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martes, 5 de octubre de 2010

Liniers, Tamara Kamenszain, Marina Mariasch, Adrián Dargelos, Beatriz Sarlo, David Nahón, Daniel Saimolovich, Noé Jitrik y yo

Blogósfera TV: 30 de junio.
Con Marina Mariasch y David Nahón
Click acá.

Con Liniers en el Malba. 23 de agosto.
En el ciclo El libro del mes (Malba Literatura).
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Con Beatriz Sarlo, Noé Jitrik y Daniel Saimolovich. 15 de setiembre.
En el ciclo Revistas Culturales, pasado y presente (CCEBA)
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Con Adrián Dárgelos. 20 de setiembre.
En el ciclo El libro del mes (Malba Literatura).
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Con Tamara Kamenszain. 12 de julio.
En el ciclo El libro del mes (Malba Literatura).
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jueves, 23 de septiembre de 2010

Adrián Dárgelos relee Alasdair Gray en el Malba











La cita fue el pasado lunes. En el Malba.
Adrián Dárgelos eligió la recomendadísima (e inconseguible) novela Lanark de Alasdair Gray como libro para conversar. Fue un lujo.
Por supuesto, los temas se extendieron tanto mas allá.
Con esta fecha cerramos (al menos por este año) el ciclo El Libro del Mes, con producción de Malba-Literatura y por el que pasaron, además de Dárgelos, Fabián Casas, Tamara Kamenszain y Liniers.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Revistas Culturales


SCANNER MUNDI
Revisando los desafíos de las publicaciones culturales en la era web


Hasta hace unos pocos años atrás no necesitábamos explicarnos el rol de las revistas culturales. Sin embargo, nuestro presente de redes digitales sigue mutando su tradicional contexto de circulación (sus espacios de intervención e influencia) reclamando un análisis -o mejor, un autoanálisis- de sus intenciones, políticas y alcances. ¿Cómo se piensa el mundo, o más exactamente, cómo se lo escribe y publica (en capítulos y diálogo) en un medio ubicuo de velocidades inéditas, en una atmósfera de creciente infoxicación y violenta disponibilidad? ¿De qué hablamos cuando nos referimos a independencia y movilidad? ¿Vivimos una metamorfosis de saberes, una reubicación o una momentánea alteración? ¿Nuevos lenguajes? ¿Transitamos modelos antes desconocidos o simplemente intentamos adaptarnos como podemos al demoledor desafío de los nuevos medios de comunicación? ¿De qué modo imponer una agenda -de estrategias, visiones y programas- en plena redefinición y reconstrucción de visibilidad cultural? ¿Para quién se escribe? ¿Qué es hoy un lector? ¿Qué significa estar informado? ¿Otra opinión pública? ¿Sigue resultando imperioso recurrir a los medios gráficos no electrónicos? ¿Reinventamos la fórmula de apocalípticos o integrados? ¿Nuevos protocolos para un mismo tipo de debate? ¿Realmente experimentamos una influencia en el modus operandi institucional? Estas mesas de exposición y discusión se proponen un análisis del ayer y del ahora de nuestras ediciones culturales: continuidades, abandonos, hallazgos, desafíos y persistencias.

MIÉRCOLES 15 - 18.00 Mesa redonda LETRAS, PENSAMIENTO, CULTURA. UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA

Participan: NOÉ JITRIK, DANIEL SAMOILOVICH Y BEATRIZ SARLO
Modera: RAFAEL CIPPOLINI

JUEVES 16 - 17.00 Mesa redonda EL FUTURO DE LAS REVISTAS CULTURALES
Participan: MARCELO COHEN, MARIANO LUCANO, JIMENA NESPOLO Y GABRIEL PASQUINI
Modera: RAFAEL CIPPOLINI

JUEVES 16 - 19.00 Conferencia de RAFAEL CIPPOLINI

15/09/2010 18:00 HS. CCEBA SEDE PARANÁ 1159
16/09/2010 17:00 HS. CCEBA SEDE PARANÁ 1159

sábado, 12 de junio de 2010

Con Fabián Casas en el Malba

La cuestión es simple. Invité a Fabián Casas (poeta, narrador y ensayista) a elegir un libro (el que quisiera) y después charlar en público sobre esa lectura. Eligió Anna Karenina, de Tolstoi y hablaremos sobre esta novela el próximo miércoles 16 en el Malba (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, Av. Figueroa Alcorta 3415) a las 19 hs.

El ciclo se llama El libro del mes y los próximos invitados son: Tamara Kameszain en julio, Liniers en agosto y Adrián Dárgelos en setiembre.

¡Nuevo! Si querés escuchar la charla hacé click acá.

viernes, 30 de abril de 2010

identidad y pertenencia / error y delito



"Confundir identidad y pertenencia es un error de lógica. O uno dice A es A, yo soy yo, y entonces hablamos de identidad; o uno dice A pertenece a un determinado grupo, y entonces hablamos de pertenencia. Este error lleva a decir tonterías. Y, además, a un crimen político: el racismo. Decir de alguien que es negro, judío, etcétera, es una frase racista porque confunde la pertenencia con la identidad. Reducir alguien a una sola de sus pertenencias puede condenarle a la persecución. ¿Entonces quién soy yo? Yo soy yo. Yo soy la suma de todas mis pertenencias, incluidas aquellas que no conoceré hasta mi muerte, porque todo progreso consiste en entrar en un nuevo grupo. Identidad nacional: error y delito". Michel Serres.

sábado, 3 de abril de 2010

Biorritmos


Un posteo es tu unidad de medida. Tu velocidad de avance. Tu tempo y tu densidad. Es triste cuando imitamos a los medios: el continuo (murmullo, murmullo, murmullo). Miles Davis solía decir “cuando en un solo no tenés que decir, no digas nada”.


Un buen lector sabe esperar. El lector sabe que su biorritmo manda. Lectura no es otra cosa que digestión.


Nuestra sociabilidad es intercambio de información.
Nuestra sociabilidad se determina en la información que elegimos para compartir. Y en los modos con los cuales la compartimos.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Apuntes de un patólogo cultural


En una cultura en la que hay una enorme proporción de la población que no tiene acceso a Internet o ni siquiera a una línea telefónica, cada vez es mayor la distancia entre un sector de la población y otra.

-Se llama 'división virtual'. Pero no hay que fetichizar las computadoras. También mediante los celulares se conecta uno al reino de lo virtual. Y en México la gente parece estar bastante conectada a través de celulares, mensajes instantáneos, chat, etcétera. Sin embargo, sí es completamente distinto usar una computadora para conectarte al mundo virtual".

Dery ahondó sobre esta división, específicamente entre la población de las naciones pobres y ricas: "La división entre los países que viven cada vez más en lo virtual y los que viven en lo que Baudrillard hubiera llamado el 'desierto de lo real', es una división tangible. Se pueden sacar escenas de esto de varias películas de ciencia ficción, como Star trek. El privilegio del llamado primer mundo de vivir una vida sin cuerpo es adquirido a costa de la gente que vive en las colonias orbitales haciendo todo lo material que aún necesitamos, porque, la mayor ironía es que aún tenemos un cuerpo. ¡Qué fastidio!"


Acerca de la vigencia de su libro Velocidad de escape, en el que hace un recuento de las nuevas tecnologías y que fue editado en Estados Unidos en 1996, dice: "Ya es un fósil en el mundo de 'érase una vez'. Está irremediablemente caduco, pero no en el terreno de la 'división virtual'. La gente que tiene vidas privilegiadas en el primer mundo metieron sus cabezas por el espejo y fueron chupados al mundo del otro lado de la pantalla de la computadora".
Para Dery hay una elite virtual que vive "fuera del espacio público y dentro de comunidades suborbitales, una elite global de escuelas privadas, aviones privados, que parecería que no necesita tocar el suelo, con capital que se mueve a todos lados, el desprenderse del cuerpo digitalmente parece que permite eso de una manera que da susto. Cuando vives tu vida en línea, el mundo material te parece algo como del siglo XIX".

