una democracia "live", en directo, que sería al voto lo que los sondeos son a la televisión. La gran amenaza de Internet es tomarlo por la democracia ideal, especie de megacerebro donde todo el mundo está conectado con todo el mundo y donde es suficiente formular una pregunta para tener de inmediato la respuesta. Eso es la negación de la democracia representativa en provecho de una democracia virtual, o de una democracia automática. El audimat es un buen ejemplo. Esto lo hemos visto a través de los proyectos de Berlusconi, de la influencia de los medios en el pensamiento político y del condicionamiento de los espíritus.
Repito que para mí la democracia es el tiempo de la reflexión en común y no el reflejo condicionado que supone el sondeo de opinión.
Las tecnologías de la interactividad nos conducen a una democracia interactiva cibernética que no será más representativa sino presentativa, que ya no será demostrativa sino mostrativa, es decir alucinante como son los medios. Basta mirar las campañas humanitarias o el teletón para imaginar lo que puede ser una democracia que se les parezca.

Fragmento de una entrevista de Luisa Futoransky que puede leerse completa acá.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Ensayo y ensayistas


1.

El ensayo (la práctica ensayística) definitivamente sigue más cerca de la escritura de ficción que de la burocracia del paper.


2.

Un ensayista (ese tipo de construcción de forma híbrida que se consolida con Montaigne) es, antes que nada, una voz. Quienes escriben papers, antes que nada, son demasiado cautos con la voz.


3.

Un paper es, más que nada, un tipo de circulación. O, para decirlo de otra forma, un modo de resignarse a una autoridad específica. En esto, la diferencia con el ensayo es radical.


4.

Un filósofo, un profesor de ciencias sociales, un historiador, un escritor de ficción, un politicólogo, un poeta, etcs miles, pueden dar cuenta de la mejor escritura ensayística. Los mejores ensayos son los que por derecho propio se sitúan por fuera de la filosofía, de las ciencias sociales, de la historiografía, de la ficción, de la politicología, etcs miles. Aunque esté construido con materiales de todas ellas.


5.

Al definirse como un trabajo sobre la voz, el ensayo es un trabajo sobre uno mismo: el ensayista rara vez se escuda en la “independencia narrativa” de un personaje (no suele decir: “no lo afirmé yo, lo dijo un personaje ficticio”). Por el contrario, un ensayista construye en su propia figura social (cultural) su campo de pruebas.

Continuará, claro.

martes, 22 de septiembre de 2009

'Patafísica Dossier (3)


Por María Arozamena para Clarín.

Rafael Cippolini y Carlos Grassa Toro, referentes claves de la actualidad ´Patafísica nos dan algunas pistas sobre la Ciencia de las excepciones y las soluciones imaginarias.

La entrevista empieza con Rafael Cippolini, también editor de la antología 'Patafísica. Epítomes, recetas, instrumentos y lecciones de aparato (Caja Negra, 2009) que se presentará el 23 de septiembre en el marco de las Jornadas.

¿Qué es la patafísica?

Como no se la puede definir, digamos cosas de las que un patafísico no podría sustraerse. Por un lado es un estudio exhaustivo de las condiciones de anormalidad de todo lo existente, incluso nosotros. Flaubert decía que si se mira mucho tiempo algo, enseguida aparece su rareza, y si se sigue mirando, se termina viendo el mundo.

Sería entonces un buen ejercicio para cualquier ser humano preguntarse: ¿Cómo se constituye mi anormalidad?

¿Esto tiene relación con lo monstruoso?

Sí, porque hay algunos modelos modernos que vinculan lo monstruoso con lo amenazante. Mientras que ni para la mitología, ni para las culturas antiguas era así. El monstruo podía ser generador de todo tipo de deseo. La mitología está repleta de los monstruos más sexys que puedan imaginarse. En nuestra cultura en cambio, el monstruo es Freddy Kruger, Frankenstein, Bin Laden. En definitiva ¿Qué constituye lo sexy? ¿Es un estamento social o es una condición de deseo excepcional? Podemos decir: Es el tipo más sexy del mundo y ser los únicos en creerlo. La construcción de otredad de la patafísica tiene que ver con ésto.

Las filosofías de causa final en el siglo XX están muy extendidas de exterminio y eso se da a partir de la construcción normalidad/ anormalidad y de estetización de la vida.


Si creés que hay ejemplares perfectos y ejemplares que no son perfectos, tenés un pensamiento peligroso por sus efectos y que está más extendido de lo que creemos. Incluso los estudios de tecnología de género, los estudios queer, implican cierta construcción de pauta que puede limitar la expansión de excepcionabilidad.

¿De alguna manera la patafísica desarma esa situación clasificatoria?

Sí, de una manera muy serena y amable.

Por otro lado, la patafísica también es una exploración profunda y exhaustiva de la inutilidad. Esto es complejo porque todos los saberes conspiran para que las cosas sean útiles. Eva García, mi maestra, decía que cuando uno verdaderamente comenzaba a explorar la inutilidad ya estaba obliterando cierta comodidad. Porque los sistemas de pensamiento nos vuelven muy cómodos, cierran sus sentidos muy rápido. Si pensamos en términos de inutilidad, ciertas incomodidades empiezan a atravesarnos. Pero son incomodidades amables. Por otro lado, la comodidad puede ser muy poco amable.


¿La 'Patafísica implica cierta rebeldía?

Irrumpe Carlos Grassa Toro: Ninguna rebeldía. Ni siquiera es interesante llevar la contraria. ¿Por qué llevar la contraria cuando simplemente basta con pensar en otra cosa?

¿Puede adelantarnos algo sobre la Conferencia y el taller que dará durante las Jornadas?

La Conferencia Popular no se tratará de 'Patafisica, por la sencilla razón de que no es un tema que pueda tratarse. Todo es 'Patafísica y usted no puede referirse a Todo con una parte de Todo. No quiero con esto desanimar a la candidata y al candidato a público del lunes 21; al contrario, animo a que se acuda en minoría para escuchar como la 'Patafísica sí puede decir acerca del resto, puede decir del universo pretendidamente real y del resto de universos complementarios que es capaz de crear nuestra conciencia pataphysica. Será Popular porque será el Pueblo quien decida su contenido. En última instancia se trata de reivindicar el latín del que procede conferencia: conferre: "llevar junto con".


En el Taller programado para el jueves 24, haremos Pataphysica a partir de una invitación para regar la vegetación hasta convertirla en semilla, en tierra, en deseo de vegetación, en la nada primordial. En vez de promover la producción acumulativa propia de estos eventos, el taller será un ejemplo, quizás un modelo, de eliminación.

martes, 25 de agosto de 2009

¿Qué es Cippodromo?


Mi cabeza puesta en objeto.
Cippodromo es un conjunto de hipótesis entrelazadas.
Red de hipótesis.
Hipótesis anfibias.
Es mi yo web.
Son exploraciones sobre los paisajes de mi yo web.
Una excusa para ofrecer linkeos.


Escritura en estado web.
Interrogantes sobre la cultura en tiempos de internet.
Un viaje a lo que queda de la estética.
Mi yo virtual.
Una edición de mis intereses.
Una antología temática.
Un ejercicio de apuntes de crítica cultural.


Una revisión de bocetos sobre glosarios de ciberculturas.
Una puesta en escritura de sensibilidad contemporánea.
Pura abdicación de la trampa-tentación del estilo.
Una excusa para ofrecer imágenes que me hipnotizan.
Juego de tiempo: diario personal y a la vez contextual.
Un depósito de rastros.

viernes, 24 de julio de 2009

Literatura, cultura pop y activismo

Pasado, presente y futuro de las nociones de autoría e intervención


HJ3: La Wikipedia describe el movimiento como una “reputación abierta”, dando a entender que el nombre Luther Blissett podía ser asumido y utilizado por cientos de participantes diversos. ¿Podéis explicar el concepto de “reputación abierta” y qué insinúa sobre la naturaleza de la autoría en la cultura contemporánea?

WM2. “Reputación abierta” significa que los diversos participantes en el juego del “nombre múltiple” no eran jirones de un conflicto de personalidad esquizofrénico, sino varias facetas de una sola identidad. Cada vez que tú utilizabas el nombre “Luther Blissett”, hacías algo más que adherir a un proyecto: te convertías en Luther Blissett, eras Luther Blissett.
En el planeta Tlön, el famoso mundo imaginario inventado por Jorge Luis Borges, “es raro que los libros estén firmados. No existe el concepto del plagio: se ha establecido que todas las obras son obra de un solo autor, que es intemporal y es anónimo.” Y no es por azar que según una de las escuelas filosóficas de Tlön, “todos los hombres que repiten una línea de Shakespeare, son William Shakespeare.”