-Parecería que pasó de escribir del mundo digital al del mundo real. ¿Es así?

-Citando a J.G. Ballard: El futuro es aburrido. No creo en el futuro. Es obsoleto. El apocalipsis ya pasó. Mi segundo libro The pyrotechnic insanitarium, es sobre Unabomber, los suicidios colectivos, patología forénsica. Una razón por la que dejé de escribir sobre la era digital fue porque desapareció dentro de la estructura celular de la vida diaria. Ya no hay nada extraordinario sobre la cultura digital, que permea todo. Ahora asumo que es la estructura de todo lo que escribo.

Una vieja entrevista a Mark Dery, leída acá.

viernes, 19 de febrero de 2010

Mondo Spook


LO VIRTUAL. País de espías (Spook Country). La nueva novela de William Gibson, una trama techno sobre la paranoia de la localización global, con un contenedor ilocalizable y su valioso contenido como obsesivo objeto de búsqueda. Alrededor de este nódulo contemporáneo se reconstruye un mundo difuso, situado entre lo real y lo virtual, lo material y lo tecnológico, siguiendo la premisa de que el ciberespacio (“See-bare-espace”) ha comenzado a exteriorizarse, permitiendo una contemplación desnuda del espacio real. Un mundo alucinante poblado por artistas como Alberto Corrales, creador de un localizador virtual de celebridades muertas. Un casco galáctico y un dispositivo GPS bastan al usuario para ver el cadáver de River Phoenix caído en la acera del Viper Room. Un aparatoso monumento a Helmut Newton al pie de la autopista donde se produjo su accidente mortal. Scott Fitzgerald padeciendo un ataque cardíaco en un antiguo café suplantado por una megatienda Virgin como alegoría cultural de nuestro tiempo. Crípticas señales funerarias por los miles de muertos de Irak. Cruentos hologramas que ocupan un repliegue del espacio visible. El espacio local recupera así el poder de resucitar el tiempo muerto de la historia como inserto visual en el presente. Tiempo muerto o tiempo de los muertos, país espectral, presencia siniestra y fantasmal aguardando aparecer de ese modo tenue que propicia la mediación de la tecnología. El lugar ya no es sólo un lugar en esta configuración contemporánea. Es el enclave de una intersección visionaria. El umbral del acontecimiento espectacular que conecta cualquier punto aislado con la totalidad de la que forma parte. Arte (multi)locativo. Todo espacio local se ha vuelto ubicuo y deslocalizado en potencia. Toda estética es, de por sí, geopolítica. Esto sólo quiere decir una cosa. Una cosa importante. El presente es el futuro.

Por Juan Francisco Ferré. Leído hace varios días acá.
También acá.

sábado, 13 de febrero de 2010

Dispersiones estéticas & Simon Reynolds

¿Qué pasó con el mainstream del rock y del pop en la década pasada? ¿Dónde estamos parados? Leo este texto de Simon Reynolds en el blog de Estéticas de la dispersión, proyecto de Franco Ingrassia. Análisis, blog y proyecto más que recomendados.


Estaba mirando la lista de los 200 mejores discos de la década de Pitchork. Y noté algo extraño sobre el top 10. Es obvio que hay un límite en lo que se puede leer en una encuesta de críticos. Pero Pitchfork es una de las pocas instituciones que puede decirse que resulta influyente, en términos del material que cubre y de los juicios que formula. Pitchfork a la vez lidera y refleja a un público que es sustancial y sin embargo relativamente definido. Podríamos llamarlo “post-indie”, lo que significa que Pitchfork es lo más cercano, en la era moderna, al NME de los años posteriores al punk (cuando su perspectiva era distintivamente rockera pero con una apertura a música situada por fuera de este esquema, desde el reggae al disco, pasando por el funk, África y el jazz). Los participantes en la encuesta –el staff de Pitchfork- son personas que pasan muchísimo tiempo escuchando de forma intensa un rango realmente amplio de música. Así que parece improbable que su evaluación colectiva de lo que resultó importante en la última década esté privada de significancia. Y, en todo caso, en función de abrir el debate, voy a avanzar tomando como presupuesto que los resultados de esta encuesta significan algo.


Entonces, ¿qué era lo intrigantemente extraño de su top 10 de la década? Lo que inmediatamente me impactó fue que siete de los discos eran del 2000 y el 2001, con un disco del 2002 y otro del 2004. El único disco editado en la segunda mitad de la década era Person Pitch de Panda Bear. ¿Qué significado podría derivarse de esta densa agrupación (ocho de diez) de los “más grandes discos” en los primeros tres años de la década? Dos interpretaciones son posibles: O la música se deterioró a medida que los 00s avanzaron o se volvió cada vez más y más difícil para la gente establecer un consenso sobre qué grupos o discos eran importantes. La primera posibilidad parece improbable, así que voy a tener que elegir la segunda. Lo cual resuena con el modo en el que la década se sintió: diaspórica, con escenas astillándose en sub-escenas, con la formación de bunkers según los distintos gustos, con el aumento de la probabilidad de que la pregunta “Escuchaste a X?” se encontrara con un gesto de negación con la cabeza o con una mirada de incomprensión.


Me pregunto si mi propio ranking de discos tendría una forma similar al de Pitchfork –es decir, una lista masivamente sesgada hacia los primeros años. Casualmente, ya había participado en una encuesta de críticos similar organizada por Stylus, un webzine que constituyó el “amistoso rival” de Pitchfork hasta que fue cerrado unos años atrás. Sus autores se han reconvocado para una edición especial de balance de la década (los resultados, más un conjunto de ensayos estarán disponibles en algunas semanas). Revisando mis propias elecciones, me sorprendí al ver que el top 10 (e inclusive los 50 discos que elegí en total) estaban equilibradamente divididos entre la primera y la segunda mitad de la década. Ninguna declinación de la calidad según mi propia opinión entonces. Pero al inspeccionar la lista con mayor detenimiento descubrí que mis elecciones provenientes de los primeros años de los 00s eran notablemente más consensuales, incluso “de cultura media”: Kid A de Radiohead, The Blueprint de Jay-Z, Discovery de Daft Punk, Since I Left You de The Avanalches (los cuatro aparecen también en el top 10 de Pitchfork), Original Pirate Material de The Streets, The College Dropout de Kanye West, Boy in Da Corner de Dizzee Rascal. Mientras que mis discos preferidos de la segunda mitad de la década eran llamativamente más idiosincráticos: discos del catálogo del sello Ghost Box, Black Moth Super Rainbow, Dolphins Into the Future, Mordant Music, High Places… grupos que ciertamente tienen fans, pero que están muy lejos de ser centrales. Esto me llevó a preguntarme si el mismo síndrome estaba afectando al resto del mundo. ¿Estamos todos distanciándonos de todos los demás?


La fragmentación del rock/pop ha estado operando desde que tengo memoria, pero esta década parece haber cruzado un umbral. Hubo tanta música en la cual interesarse e investigar. Ningún género desapareció, todos siguieron adelante, lanzando productos, hacienda proliferar a los retoños sonoros. Tampoco se retiraron los músicos a medida que fueron envejeciendo; los que no murieron siguieron sacando cosas, empujándose junto con artistas más jóvenes que confiaban en avanzar hacia la luz. Es tentador comparar la música de los 00s con un jardín ahogado por la maleza. Excepto que se un lecho de flores ahogado por demasiadas flores sería una imagen más exacta, porque mucha de la producción fue buena. El problema no es sólo la cantidad sino la calidad multiplicada por la cantidad. También estaba el pasado, disponible como nunca antes, compitiendo por nuestra atención y afección. El descenso de los precios de los estudios caseros y las tecnologías de grabación digital, combinado con la riqueza histórica que los músicos pueden absorber y recombinar intensificó la calidad de la producción musical. Pero el resultado de toda esta sobreproducción fue que “nosotros” fuimos diseminados a lo largo de un vasto terreno sonoro. Es por ello que hay tan pocas coincidencias entre las distintas encuestas de fin de año o de fin de la década publicadas en las revistas musicales. Si incluso una comunidad relativamente no-difusa como Pitchfork sólo pudo encontrar su centro alrededor de discos que salieron en los primeros años de los 00s, esto sugiere que el deslizamiento de la cultura entera hacia la entropía se está acelerando.