Creo que Luther Blissett ha sido un experimento de filosofía práctica. Luther ha desafiado la creencia en el Autor como genio individual, recitando una fábula con moraleja sobre cómo funciona la creatividad efectivamente.
Nosotros creemos que cualquier autor es un autor colectivo.
Hace ya varios años, el mundo de la literatura supo que Raymond Carver no era realmente Raymond Carver. Los originales de Carver eran mucho más largos que las versiones que se publicaban. Las partes superfluas fueron eliminadas por su editor, Gordon Lish. Los finales de Carver, en realidad, eran los finales de Lish.
Se me ocurre una pregunta: ¿qué hubiera pasado si Lish no fuera un editor sino solamente un amigo de Carver? Imaginemos que Gordon Lish fuera un funcionario de correos que viviera enfrente de la casa de Carver. Una noche Carver llama a la puerta de Lish y le dice: “Vamos al bar a tomar una cerveza, necesito tu opinión sobre la historia que estoy escribiendo”. Carver lee el relato a Lish, y este le comenta: “Es buena, pero se estira más de lo necesario. ¿Y si le quitas el último párrafo? El final sería más incisivo, ¿no crees?” Carver vuelve a su casa y sigue el consejo de Lish. Y nosotros, los lectores, nunca sabríamos acerca de esta conversación. No pasaría nada.
Carver sigue siendo Carver, y nosotros seguiremos hablando sobre los finales un cambio epocal desde los sistemas de comunicación verticales hacia redes horizontales y medios personalizados!)


Podían describir a Luther Blissett, por ridículo que parezca, como el sheriff de Nottingham podía describir a Robin Hood. Luther Blissett era una persona... bueno, una especie de persona, en el sentido que era una figura antropomórfica, y encarnaba literalmente todo lo que estaba sucediendo. En casa tengo una pila de recortes de diarios de veinte centímetros de alto, hojéalos y encontrarás todo tipo de definiciones para Blissett: “terrorista cultural”, “bandido de la información”, “pirata informático”, “guerrillero digital”...
En 1996-97 Italia y Europa fueron embestidas por una marea de pánico moral y paranoia colectiva sobre el asunto de la pedofilia. De repente Internet era descrita como un lugar diabólico, más peligroso que cualquier otro lugar, el bosque donde los abusadores de niños acechaban por detrás de los árboles, esperando a Caperucita Roja. No importaba que en Italia el 91% de los abusos a menores denunciados tenía lugar dentro la familia y nada que ver con los ordenadores: Internet era el nuevo demonio del populacho. Los “mediadores” tradicionales tenían el pretexto para desahogar sus angustias contra Internet y calumniar a quienes habían osado prescindir de ellos.
Es entonces que el Luther Blissett Project comienza a organizar complejas mofas mediáticas sobre temas morbosos como la pedofilia, Internet y las violencias rituales satánicas. Queríamos demostrar que ese tipo de noticias sensacionalistas era recogido y publicado en la prensa sin verificación alguna.
Varios promotores de pánico han hecho el ridículo a causa nuestra. Alguno de ellos, muy enfadados, dijeron que despistando a la prensa nosotros estábamos protegiendo los verdaderos pedófilos. Una lógica interesante: si no hay pedófilos, los inventamos, y si alguien comprueba que los inventamos, les acusaremos de defender a los pedófilos... ¡que en principio no existen!


En un caso en particular, Luther Blissett condujo una contra-investigación de base sobre un caso judicial en Bolonia, en el cual un grupo de fans de heavy metal llamados los “Niños de Satanás” fueron convertidos en chivos expiatorios por las autoridades legales locales. Fueron arrestados durante una operación muy mal organizada contra ciertas presuntas violencias rituales.
Ninguna prueba, ningún testimonio confiable, nada de nada. Por supuesto, ellos fueron calumniados salvajemente en los medios, por lo menos al comienzo, y se ha escrito mucho sobre los “sitios web secretos para pedófilos” y otras cosas por el estilo. Luther Blissett, gracias a algunos golpes bien planificados, logró instalar en la opinión pública una duda razonable acerca de la solidez de las acusaciones. Finalmente fueron absueltos e indemnizados por el Estado tras dieciocho meses de injusta detención.
Gradualmente el pánico moral disminuyó y Luther Blissett pasó a otras tácticas y objetivos (por ejemplo, el mundo del arte erudito y la Santa Sede), cuatro nos concentramos en la operación “Dien Bien Q”, y el resto de la red se preparaba para el final del plan quinquenal de Blissett.
Mirando hacia atrás, me doy cuenta que Luther Blissett fue un precursor de la colisión entre los viejos y los nuevos medios, en un momento en el que el límite entre lo viejo y lo nuevo era más nítido que cuanto es ahora y había menos intersecciones: sólo unos cuantos periódicos tenían una edición en línea, los periodistas no tenían sus propios blogs y el file-sharing todavía no era un fenómeno masivo.

De la charla entre Wu Ming y Henry Jenkins “Narración colectiva y cultura popular”. Puede leerse completa acá.

Las imágenes son del inigualable Ryan Heshka.

jueves, 16 de julio de 2009

Cincuenta mil billones de Faulduos


Así como existen deberes éticos, también los hay estéticos.
No es por ninguna otra razón que otra vez insisto: si se privan de sumergirse en el Faulduomundo jamás sabrán que es la historieta contemporánea.
Ni la historieta ni la gráfica.
Y lo escribo así haciendo trampa. Porque el Faulduomundo rebasa y tanto la historieta y la gráfica.


Dibujantes, escritores, performers, internautas, músicos, agitadores, terroristas culturales, fenómenos. Pueden ser todo esto y mucho más.
Un peligro ambulante.
Incluso cuando creemos que están quietos.


¿Quieren pistas?
Ok. A modo de ejemplo hagan click acá.
Y también acá.

Pronto (muy pronto) habrá más novedades.

martes, 14 de julio de 2009

Chip Montaigne

Un ensayo sobre el ensayo y una declaración de principios


Hoy me desperté con la idea (a veces sucede así, al fin de cuentas Coleridge también es una función) de que deberíamos pensar en ensayo (cómo género, o mejor, como práctica) desde dos perspectivas: una que me gustaría llamar mítica; y otra, digámoslo así, científica.
La primera remitiría, como no podía ser de otra forma, a su escena de origen: a Michel de Montaigne escribiendo en su torre. Al clima Montaigne (temperaturas medias de montaña). Viéndolo así, cada ensayista, cada vez que se dispone a entregarse a la escritura, en verdad estaría ejecutando un rito, una invocación al Origen. Una reactualización de aquellas potencias que dispararon una forma, un estado de acercamiento.
Por supuesto, no se trataría (no sería posible) de un rito uniforme. Más bien lo pienso como la urgente actividad de un jongleur, de un artesano de la forma que cuida su voz haciendo ejercicios, del mismo modo que un tenor resguarda sus cuerdas vocales en interminables escalas. Necesito subrayar la condición de urgencia: un ensayista no espera. Es el giro que lo emparenta (lo acerca y a la vez lo distancia) de un cronista, de un ejecutor de bitácoras. Un rito, no deberíamos olvidar, es un trabajo también sobre uno mismo. Mito del escritor, como pedía Aira, singularidad de una voz diseminada en letras.
Tengo que decirlo: me encantaría escribir un libro de breves relatos-ensayos a mitad de camino entre los relatos-río de Giorgio Manganelli y del tan patafísico Ermano Cavazzoni, a quien sin pudor plagiaría. El libro de los ensayistas inútiles me gustaría titularlo, y cada entrada sería una nunca extensa descripción de ese afiebrado rito de proponer formas para entender el mundo tal cual lo vemos.
Vayamos a la segunda perspectiva.

El resto en Evaristo Cultural, haciendo click acá.

Addenda: también una reseña acá.

domingo, 12 de julio de 2009

ensayo / ficción


Enrique Vila-Matas

“Mi teoría es que, más que muerta, la novela evoluciona. Vamos a una novela que se aproxima al ensayo. Pienso en esos cuentos de Pitol que acaban como ensayos o en esos ensayos suyos que terminan como cuentos. Es probable que el lector vaya buscando, con el tiempo, menos ficción y más ensayo. El propio Coetzee, en su último libro, admite que camina en esa dirección. Creo que existe una saturación de la ficción que se sabe ficción y también una saturación del ensayo que se sabe plomizo. Sebald, Magris, Piglia, son otros casos claros de introducción del ensayo dentro de la ficción, o viceversa. Mezclar a Montaigne con Kafka, por ejemplo, me parece en este preciso instante una idea muy interesante.”

Entrevistado por Sergi Pámies


Claudio Magris

“En los ensayos de Magris hay una lección de vida que toma como referencia algún libro, a determinado autor e incluso una frase puede ser el detonante para exponer sus puntos vista sin caer el dogmatismo ni la pedagogía sin aula. Por ejemplo el texto que da titulo al libro se inicia con una pregunta (¿Hacia donde vamos entonces?) proferida por Enrique de Ofterdingen, personaje de una novela de Novalis. La respuesta que proporciona otro personaje femenino (“Siempre a casa”) proporcionan los parámetros para que Magris de rienda suelta a su disertación. Por supuesto las referencias a Ulises no faltan, así como una pesquisa sobre el huidizo Novalis. El final del texto es emblemático del estilo de Magris, en cual vida y literatura vibran en acordes armónicos: “La gran Odisea del espíritu de Novalis está lejos de nosotros; está dolorosamente lejos. Kafka, quien también se sabía viajero de una odisea sin Ítica, era infeliz por ello, y probablemente le hubiera gustado reencontrarse en la flor azul, como Enrique de Ofterdingen, poder dormir en la cama de Bloom, y ser acogido finalmente en el Castillo”.