Esta idea es planteada en uno de los comentarios del top 10 de Pitchofork, en torno a Funeral, el disco de Arcade Fire del 2004 que figura Nro. 2 en su lista. Escribe Ian Cohen: “Ya sea por los cada vez más fraccionales hábitos de escucha o por la creciente habilidad para hacerse escuchar de los disidentes, Funeral sigue sintiéndose como el último ejemplar de su tipo, un disco indie que, sonando capaz de conquistar el universo era exactamente eso lo que conseguía”. Señalando el principal déficit de la blogósfera (el hecho de que acordar con la opinión de los otros no genere ningún tipo de valor narcisista) Cohen agrega que “la hipérbole de consenso con la que se encontró Funeral tuvo como consecuencia que cualquier otro disco que amenazaba con alcanzar ese nivel fuese escrutado de modo severo o incluso directamente condenado al escarnio.” Y concluye, melancólicamente, que “aun así, nos preguntamos si alguna vez volverá a suceder algo como Funeral –algo que me diga que a medida que la música se vuelva más y más disponible en la próxima década, todavía podremos atravesar todo ello con la esperanza de poder encontrar algo con la fuerza unificante y con la increíble carga explosiva emocional que sólo discos como Funeral pueden generar”. Lo que Cohen está diciendo aquí sugiere que mis dos interpretaciones de la perspectiva de Pitchfork pueden tener mayor relación de la que había pensado: quizá haya una conexión íntima entre valor musical y consenso.


Es que tengo una corazonada. Yo creo que si uno tuviese que armar una selección de los mejores 2000 discos de cada década del pop y compararlos, entonces los 00s ganarían: vencerían claramente a los 90s, bastante bien a los 80s y vapulearían a los 70s y los 80s. Pero también estoy convencido de que si uno tuviese que comparar los mejores 200 discos el resultado sería el inverso: los 60s le ganarían ajustadamente a los 70s, los 70s obtendrían una victoria apenas mayor sobre los 80s, que claramente vencerían a los 90s y que los 90s le harían morder el polvo a los 00s. Es sólo una corazonada –pero tiene resonancias de verdad. Porque creo que los puestos más altos de este tipo de listas exigen algo más que mera excelencia musical: también tiene que estar presente un “factor X”, esa calidad difícil de definir que suele llamarse “importancia” o “grandeza”.

La importancia rara vez es un aspecto puramente intrínseco de la música misma o del genio de su creador. Un componente crucial de lo “importante” es el impacto y la recepción: lo que la audiencia le aporta a la música. La “fuerza unificante” de Cohen no es por entero inherente al disco; debe, hasta cierto punto, pre-existirlo, buscarlo, verse reflejada en él. En cualquier caso, la significación es siempre un proceso biunívoco. Parte de las razones por las cuales los Beatles alcanzaron la grandeza de forma repetida es porque sabían que el mundo estaba esperando; esto los hizo estar a la altura de la ocasión. Existe un ejemplo relativamente reciente de este síndrome: la edición, a fines del año pasado, de Chinese Democracy de Guns N’Roses y 808s & Heartbreak de Kanye West (escribí sobre ambos aquí). El primero era un fallido intento de resultar importante, el grotesco y desagradable espectáculo de alguien tratando de superar las expectativas; el segundo era un convincente ego-drama acerca de una herida narcisista representado en el mayor escenario posible.


El resultado de la sobrecarga de “cantidad x calidad” es que aquellos optimistas implacables que anualmente corean que el año ha sido fantástico y que “cada año se produce más buena música que el año anterior” están en lo cierto. Pero los previsibles gruñones que se quejan de las deficiencias de la cosecha anual también lo están. Más y más música entre buena y excelente se produce cada año pero ese mismo hecho frustra la emergencia de la música realmente grandiosa, sofocándola. Cuando mayor es la diseminación, más nos diseminamos “nosotros”. Y es incluso peor: a medida que los artistas internalizan la reducción de expectativas, el ciclo menguante sigue descendiendo en forma de espiral.

jueves, 11 de febrero de 2010

Soportes

por Umberto Eco


En la jornada conclusiva de la Escuela para Libreros dedicada a Umberto y Elisabetta Mauri, en Venecia, hablamos, entre otras cosas, de la caducidad de los soportes de la información. Han sido soportes de información escrita la estela egipcia, la tablilla de arcilla, el papiro, el pergamino y, obviamente, el libro impreso. Este último, hasta ahora, ha demostrado que sobrevive bien durante quinientos años, pero sólo si se trata de libros hechos con papel de trapo. A partir de mediados del siglo XIX se pasó al papel de madera, y parece ser que éste tiene una vida máxima de setenta años (y en efecto, basta consultar periódicos o libros de los años cuarenta para ver cómo muchos de ellos se deshacen en cuanto se los hojea). Por lo tanto, desde hace tiempo se celebran congresos y se estudian medios distintos para salvar todos los libros que abarrotan nuestras bibliotecas: uno de los que gozan de mayor éxito (pero casi imposible de realizar para todo libro existente) es escanear todas las páginas y copiarlas en un soporte electrónico.
Pero aquí se nos presenta otro problema: todos los soportes para la transmisión y conservación de la información, desde la foto a la película cinematográfica, desde el disco a la memoria USB que usamos en nuestro ordenador, son más caducos que el libro. Lo tenemos muy claro con algunos de ellos: en los viejos casetes, al cabo de poco tiempo la cinta se hacía un lío, intentábamos desenmarañarla introduciendo el lápiz en el agujero, a menudo con resultados nulos; las cintas de vídeo pierden los colores y la definición con facilidad, y si las usamos para estudiarlas, rebobinándolas y adelantándolas a menudo, se estropean aún antes.


Ahora bien, hemos tenido tiempo para darnos cuenta de cuánto podía durar un disco de vinilo sin rayarse demasiado, pero no hemos tenido tiempo de verificar cuánto dura un cd-rom puesto que, de ser la invención que había de sustituir al libro, ha salido rápidamente del mercado porque se podía acceder on-line a los mismos contenidos y a un precio más conveniente. No sabemos cuánto durará una película en DVD, sabemos sólo que a veces empieza a darnos problemas cuando la vemos mucho. E igualmente, no hemos tenido tiempo material de experimentar lo que podían durar los discos flexibles (los floppy disk) para el ordenador: antes de poderlo descubrir fueron sustituidos por los disquetes, y éstos por los discos reescribibles, y estos por los pen drives. Con la desaparición de los diferentes soportes han desaparecido también los ordenadores capaces de leerlos (creo que ya nadie tiene en casa un ordenador con la ranura para el floppy) y si uno no se ha copiado en el soporte sucesivo todo lo que tenía en el precedente (y así en adelante, presumiblemente durante toda la vida, cada dos o tres años), lo ha perdido irremediablemente (a menos que no conserve en el trastero una docena de ordenadores obsoletos, uno por cada soporte desaparecido).
Así pues, sabemos que todos los soportes mecánicos, eléctricos y electrónicos son rápidamente perecederos, o no sabemos cuánto duran y probablemente no llegaremos a saberlo nunca. En fin, que basta una subida de tensión, un rayo en el jardín o cualquier otro acontecimiento mucho más banal para desmagnetizar una memoria. Si hubiera un apagón bastante largo no podríamos usar ya ninguna memoria electrónica. Aun habiendo grabado en mi memoria electrónica todo el "Quijote," no podría leerlo a la luz de una vela, en una hamaca, en un barco, en la bañera, en el columpio, mientras que un libro me permite hacerlo en las condiciones más arduas. Y si se me caen el ordenador o el e-book desde el quinto piso, estaré matemáticamente seguro de que lo he perdido todo, mientras que, si se me cae un libro, como mucho se desencuaderna completamente.