Por Carlos Yusti


Roberto Calasso

“El epígrafe de esta reseña indica ensayo. Y no es ninguna equivocación. Esta advertencia hay que hacerla, no sea que el lector crea que hemos incurrido en una confusión. Cien cartas a un desconocido, del ensayista y editor italiano Roberto Calasso, recoge cien solapas, que es como se denomina a los textos que completan la edición de un libro, se trate del género que se trate. No hay lector en el mundo que omita la lectura de estos textos. Otra cosa es que crean o no en sus palabras. No son preámbulo ni epílogo. Su función es infinitamente más humilde, pero no por ello menos insoslayable. Las solapas informan. Pero, además de esta casi prosaica misión, ¿pueden las solapas hacer algo más, ya no sólo por el libro que resumen, sino por el lector? Roberto Calasso nos responde que sí. Y lo hace desde cien breves textos soberanamente ensayísticos. El autor escribió estas solapas para los libros que él mismo ha publicado en su prestigioso sello, Adelphi.”

Por Ernesto Ayala-Dip


Héctor Libertella

“En la literatura argentina, ese periplo semiótico también puede rastrearse: desde la construcción de una palabra literaria en Sarmiento y Hernández, pariendo entre el ensayo político, el folletín, la poesía y la novela hasta la ebullición del significante en “Nadie Nada Nunca“ de Saer, o en el vacío del signo en “El silenciero“ de Di Benedetto, en la negación del signo en “El Museo de la Novela de la Eterna“, de Macedonio. Esa larga comba, esa trayectoria disolutiva, esa construcción paradojal del vacío del signo, responde al planteo de Libertella cuando, tras describir a la red de comunicaciones actuales como una impalpable e instantánea mordaza, se pregunta: “¿cómo será el arte en esa aldea global atada? Invisible, silencioso... ¿y la literatura? Un fantasma ilegible“ Cierta producción argentina de los últimos ańos parece responder: un fantasma ilegible como Macedonio, una escritura que se construye como signo nuevo desde la disolución invisible del signo, como la de Saer, una mirada que socava y reconstruye la memoria histórica, como signo recién parido, en Andrés Rivera. Una palabra, en fin, necesariamente silenciosa e invisible detrás del aparatoso simulacro del mercado, esa inmensa red que Libertella llama “la aldea global atada“.”

En Tribuna Digital


César Aira

“Las novelas que he escrito son el desliz más profundo a cualquier teoría porque en cada una cambio de estilo, y cambio de ideas. Siempre creí que en la vida real hay tan poca libertad que hay que inventarse un lugar donde se la pueda ejercer plenamente. Cuando he escrito crítica, ensayos o artículos me obligué a hacerlo a partir de cierto momento porque pensé que si seguía escribiendo ficción solamente iba a perder todas esas reflexiones que yo estaba haciendo todo el tiempo al escribir; no quería que se pierda el testimonio de esa experiencia. Entonces me obligué a aprender a escribir ensayos. Y todavía no he perdido esa sensación tan desagradable de que cuando estoy escribiendo uno hay alguien mirando por encima de mi hombro diciendo “esto sí, esto no”. Porque ahí sí hay como una necesidad de decir algo coherente. Mientras que en la novela el profesor desaparece y puedo decir cualquier cosa, y a veces me excedo.”

Reporteado por Gustavo López y Luis Sagasti


Luis Chitarroni

“Desde Borges, el ensayo argentino se ampara en el precio -no en el valor- de una idea y en la oportunidad de repetirla a lo largo de todo el texto, incluidas la notas al pie. Los ensayos de Aira revelan otra condición, además de no tener notas al pie. En ellos se ve aparecer una elaboración que establece, sin hacerse evidente, el registro de cualquier circunstancia o simulacro de pensamiento:es la que borra como secundaria -y por lo tanto obvia- la demoledora explicación. En la medida en que el olvido es "la única sensación pura", como se sostiene en La costurera y el viento, el relato progresa o regresa sin alarmas a pesar de la omisión de transiciones convencionales. Esta conducta prevalece en El congreso de literatura y solicita nuestra lectura, nuestro agradecimiento y nuestra felicidad.”

Leído acá.


David Foster Wallace

“Aprender a pensar significa realmente aprender a ejercitar algún control sobre cómo y el qué pensar. Significa estar lo bastante consciente y alerta para escoger a qué prestarle atención, y escoger cómo se construye el significado a partir de la experiencia. Porque si uno no puede ejercitar este tipo de opciones en la vida adulta, está totalmente jodido. Es como el viejo tópico: la mente es un gran sirviente pero un mal amo. Este tópico, tan patético y poco atractivo en la superficie (como tantos otros), expresa en realidad una gran y terrible verdad. No es coincidencia que los adultos que se suicidan por arma de fuego siempre se pegan un tiro en la cabeza. Le pegan un tiro al amo terrible. Y la verdad es que la mayor parte de esos suicidas llevan ya muertos mucho tiempo antes de apretar el gatillo.”

Leído acá.

domingo, 7 de junio de 2009

Maffesoli: El reencantamiento del mundo


El reencantamiento del Mundo. Una ética para nuestro tiempo (Le réenchantement du monde. Une éthique por notre temps, en su versión francesa de 2007) fue publicado hace muy poco en Buenos Aires., por la editorial Dedalus y con prólogo de Marcelo Urresti.
En Youtube esta conferencia:




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miércoles, 3 de junio de 2009

Mitología, épica y creación pop en tiempos de la Red


por Wu ming 1 y Wu Ming 2

Si echamos un vistazo a las relaciones entre narración y patrimonio mitológico en la Grecia antigua, desde la invasión dórica a la edad clásica (más o menos del siglo XII al IV a.C.), podremos ver que los mitos tienen carácter plural y policéntrico. La versión más conocida de cada episodio coexiste y se entrecruza con muchas versiones alternativas, cada una de ellas desarrollada en una de las diversas comunidades del mundo griego, cantadas y transmitidas por los aedos locales. Aedos que no forman una casta cerrada, a diferencia de cuanto sucede en las civilizaciones más al oriente: los rapsodas griegos no son los depositarios exclusivos de la facultad de narrar y transmitir, ni quienes seleccionan -autorizados por un poder central- las versiones "oficiales" de cada historia. La civilización que surge tras la caída del mundo micénico es (literalmente) un archipiélago de ciudades-estado, el poder está fragmentado y no puede garantizar la unicidad del saber ni condensar el imaginario en su beneficio. Las historias comienzan a modificarse y diversificarse, a ramificarse y entrecruzarse.

Por eso la mitología griega tiene una sola koiné pero "miembros dispersos", algo que no sucede en otras tradiciones. Hay un núcleo central en gran parte compartido (macroacontecimientos como la Titanomaquia, la Gigantomaquia, la empresa de los Argonautas y la Guerra de Troya), y luego una nube de ramificaciones, manojos de contingencias en intersección. Miles de lagunas inciden en el desarrollo de las historias, a menudo encontramos a los mismos dioses y semidioses en lugares y tiempos incompatibles entre sí.


En diversos filones narrativos, en el mismo período en que realiza los doce trabajos, Heracles encuentra tiempo para cumplir otras hazañas: combate contra los Centauros, libera a Prometeo, lucha cuerpo a cuerpo con Ares, mata a Busiris, etc. Como sea estas aventuras se pueden ubicar en los espacios entre un trabajo y otro, y de alguna forma mantienen cierta coherencia, pero también nos han llegado historias imposibles de ubicar, como la participación en la expedición de los Argonautas o el entierro de Ícaro caído del cielo. Heracles es protagonista de decenas y decenas de peripecias divergentes o encajadas a fuerza sobre el cuerpo central de su historia, lo que demuestra su gran popularidad en un mundo plural y diversificado.

Este es solamente uno de los ejemplos posibles: casi todos los personajes de los mitos griegos (y son millares) se mueve en un gran juego de referencias. Aparte, de la Ilíada se desprendía un gran ciclo épico que hoy se ha perdido: además de la Odisea, existían otros nóstoi (poemas sobre los regresos al hogar de los héroes de Troya). Dioses del Olimpo y repatriados de Ilión eran protagonistas de otros tantos episodios, que con mucha probabilidad se cruzaban y trastornaban otras historias.
Tal como los conocemos, los diccionarios de mitología clásica son vertiginosos hipertextos, y quizás sea la herencia más importante que nos han dejado los aedos: un precedente que ayuda a mirar en perspectiva y entender mejor la actual narración transmedia alimentada por la Red.