Los soportes modernos parecen apuntar más a la difusión de la información que a su conservación. El libro, en cambio, ha sido el instrumento príncipe de la difusión (pensemos en el papel que desempeñó la Biblia impresa en la reforma protestante), pero al mismo tiempo también de la conservación.
Es posible que dentro de algunos siglos, la única forma de tener noticias sobre el pasado, al haberse desmagnetizado todos los soportes electrónicos, siga siendo un hermoso incunable. Y, entre los libros modernos, sobrevivirán los muchos hechos con papel de gran calidad, o los que ahora proponen muchos editores hechos con papel libre de ácidos.
No soy un reaccionario nostálgico del pasado. En un disco duro portátil de 250 gigas he grabado las mayores obras maestras de la literatura universal y de la historia de la filosofía: es mucho más cómodo recuperar del disco duro en pocos segundos una cita de Dante o de la Summa Theologica que levantarse e ir a buscar un volumen pesado en librerías demasiado altas. Pero estoy contento de que esos libros sigan en mis librerías, garantía de la memoria para cuando se les crucen los cables a los instrumentos electrónicos.

Leído acá

miércoles, 27 de enero de 2010

Después de la Web


El comienzo es simple: neoyorquino al 100%, a principios de la década del 80, Jaron Zepel Lanier elaboró una categoría novedosa, suficientemente elegante y muy prometedora: "realidad virtual". Tenía no más de veintidós años. La fórmula era producto de sus investigaciones, por lo que su primer alcance terminológico se circunscribió al ámbito de los productos que comenzó a desarrollar desde la empresa que fundó por entonces, la primera en el mundo dedicada a vender "realidad virtual". Claro que semejante concepto fue provocando otras resonancias. Habría que decir, muy oportunamente, otras aplicaciones. Por ejemplo, avatar. Así, la historia de este científico, conferenciante, compositor y artista visual es, también, la suma de alusiones, referencias y desvíos que "lo virtual" y "lo real" acumulan en su derrotero semántico. Es la historia de Internet - o una parte considerable de ella -. La de sus conquistas y su expansión. Pero ahora, también, la de sus fracasos. Sus peligros. Y casi, casi, dirá Lanier, la de su amenaza.


Es que Lanier construye e implementa, ante todo, una tecnología lingüística. Aseverativa. Performática. En una entrevista que mantuvo la semana pasada con The New York Times, en ocasión de la edición de su nuevo libro (cuya esperable traducción al español sería, o será, Usted no es un gadget), parecía estar hablándole a un club de hastiados. O a esos que el prólogo del texto llama, directamente, "non persons" (no-personas) del siglo XXI. Lanier está en busca de, por ejemplo, los usuarios que pretenden eliminar sus perfiles de alguna red social y escapar para siempre de su seno. Los que no lo logran y descubren, además, que ese perfil, con sólo reincidir, vuelve a su estado "natural" sin mayores inconvenientes. Persigue a ese lector que como él celebra, desde afuera y desde adentro del sistema informático, y con mayor o menor cantidad de reservas, el avance techi. El mismo que, sin ser un estricto humanista, hoy toma distancia de los inventos y piensa dos o tres veces antes de festejar la llegada de "lo nuevo" Por eso, en el Times, Lanier lució sus flamantes nociones: maoísmo digital, comportamiento vicioso y campesinado Web. Todo esto, dicho al borde de los 50 y con sus inalterables rastras, un aspecto que logra reenviarlo tanto a su lugar de mítico columnista estrella de la revista Wired como al de frustrado hombre de negocios. Una voz autorizada. Un asesor necesario, definido por varios de sus colegas como el creativo que asiste siempre descalzo a las reuniones de ideas. Descalzo y, recuerdan muchos, con los anteojos 3D bien puestos.


El punctum de la (no tan) nueva discusión es, para Lanier, el estado de posweb en el que el trabajo colectivo al que la red invita sistemáticamente, triunfa sobre la producción individual: los intercambios de materiales simulan un enriquecimiento personal que oscurece la idea de cultura. Cultura es publicidad. ¿Compartir qué, en realidad? Nada. Y eso es todo. La música es reductible al rescate retro. La amistad es el vínculo social (virtual) por excelencia, pero sólo porque opera como contratara de una estrategia millonaria que sustrae las singularidades al engrandecimiento de la figura de un único Mesías (que ya no es el arte en ninguna de sus posibilidades): el millón de amigos.

Lanier responsabiliza a "los Gigantes" (Google, Wikipedia, Youtube) en el trazado de una arquitectura grupal asimétrica: periodistas, artistas, músicos y autores devienen usuarios de esos sistemas, atraídos por un impulso creativo que no redunda en ganancias. Algunos, que ya se lanzaron a responderle, utilizaron el ejemplo cinematográfico que sacude hoy por hoy a Internet: el caso del joven uruguayo que con su corto animado subido a Youtube, obtuvo nada más y nada menos que 30 millones de dólares para ampliar ese germen creativo que Larnier siente que la Web está disolviendo.


Que la enciclopedia virtual más consultada del mundo sea el reducto intelectual de Internet le resulta incompatible con ese grado cero de la red al que él tuvo acceso. Antes, antes de todo esto. Ahora, hay "mentes escondidas" y procedimientos más sutiles: las palabras pronto significarán, dice en su libro, lo que los grandes motores de búsqueda quieran que signifiquen. Para muchos críticos que se atrevieron con la reseña, el manifiesto Lanier evidencia la ilusión rota de un adelantado que, a diferencia de Steve Jobs o Bill Gates, murió en el romanticismo. Es, aseguran, el lamento por ese mito de origen idílico, en el que democracia y apertura, Linux y Napster (y, más tarde, también, SecondLife) despertaban a una primavera irrecuperable.

Por Franco Torchia
Publicado y leído acá.

sábado, 23 de enero de 2010

Amor de verano

Tan corto el amor, tan largo el olvido, hoy en Ñ


“El amor de verano es una especie en extinción”, me comenta un amigo cuando lo pongo al tanto del propósito de esta nota. “Es un molde arrasado. Los atractivos que pudo haber tenido resultan casi invisibles y agotados para más de una generación”.
Confieso, la afirmación no me toma por sorpresa ¿el amor de verano existe más allá de la anécdota promocional del espectáculo o este último lo canibalizó por completo? ¿Algo más allá de una estrategia de simulación?
¿Puede vivírselo de un modo diferente?
Pasemos por alto por un momento los titulares y tapas de las revistas ¿de qué hablamos cuando nos referimos al amor de verano? ¿Nos referimos a una fatalidad, a una situación deseable?
Incluso en las tesis más pesimistas (pienso ahora en Espectáculo y Sociedad, de Jean Duvignaud o en las por demás glosadas invectivas de Guy Debord) algo subsiste de la experiencia no mediatizada (ni siquiera me animo a escribir “resiste”). Siendo así ¿en qué consisten las supuestas ruinas de estos modos amorosos?
¿Hasta que punto permanecen descontaminadas de su construcción mediática?
Aclaremos: el amor de verano no debería confundirse con el amor fugaz, precisamente porque verano, en este caso, parece aludir más al transcurso de una estación que a un escenario climático. Hablamos de un tipo de relación que se sostiene en un plazo medio. Como aseguraba Héctor Libertella, siguiendo a Roland Barthes: “el amor tiene su sistema regulado por el tiempo, como las modas”. Los cronistas del espectáculo lo saben de memoria: un amor de verano jamás se sintetiza mediante una fotografía, sino que invariablemente reclama un relato (aunque breve) y por entregas. Idas, vueltas y tantísimos divinos detalles y conjeturas. Para los titulares, el condimento ideal siempre es el escándalo, aunque todos sabemos que éste no es más que un juego retórico. Se reinventan y reiteran sus modos como se actualiza y vuelve a citar cualquier fashion de temporada.