El escritor Giuseppe Genna a menudo incita sus colegas - al menos a los que siente más cercanos a su sensibilidad - a considerar las propias narraciones como nóstoi de un gran ciclo épico potencial, único y múltiple, coherente y divagante.
Muy bien, bonita propuesta, pero ¿por qué? ¿Por qué hay que recrear el modelo homérico - típico de la cultura oral - en una época digital hecha de pantallas, fibras ópticas y gigabytes? ¿Es que alguien te obliga?
En primer lugar, los lectores. La edad de la participación, favorecida por Internet, está modificando el ADN del consumidor. Ante un producto, ya no hay una simple respuesta binaria comprar/no comprar. Podemos expresar nuestra opinión, gracias a un formato estable (scripta manent) y accesible.
En los últimos cincuenta años, la televisión nos ha gastado una extraña broma, haciéndonos creer que el público de masas es pasivo por definición y sólo un nicho puede ser creativo. Por el contrario, en la actualidad cada vez más lectores ensayan la interacción con un texto y con quien lo produce, fenómeno que hasta ahora estaba reservado a los fans de ciertos géneros literarios, principalmente la ciencia ficción.

Sin embargo, la introducción en la literatura de un modelo homérico y de participación procede con mayor dificultad que en otros campos. John Tulloch, un investigador inglés, durante más de diez años ha entrevistado a dos grupos de fanáticos distintos - los de Star Trek y los de Chéjov - haciéndoles preguntas sobre los personajes de sendas narraciones. Las respuestas de los trekkies variaban mucho de un aficionado a otro; las de los chejovianos eran uniformes, previsibles, poco íntimas. Pues qué raro: ¿la cultura popular no era una apisonadora que allanaba las diferencias? ¿y la cultura elevada no debería empeñar el cerebro en vertiginosas elucubraciones?


Indudablemente hay un problema de enfoque. Consideramos a los clásicos - y en general la Literatura - más sagrados e inviolables que una serie televisiva. Muchos aman a Chéjov, pero ninguno de ellos se comporta como un fan. En su ensayo Highbrow/Lowbrow: The Emergence of Cultural Hierarchy in America (Harvard University Press, 1990) Lawrence Levine describe el proceso que ha llevado la obra de Shakespeare del suelo al cielo en un siglo. De ser cultura viva - y por tanto, objeto de modificaciones, recuperaciones y relecturas continuas - a formar parte de un museo polvoriento. De un texto que se podía amar sin mediaciones a un texto sagrado que sólo un sacerdote puede enseñarte a apreciar. Lo mismo podría decirse de las obras de Verdi, Wagner y muchos otros.
Existe toda una categoría de aficionados que practica el nitpicking, es decir, fijarse en cada detalle de una ficción desde el punto de vista técnico: físicos en ciernes que buscan las explicaciones más factibles para la ciencia ficción de Battlestar Galáctica, estudiantes de medicina que indagan la verosimilitud de Doctor House, etc.
En literatura esto sucede raramente. Tal vez el enfoque depende del contexto: estamos acostumbrados a considerar una novela como algo acabado y definitivo. Un edificio a visitar, pero no para vivir.

Si se cambia el contexto, puede cambiar el enfoque. Una prueba es la lista de distribución The Wondering Minstrels. Quien la administra envía a los inscritos una poesía al día (pero también pueden ser textos de canciones, rap y similares). Quien la recibe puede hacer un comentario - frecuentemente asociado al modo en que los versos influyeron en su jornada - o bien enviar una poesía para el archivo. El resultado es una comunidad que se confronta y discute, entrelazando competencias diversas, sobre Lorca y sobre Eminem, en una manera que un aula de bachillerato no podría reproducir.


También hay una discriminación perceptiva: los fans no parecen ser gente seria. Son irracionales, los conocemos de cuando íbamos a la escuela, eran los que se compraban coleccionables y cromos, que conocían la filosofía vulcaniana pero no la primera conjugación. Estaban dominados, adoctrinados, impregnados como esponjas por su pasión, y por lo tanto, eran un poco tontos. Hoy son diferentes, aunque en realidad ya eran diversos, la Red solamente ha exaltado ciertas características: los fans son críticos, partícipes, creativos y vitales. Y sobre todo: ya no son un nicho. Son la punta del iceberg de una sensibilidad cada vez más generalizada.

sí pues, si los narradores queremos producir una cultura viva tenemos que comprender esta sensibilidad e incentivar intercambios e interacciones. ¿Qué hacer?
Acabamos de ver la primera indicación: cambiar los contextos. Sacar las historias de los libros, transformarlas en cómics, cortometrajes, páginas web, lecturas, conciertos de rock, videojuegos. La paleta del narrador de historias nunca ha tenido tantos colores, ¿por qué tenemos que seguir usando sólo uno?
La segunda indicación no puede ser otra que: crear mundos, como decíamos en el segundo artículo de esta serie. Henry Jenkins, profesor del MIT y autor de Convergence Culture, sostiene que el comportamiento de un fan es una extraña alquimia entre fascinación y frustración. La mitología griega es tan compleja porque al encanto de las historias principales se unía la frustración por detalles no aclarados, personajes secundarios demasiado sacrificados, ramificaciones posibles pero apenas esbozadas. Pues bien, un mundo nuevo te fascina pero siempre es imperfecto e incompleto, y por tanto genera la sana frustración que empuja a completarlo y a menudo a mejorarlo.


Luego se necesita estar abiertos a diversas aportaciones, para valorarlas en el mejor modo. Si un aficionado de La guerra de las galaxias filma su propio episodio del ciclo, ¿cómo tendría que comportarse Lucas Art? ¿Tiene que bloquearlo? ¿Tiene que dejarlo hacer siempre que no gane dinero con ello? ¿Tiene que decidir en base a la calidad del producto? ¿O las consecuencias que podría tener sobre el futuro de la saga?
Asimismo hay que facilitar el "código fuente". Para interactuar con una historia y participar en su narración, no basta leerla en la propia lengua. Se requiere un bagaje de conocimientos, porque cada relato es parte de un hipertexto más amplio, hecho de nociones y emociones. ¿Será posible establecer un paquete mínimo, un manual para la co-creación de un mundo?
Por último, se trata de educar, aportar competencias, entrenar para la negociación, para el pensamiento colaborativo, para el uso de la Red. Completar la mutación genética: de consumidores a multiplicadores.

jueves, 21 de mayo de 2009

Estilo y dimensión border


¿Cuándo el estilo dejó de ser lo que era?
¿Qué tanta distancia existe entre la desconfianza y la fascinación?
Todo estilo fue siempre cuestión de creencia: lo irremplazable de ciertos clisés.
La sumatoria la consenso y el determinismo obtuso: existir fiel a (el dogmatismo sobre) una forma.
¿Por qué nos gustan tanto aquellos artistas que utilizaron los estilos como un mapa de desconciertos?


El futuro también tuvo siempre sus estilos.
Hace ya demasiado tiempo que sus imaginarios se debaten entre la teología y tecnología.
¿Será que la imaginación tiene cada vez menos elementos?
¿Qué sus materiales se agotan?
Algo así sucede. El futuro no solamente nos resulta demasiado familiar, sino viejo. Muy viejo. Incluso para las imaginaciones más radicales es casi un geriátrico de ideas.
¿Hasta qué punto fuimos canibalizando la sorpresa?
¿Qué nos queda de ella?


Parece una boutade y quizá lo es: las predicciones son simplemente presente expandido. Demasiadas novedades todos los días. Tantas, que ya se parecen demasiado entre sí, que nos parecen innecesarias. La blogósfera da cuenta de ésto: ¿no es acaso una inabarcable máquina de remixar, un ejercicio de tuneado de dimensiones colosales?
Frente al quantum ¿no es cada vez más ridículo subrayar unos estilos sobre otros? Más que lo irrepresentable, de una vez por todas lo impresentable.
No aquello que no puede representarse (mediante errores, dificultades, distorsiones y atajos, absolutamente todo es representable), sino aquello que se prefiere relegar porque no cumple las condiciones mínimas de calidad.


Es un tema clásico en las artes que las poluciones de discurso confundieron una y otra vez. No se trata tanto de ir contra una institución establecida por su dominio de poder, sino de saber abrir canales para diseminar lo que estas aduanas jamás distribuirían.
En épocas posmodernas de multitudes inteligentes, de redes donde todo puede ser linkeado, lo impresentable se erige como aquello que no es cool. Simplemente otro desplazamiento de elite.
El snobismo, ya sabemos, tiene su tradición y esta se funda en la disputa de elites: aquella que no tiene títulos nobiliarios (sine nobile, tal es el origen de la palabra) contra aquella otra que no hace más que ostentarlos.


Como leímos en el blog Mao y Lenin hace poco, los fanzines clásicos, mimeografiados, fotocopiados, burlaban el consenso para circular de otra forma, para traficar otros modos (distintos idiolectos y (p)referencias). El mejor espíritu de los blogs proviene de este tipo de política de la información.
De esta urgencia. Precisamente: de lo border.
Nada inquieta más que lo border.