Groucho Marx se preguntaba “¿por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?”. No es nuestro caso: el amor de verano tiene todos o casi todos los ingredientes de un romance. Si el desenlace ya está escrito y taxonomizado de antemano (sabemos que no prosperará) no así las instancias, pues de eso se trata: de observar cómo se ocupa (amorosamente) un período de tiempo.
Está escrito en ese molesto invento titulado la Ley de Murphy (cito de memoria): “Es amor cuando la mujer no consigue lo que buscaba y el hombre encuentra lo que no esperaba”. El verano transcurre antes de que sobrevenga el cansancio, que todo lo diluye. Neruda supo escribir: tan corto es el amor y tan largo es el olvido.
En tiempos en que las redes sociales de la denominada web 2.0 transforman la intimidad en espectáculo, los amores de verano imitan más y más el pulso de los blogs y fotologs: fragmentos de un diario íntimo al alcance de todos. A diferencia de lo que escribió hace cinco siglos Lope de Vega, el amor de verano parece tener tan fácil la entrada como la salida. La intensidad (lo inolvidable), se expande entre estos extremos.
En El Primo Pons, de 1847, Balzac interroga desde uno de sus personajes ¿cómo no enamorarnos si conocimos París juntos? La ciudad ayuda, pero es precisamente la experiencia del recorrido la que hechiza. El cine multiplica los ejemplos (recordemos Un amor en Florencia de James Ivory o bien Antes del amanecer de Richard Linklater): en todos los casos el amor de estación –sea la que esta sea- requiere del ocio, lo reclama. Las ciudades aportan ese otro clima, pero los enamorados invariablemente moldean su amorío en las bondades del tiempo libre. Si es de viaje, aún mejor.


Con esto quiero decir: el amor de verano rara vez toma por sorpresa. Es más: el ocio se justifica en esa búsqueda, en ese anhelo. Y si asombra, es porque alcanza un más allá de la inevitable predisposición para avanzar en una nueva aventura.
El ocio al que me refiero no es privativo de una clase social, pero sí de una época determinante. En este sentido el amor de verano que describo es, en cada uno de sus aspectos, un amor moderno. Los lazos culturales y estéticos entre la forma amorosa y la dimensión laboral resultan por demás significativos.
Martín Legón, joven artista argentino, reflexiona en un mail en el que me envía las imágenes que acompañan estas líneas: “Si vamos a las fuentes del arte y del verano, no hay nadie como Manet ¿de qué otra cosa nos habla sino del amor del verano? En su obra todo es tan frugal y efímero como los quince días hábiles que conseguís si todavía tenés la suerte de conseguir trabajo, vacaciones y aguinaldo. Incluso pueden ser recuerdos de todos esos amores de verano aquellos que pintó en los indestructibles jarrones que realizó antes de morir (para mí lo mejor de su obra por lejos).”
Coincido en todo: en ese tiempo en el cual la seducción se confunde (y potencia) con el ocio, la pasión dura lo que perduran mentalmente las vacaciones.
Así de simple: no hablamos sino del hábito de concebir las vacaciones como una experiencia amorosa.
Es exactamente esta predisposición sobre la que se monta la industria del espectáculo. Es tan obvio que verano y vacaciones devienen sinónimos en nuestros imaginarios como la multiplicación de los romances de parejas de receta en tanto sobreextendido consumo.


Vivimos en una época en la cual la experiencia no sólo imita al espectáculo sino que se entremezcla definitivamente con él.
En su libro Fans, blogueros y videojuegos, de reciente publicación en castellano, Henry Jenkins, fundador y director del Programa de Estudios Mediáticos Comparados del Massachussets Institute of Technology (MIT) narra las alternativas de una historia amorosa de su hijo homónimo con Sarah, una chica de un estado lejano luego de meses de idilio en la web. De manera similar a como sucede con el consumo cultural, los protocolos (estoy tentado de escribir “las plataformas”) del amor mutan, pero algo sigue persistiendo en sus formas. “En el ciberespacio no tienen cabida los gestos ambiguos que caracterizaban los primeros y desmañados cortejos de otras generaciones. (…) El lenguaje del amor cortés surgió en circunstancias similares: amantes distantes que ponían por escrito lo que no podían decirse en voz alta”. El amor de Henry Jenkins Junior seguramente fue lo que aún denominamos amor de primavera, o sea, aquel que implica siempre la inocencia, la inmensa ingenuidad del amor adolescente. Su brevedad oscila al ritmo de los cambios hormonales y a la adaptación –o inadaptación- de las relaciones sociales que se disfrazan muy rápidamente con los ropajes del destino.
Escribí recién que el ocio que conforma al amor de verano no constituye un privilegio de clase. Necesito aclarar: cada ritual de clase le imprime su perfil. Me gusta recordar a la novelista Angela Carter cuando afirmó: “Aunque la relación erótica parece existir libremente, en sus propios términos, entre las relaciones sociales distorsionadas de una sociedad burguesa, de hecho, es la más autoconsciente de todas las relaciones humanas, una confrontación directa entre dos seres cuyos actos en la cama están absolutamente determinados por los que realizan fuera de ella.” Una vez más es el arte quien se adelanta a la sociología.


Si el amor de verano se define por sus desmesuras, estas sin dudas serán otras. Baudelaire definió al amor como un crimen que no puede realizarse sin un cómplice, pero lo cierto es que el amor de verano raramente es trágico: así de intenso es su halo recreativo. El amor de verano vende muchísimas revistas, pero escasa literatura. La narrativa con pretensiones artísticas infaliblemente prefiere las relaciones trágicas, aunque en tantos casos el conflicto en cuestión pueda antojársenos banal.
Isadora Duncan creía que el amor puede ser simultáneamente un pasatiempo y una tragedia, sin embargo lo que suele distinguir al amor veraniego es cierta condición de souvenir. Ni más ni menos: no es otra cosa que un amor-souvenir, persistentemente leve, aparentemente sin urgencias.
Aún así casi siempre obedece a un plan, ya no identificado con la capacidad y voluntad de enamorarse, sino más exactamente la de desenamorarse. Amor ceñido desde el vamos a límites temporales precisos (estacionales), el “no va a durar” resulta clave en su status. Ese parece ser su pacto o contrato. Y ningún otro resulta ser su encanto. Una vez más, su mimetismo con las vacaciones resulta nodal: una relación que rehúye o deja entre paréntesis toda sombra de obligación. Lo mismo que en cualquier idilio, la brevedad se impone en toda su potencia. Tal como suele decirse, el amor eterno dura dos o tres meses. Y para nuestra suerte podemos vivir varias de estas eternidades: cada temporada necesita renovar el stock de amores, ya en su casting, sus remakes o locaciones.
Ahora bien ¿por qué creo estar de acuerdo con mi amigo cuando intuye que el amor de verano, en el más allá de las prosopopeyas del espectáculo, es una especie en extinción? Necesito repreguntarme ¿pueden las relaciones amorosas sustraerse de las transformaciones de intercomunicación, de percepción temporal y de alteración de lo que entendíamos por intimidad que la web instala progresivamente en los que son nuestros más recurrentes hábitos? No soy el único que experimenta la sensación de que el movimiento es doble: si los modos del amor, interacción digital mediante, cada vez parecen acercarse más a las ligeras oscilaciones del amor de verano, éste último parece desprenderse más de sus imperativos de estación.
En un futuro cercano ya demasiado parecido a nuestros presentes ¿seremos capaces de diferenciar uno de otro? ¿Será demasiado irresponsable y fantasioso observar diversos síntomas de doble fagocitación?
La intimidad también devoró al espectáculo.
Quizás terminemos por darle la razón al cada vez más vintage Premio Nobel Jacinto Benavente: "No hay sentimiento que valga; el amor es una ocupación como otra cualquiera."

jueves, 21 de enero de 2010

Ensayo


El problema no es sólo terminológico, sino conceptual (y grave, realmente grave). Releo en el número de otoño del año pasado de la revista Otra Parte, un texto de Alejandro Grimson presentado en tapa como PAPER VS. ENSAYO. Vuelvo a adentrarme en esas líneas y a divertirme con la falsa disyuntiva: lo que Grimson denomina ensayo no puedo apreciarlo sino como una variación del paper. Montaigne no hubiera entendido esa forma, no la reconocería. No estoy haciendo un juicio de valor, sí una distinción básica. No se trata de una cuestión académica (por suerte, estoy fuera de esa dialéctica). No es un hecho aislado. En la selección 25 ensayos argentinos para descubrir, antología en la que también participó Grimson, escasea –y tanto- el ensayo.
Sin dudas, estamos hablando de otra cosa.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Narrativas

Fragmento de una histórica entrevista a Wu Ming 1 en torno a New Thing


¿Qué tipo de intervención se propone realizar sobre el campo literario (si es que se propone realizar alguna)? ¿Qué tipo de intervención sobre el campo social? ¿Cómo piensan la relación entre ambos campos? [aunque probablemente sean preguntas que ya deben haber contestado infinitas veces]


WM1. Es necesaria una respuesta muy elaborada, un poco de paciencia.
Para nosotros cualquier narración es comunicación social, es "intervención". Incluso la novela escrita en nombre del arte-por-el-arte es comunicación social, ya que transmite un mensaje de ausencia de compromiso, exhorta a replegarse a una cierta dimensión percibida como extra-social. La cuestión es que ninguna dimensión es "extra-social". Negar esta realidad no lleva a ninguna parte, más vale ser conscientes de ello, también en el momento de escribir. No es cuestión de escribir novelas "de tesis", "a chiave", propagandísticas. Hemos visto ya muchas, y no es eso lo que sirve. Pero entre la propaganda y el arte-por-el-arte existen infinitos puntos, articulaciones, gradaciones, aventuras, experimentos y resultados. A una novela yo no le pido seguridades, no pido que refuerce convicciones que ya tengo: espero de la novela una desestabilización, aunque sea sutil pero que exista. La novela es perturbadora o no es. No quiero que se me diga que los malos son malos porque son malos, y que los buenos tienen razón. Quiero relatos sobre la crisis de los "buenos", sobre el punto de vista de los "malos", sobre los obstáculos y los replanteamientos, sobre las pruebas a superar, sobre los desafíos que fundan cosas y las victorias que hacen perder la cabeza y llevan al desastre. En suma, quiero la posibilidad de una épica, y quiero que se meta mano a la tragedia. Sólo si hay todo esto, en mi opinión, se puede hacer una escritura de valor social y político sin envilecer la forma-novela.
[Dicho esto, Virgilio escribe la Eneida bajo encargo político directo, y la concibe como una obra de propaganda, ni más ni menos. Sólo que era Virgilio, y su escritura ha trascendido la intención inicial, entregándonos una obra maestra que "sigue en pié", influyéndonos mucho más allá de lo que Augusto esperaba que ella. En definitiva, nunca se sabe :-)]


Pero existe un error de fondo cuando se habla de utilización de la "realidad" en la literatura. Algunos creen que, en este contexto, por "realidad" se entienda un contexto material, y que recurrir al mismo signifique ser "objetivo", llevar a la literatura "las cosas como son". Esto es imposible, la literatura puede mirar a la realidad sólo como a una enésima dimensión textual. La "realidad" que se usa en literatura es el conjunto de textos externos a aquello que se está escribiendo, preexistenes al mismo. Las fuentes que están "ahí fuera", esto es, los documentos, los flujos de información y mediáticos que terminan en la escritura. La "realidad" que se puede usar en literatura es la crónica de periódicos y televisión, es la historia encontrada en los archivos, es el correo que me ha mandado Amador, es la performance de Leo Bassi que he visto en Barcelona. Son, de cualquier manera, textos, y la literatura los usa como tales, se relaciona y se inspira en ellos como tales. Lo real es "textualizado", por usar una expresión del teórico del cine Maurizio Grande. No se puede llevar a la literatura la cosa-en-sí, "objetivamente", si no sólo el modo en el que es narrada en lo real textualizado. Todo el debate sobre el "realismo", sobre qué tipo de literatura sea más o menos "fiel a la realidad", es una pérdida de tiempo. En nuestras novelas a veces incluso utilizamos elementos sobrenaturales y no por ello, haciendo esa elección, "huimos de la realidad". Quizás, en alegoría estamos afrontando la realidad mejor que quien ha elegido un enfoque convencionalmente reputado como "realista".
o que me gustaría producir es un estado de alerta positiva. Puede suceder que una obra artística aumente la conciencia sobre un problema y espolee su resolución. Que después se consiga resolverlo, es otra cuestión, y va más allá de lo que puede hacer la literatura. Pongamos por ejemplo la novela por entregas decimonónica, el feuilleton, que pone a la opinión pública francesa frente a las condiciones de vida de los barrios pobres, y lo hace con tal clamor que induce al parlamento a aprobar una ley anti-feuilleton.


La ficción, por lo demás, puede imaginar "la peor hipótesis" y así servir de admonición, para conjurar empeoramientos ulteriores de nuestras condiciones. Si durante el cuarantenio de la guerra fría no hemos sido aniquilados por las armas nucleares, es en parte porque la opinión pública era constantemente puesta en alerta con escenarios de apocalipsis, narraciones post-atómicas, películas y novelas sobre una humanidad superviviente abrasada por las radiaciones. La primera retransmisión televisiva de The Day After, el telefilm de 1983 sobre la catástrofe nuclear, fue vista por cien millones de personas. En Italia se distribuyó en las salas de cine y fue el tercer mayor éxito de taquilla de la temporada. Allá donde llegó, desencadenó ardorosos debates sobre el rearme nuclear. La calidad de aquella película era más bien mediocre ... Pero tuvo una función, incrementó la conciencia. Mira también The dead Zone, de Stephen King, donde se pregunta si es más ético dejar que salga elegido un presidente belicista o !matarlo durante la campaña electoral! Sin una opinión pública constantemente aguijoneada en este sentido, ¿quién puede decir que Nixon o Reagan o Brezhnev no hubiesen usado antes o después la bomba atómica? Sin el estigma social de sus acciones, un gobernante hace lo que le sale de los cojones. A menudo lo hace incluso con el estigma, así que imagínate ...
Lo importante, repito, es evitar el malentendido sobre "realismo", pensar que la literatura "comprometida" deba "narrar la realidad" de un modo "objetivo". La denotación, en definitiva, De otra manera, se producirán expresiones planas y se traicionará lo específico de la literatura que, al contrario, es el trabajo en torno a la connotación, esto es, en torno a los sentidos figurados, a las metáforas, a la alegoría. En torno a la poesía de las cosas. Nosotros somos escritores, no creadores de planfletos. Sólo teniendo presente esta banalidad de base se podrá hacer una contribución civil, política y social sin producir .... basura.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Reporte: FRAGILIDAD ILTDA. Episodio 2.


Por Beatriz Vignoli
Para Rosario 12.

Una forma frágil de ocupar el tiempo

Rafael Cippolini reúne a Ernesto Ballesteros, Graciela Hasper, Fabio Kacero y Pablo Siquier, los artistas que le encargaron aquel documento. La muestra tiene solidez formal y conceptual.

A diez veranos del Manifiesto frágil (último del arte argentino por ahora), su autor, Rafael Cippolini (Buenos Aires, 1967) reúne a los artistas que se lo encargaron: Ernesto Ballesteros, Graciela Hasper, Fabio Kacero y Pablo Siquier. La muestra, que puede verse en los pisos 2 y 3 del MACRO (Bv. Oroño y el río), se titula Fragilidad Iltda, episodio 2. Realzada por un impecable montaje, es de una solidez formal y conceptual inusual para el medio, si bien su contenido apuesta a la nada. "El arte es una manera frágil de ocupar el tiempo", dice la frase más citada de dicho manifiesto. Un manifiesto por encargo es una contradicción, pero así están las cosas: de contradicciones viven las post modernidades; especialmente las periféricas, que no tuvieron casi modernidad, en primer lugar. El manifiesto tuvo tres versiones; la última está fechada en abril del 2000 y se publicó en la revista Ramona. Sumando otra a una serie de intervenciones realizadas en el Museo de Arte Moderno de Mendoza y en el Museo de Arte Contemporáneo de Bahía Blanca, los artistas mencionados "toman" este verano la fachada del Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (MACRO) en una operación que el propio curador designa en una reseña como "redefinición del muralismo, una de las estrategias visuales clave en las políticas del arte latinoamericano del siglo XX".


Al respecto cabe recordar el "Llamamiento a los plásticos argentinos", que el muralista mexicano David Alfaro Siqueiros publicara en el diario porteño Crítica el 2 del junio de 1933: "Nuestros campos de operaciones serán aquellos lugares en que el tráfico del pueblo sea más intenso", escribía el mexicano, exhortando a sus colegas argentinos a "sacar la producción pictórica y escultórica de los museos-cementerios", llevándola a "los lugares más estratégicos plásticamente de los barrios obreros, en las plazas sindicales, frente a las plazas públicas y en los estadios deportivos y teatros al aire libre", para así crear "las bases de un movimiento, de plástica monumental descubierta y muy ejemplar para las grandes masas populares".
Cippolini, midiéndose con semejante titán y dándolo, sin la menor modestia, por superado con su propuesta, sostiene que "esta vez se puso entre paréntesis la perfección y elocuencia de las estrategias y proyectos de las vanguardias históricas, su revés siempre político, el anhelo de su eficacia". Su texto para la exposición se titula "Tractatus Fragilitatis: Un Museo de la Tierra en Saturno" y añade extrañeza a una selección muy sólida de obras elegantes y logradas que reelaboran el concepto de ficción. Aunque en realidad cabría agregar que a la noción de ficción estos artistas la trabajan negativamente, por omisión deliberada, mostrando los bordes del recorte del vacío que la ficción deja en las obras de arte al ser extirpada de ellos, y que lo que presentan son nuevas formas para la abstracción. Si a algo deben remitirse no es entonces a los manifiestos del muralismo sino al manifiesto Arturo. Con quien dialogan y respecto de quien innovan estos autores es en todo caso el crítico norteamericano Clement Greenberg, quien a mediados del siglo pasado proponía un formalismo basado en las propiedades específicas del medio pictórico: lo que logran Hasper, Ballesteros, Kacero y Siquier es un "formalismo obsesivo" (Cippolini dixit) que indaga en lo específico de otros medios, como el dibujo, el cine o la industria editorial.


Graciela Hasper (Buenos Aires, 1966) presenta: un mural Neo Geo; una pintura abstracta más bien tradicional que funde entre sí diversos lenguajes del alto modernismo, y, en la tradición del primer conceptualismo, una serie de libros de artista ("Libros Pinta Bien", 2008 y 2009) donde las páginas son papel afiche liso de colores. También muestra videos. En un video realizado el año pasado en la Rambla de Mar del Plata y en otro titulado "Caracas Suite" (2006 a 2008), Hasper formula algo así como la esencia del cine, o lo específico de la forma cinematográfica: movimientos de cámara y música, sin ficción.
Acompañando imágenes de la rambla desierta y sus grises helados, una música inquietante de quinteto de cuerdas aporta suspenso a los planos secuencia en la técnica del travelling. Todo (incluso el clima de fuera de temporada) remite a Stanley Kubrick en "El Resplandor", pero el único acontecimiento es el recorrido de la mirada.
El arte es el único acontecimiento y la realidad es apenas un lienzo en blanco también para Ernesto Ballesteros (n. 1963), quien muestra una breve selección de piezas de dos series de su ecléctica obra. Una son las "fuentes de luz tapadas", bellas fotos intervenidas, escotomizadas, de Puerto Madero y otros lugares, en un recurso que también emplean otros artistas contemporáneos, como la santafesina Rosalía Maguid o el rosarino Carlos Herrera. Otra (también en la línea del conceptualismo temprano, al igual que los libros de Hasper) se titula "kilómetros de líneas aplicadas a un paisaje". Esta serie rescata, ironizando sobre la ficción de espacio representado en el paisaje mediante la alusión a kilómetros reales, lo específico formal del dibujo, que es la línea formando planos. Lo que diferencia los títulos de las diferentes obras es siempre un número inicial, que cuenta cuántas fuentes de luz han sido tapadas (70, 757) o mide los kilómetros de líneas (308, etc.) que fueron aplicadas a un paisaje. Esta cuantificación del quehacer artístico remite a la ciencia, como bien sugiere el prolífico Cippolini, para quien deconstruir la paradójica noción de "ciencia ficción", separando los términos de "ciencia" y "ficción", pareciera ser una operación conceptual ensayística clave.

Probablemente lo más fascinante de toda la muestra sea la instalación de Fabio Kacero (Buenos Aires, 1961). Titulada Nemebiax, abarca un video y un libro de arte realizados entre 2007 y 2009. El video muestra cómo el artista "pinta" con las letras de un teclado, creando palabras pronunciables pero sin sentido que pueden estar en cualquier idioma. La lista es potencialmente infinita. El libro reúne todas las combinaciones. El proyecto es tan borgeano como gratuito, y atrae precisamente por su gratuidad. ¿Se tratará de agotar todas las combinaciones posibles, o lo mejor es una obra "frágil", que no pretenda ser tan totalizadora, cuyo punto final esté dado por la fatiga o el hartazgo? La música es hipnótica, las vacilaciones de la mano convencen de que se está viendo cómo el artista crea, y las palabras que salen son muy extrañas: "cortul, nagadita, gurgli, pranglet, maincoch, breinoltil" y así hasta el cansancio. Pero no aburre. Y, por supuesto, es una vuelta de tuerca "obsesiva" sobre el motivo de la palabra inventada, que ya utilizaron dadaístas como Kurt Schwitters o el rosarino Juan Grela.


Kacero expone además algunas de sus "pinturas falsas" hechas con la computadora. Resulta despareja su serie "Self Fiction" de libros inexistentes, hojas en blanco entre diseños de tapa. Uno se basa en la portada del disco Never Mind the Bollocks, del pionero grupo punk británico Sex Pistols, y se titula "Never Mind the Pollocks: Spitting over Dripping" (algo así como "Que no te importen los Pollocks: escupiendo sobre el dripping"). Los artistas de este nuevo siglo estamos bien informados gracias a la World Wide Web, de modo que, jugando con el apellido real del líder del la banda (Johnny Rotten) firma un tal Jack Lydon. La obra satiriza así al pope del expresionismo abstracto norteamericano de mediados del siglo pasado, Jackson Pollock. Esto de burlarse de Pollock no es nada nuevo, lo de parodiar u homenajear la tapa del disco fundante del punk tampoco (ya lo hizo el grupo alemán Die Toten Hosen, y, a propósito, ¿de dónde sale el título del álbum Nevermind de Nirvana?). Pero por lo menos el chiste es feliz; otras de las tapas son apenas olvidables ocurrencias de salón.
Y, el colmo del vacío, un libro intervenido de Kacero, titulado "Adriana Hidalgo", faltaba de su pedestal al momento de reseñar esta muestra el domingo pasado. ¡A revisar los videos de seguridad! Last but not least, Pablo Siquier (Buenos Aires, 1961) exhibe uno de sus característicos murales en vinilo negro sobre el blanco de la pared, bocetados mediante la combinación de restos de formas decorativas procedentes de las más variadas culturas, disciplinas y períodos. Cabe aclarar que la similitud entre los apellidos Siquier y Siqueiros no es un chiste de Kacero. Ni de Casero.

sábado, 28 de noviembre de 2009

¿Qué es una lectura patafísica?


Feria de lecturas. Leedurías.
Sábado 28 y domingo 29 de noviembre. Auditorio y biblioteca. Entrada libre y gratuita. Hasta completar la capacidad de las salas.

Leedurías, idea del narrador oral colombiano Nicolás Buenaventura Vidal, es un recorrido por lecturas de muy diversos orígenes y formatos. Esta feria de lecturas convoca a un importante número de representantes de muy diversas disciplinas como filólogos, médicos, arquitectos, historiadores del arte, videopoetas y tarotistas entre muchos otros, a leer sus objetos de lectura predilectos. Los grandes ausentes, los libros.

PROGRAMA (Todas las actividades son de entrada libre y gratuita, hasta completar la capacidad de las salas. Las entradas se entregarán el mismo día en recepción.)

LEYENDO DE CORRIDO
de corrido. loc. adv. Con presteza y sin entorpecimientos. Diccionario de la lengua española. Real Academia Española, vigésima segunda edición)

Runas. Por Fabiana Daversa.
Sábado 28 a las 15:00. Biblioteca.
El alfabeto Rúnico, llamado Futhark, tiene más de 2.500 años y representa el saber de los pueblos del norte de Europa y en cada región tiene características particulares. Un especialista en la lectura de las runas dispone sus instrumentos de lectura para la adivinación.

Alfabetos sumerios, árabes y griegos. Por Julio Enrique Burgos, Hasan Maggi y Leandro Pinkler.
Sábado 28 a las 15:45. Biblioteca.
Un especialista en sumerio lee el poema del Gilgamesh, un especialista en árabe lee el Corán, un especialista en griego lee la Odisea.

Ciudades. Por Pio Torroja.
Sábado 28 a las 16:30. Biblioteca.
Leer la ciudad, sí, pero ¿qué leer y cómo? Si un libro es un un mundo heterogéneo encriptado en un código homogéneo de signos, la ciudad como mundo no parece presentar ningún código homogéneo de lectura. Entes, cosas, infraestructuras, personas, máquinas, grupos, instituciones, personajes. ¿Qué leer? ¿Cómo leer? ¿Leer? ¿Escuchar? ¿Dar voz? ¿Representar? ¿Una paciente construcción de unos aparatos de traducción entre entes heterogéneos? Un arquitecto nos cuenta cómo leer entes, cosas, infraestructuras, personas, máquinas, grupos, instituciones, personajes, en el marco estrecho del escenario urbano.

Radiografías. Por Ernesto Lupo.
Sábado 28 a las 17:00. Biblioteca.
Un médico pediatra lee sus radiografías clínicas favoritas.

Patafísica. Por Rafael Cippolini.
Sábado 28 a las 17:30. Biblioteca.
Una lectura patafísica es por definición una lectura excepcional, donde "excepcional" no implica en absoluto valoración sino simplemente una característica notoria de su objeto. Redundemos: una aproximación tan inútil como fuera de regla.

Cartas. Por Mariela Ocanto.
Sábado 28 a las 18:00. Biblioteca.
Una especialista en la lectura de las cartas de tarot nos introduce en la lectura de sus símbolos y su visión del recorrido del camino heroico que transitamos.

Manuscritos. Por Santiago Amigorena.
Domingo 29 a las 16:30. Biblioteca.
Los artísticos manuscritos de un escritor y director de cine radicado en Francia serán los protagonistas de una experiencia de lectura que desdibuja la frontera entre literatura y artes visuales.


PROYECCIONES
Domingo 29 a las 16:00. Biblioteca.

Animaciones
Animar significa "dar vida". Tomando esa idea como premisa, la búsqueda estética de estas animaciones no apunta al simple movimiento de imágenes estáticas sino a la creación de un universo audiovisual que transmita en forma interesante y efectiva las ideas que dispara cada uno de los relatos literarios originales. A cargo de los alumnos y alumnas la materia de Medios expresivos de la carrera de Diseño Gráfico de la FADU (UBA).

Organizado junto con CÁTEDRA GROISMAN
(Programa completo al final de esta página)

Videopoemas
En los videopoemas de la serie Lecturas de Belén Gache se interpretan las escrituras de reconocidos poetas de habla hispana. En ellos el acto de leer, con su singularidad temporal y espacial, es lo que le da sentido al texto y, a la vez, se instaura como performance.


ESPECTÁCULOS

NARRACIÓN ORAL
Historias urbanas y lejanas. La torre de mentiras y los embusteros sin fin.
Por Juan Marcial Moreno.

Sábado 28 a las 17:00. Auditorio.
Cuentos tradicionales africanos, un relato del Satiricón de Petronio y un mito boliviano forman parte de esta torre de mentiras que intentaremos destruir. ¿Y si nos quedamos solo con la verdad?... ¿Qué haremos con ella? ¿Y si nos quedamos sin cuentos, sin magia? Mentira, engaño, embuste, cuento, fábula. Ardides, artimañas, camelos, chafalonías, embelecos, engaños, tretas, frangollos, manganetas, supercherías, triquiñuelas... cuentos chinos. Leer, releer, descifrar, adivinar, interpretar... describir, suponer, representar, ejecutar... contar.


NARRACIÓN ORAL
Los cuentos del espíritu. Por Nicolás Buenaventura Vidal.

Sábado 28 a las 18:30. Auditorio.
Cuentos leídos en las arrugas del tiempo. De origen misterioso, se los recopiló en la India y circularon bajo el nombre de Vetalapañcavimmsatika (Los veinticinco cuentos del Vetala). Lo particular de estos relatos es el enigma, la perplejidad, la pregunta insólita del Vetala al final de cada relato. Según la tradición, se trata de un viaje de iniciación, de un camino. Quien lo recorre supera su condición.
Llevando el arte de la palabra a las dimensiones del espectáculo, Los cuentos del espíritu nos enfrenta hoy en día, con relatos provenientes de una tradición secreta, en una lengua "oscura".

NIÑOS
Amaranta porqué. Por Nicolás Buenaventura Vidal.

Domingo 29 a las 15:00. Auditorio.
Todas las culturas del mundo han inventado miles de historias que responden a los porqués de la vida y Amaranta necesita conocerlas, descubrirlas. Amaranta tiene mil preguntas. Quiere saber: ¿Por qué la luna está tan alta en el cielo? ¿Por qué el conejo tiene las orejas largas? ¿Por qué?, ¿por qué? y ¿por qué?… Han oído eso alguna vez, ¿verdad? Amaranta porqué es un espectáculo para niños y niñas de tres a trescientos años en el que, a través de un viaje por la tradición afrocolombiana, Nicolás Buenaventura Vidal enfrenta, con cuentos, el complicado, emocionante y en ocasiones absurdo problema de crecer.

CONSULTORIO
Historias con efectos secundarios. Por Gimena Blixen y Marcela Ganapol.

Domingo 29 a las 18:00. Auditorio.
A cada consulta le corresponde un cuento.
Dos narradoras escuchan en el auditorio del museo las consultas sobre esos asuntos que ocupan o preocupan al público presente. Los cuentos que surgen en este diálogo con el público responden o reformulan estas consultas, o simplemente las hacen moverse y transitar por otros caminos.