jueves, 30 de julio de 2009

Aparato Ruido: Otra manera de hacer arte


En ese momento no terminaba de entenderlo. Sí, lo intuía, pero acepto que me costaba aceptarlo. Schanton insistía en que escribir novelas o cuentos era “una forma muy vieja de hacer arte”. Por entonces Marcelo Eckhardt era aún inédito pero ya llevaba escritos varios libros. Sin embargo, fue por esos días (hablo de principios del ’92, poco faltaba para que Pablo firmara sus primeras notas para el suplemento Sí) que con Eckhardt comenzamos a experimentar con la escritura de otro modo (de sus textos salió más tarde el increíble Látex).


El Club Sónico era historia y Schanton había puesto en marcha el Proyecto Aparato Ruido (P.A.R.) Lo primero que me atrajo fue que hablaba de “producciones” y no de textos. Me dijo “hay que hacer con un texto lo mismo que Phil Spector hace con una canción”. Confieso que es algo que todavía sigo teniendo muy presente. De hecho, antes de conocerlo personalmente, incluso (creo) antes de haberlo escuchado por primera vez en el Instituto Goethe (primavera del ’90), había leído varios de sus ensayos. Algunos en colaboración (en Cerdos & Peces, sobre Joy Division, Velvet Underground, New Order, Pixies), en Pan y Circo, en la revista de la Rock & Pop. Pablo ya era mucho más que un periodista de rock (como le gustaba definirse). Era un teórico, desplegaba un arsenal de lecturas –y aún mejor, de aplicaciones de esas lecturas- que estaban muy lejos (muy por encima) del mejor paper universitario que hubiera llegado a mis manos.
Y sin dudas, remixaba lo más interesante de una tradición que ambos conocíamos muy bien: las revistas argentinas de rock. De Expreso Imaginario a Pelo, pasando por tantas otras efímeras, conectábamos perfectamente en ese imaginario.


Aparato Ruido comenzó como una idea de suplemento de la revista Venus (de los hermanos Gil –Georgina y Gonzalo- y Andrés Castro) y muy pronto se independizó y hasta cambió de editorial (por AC). El primer número fue diseñado por el excelentísimo Wili Peloche y los dos siguientes (sí, sólo fueron tres, aunque existe un cuarto inédito) por Alejandro Ros. Muchos amigos colaboraron en sus páginas: Fernando García, José Bellas (P.K.). Y creo que se trató de la primera revista de rock que incluía un casete con grabaciones expresamente realizadas para cada número (Juana La Loca, Suárez, Daniel Melero, Tía Newton, Avant Press –Leo García, Ezequiel Araujo-). Lo cierto es que no siento nostalgia, sino pena de que hoy no exista en Argentina una revista así. De lejos y según pienso, la publicación más interesante (en cuanto a la propia escritura, a los textos, a la idea, al concepto) del rock del fin del mundo.


Era realmente una revista de cultura rock. No era fácil: la mayoría de los músicos que aparecían en sus páginas no terminaban de entenderla. Me acuerdo de una observación que me hizo Adrián Dárgelos con respecto a un ensayo de Eckhardt (“no se entiende si es un cuento o una reseña”). Y lo cierto es que tenía razón y precisamente esa promiscuidad era la que nos atraía. Habíamos dado unos cuantos pasos más allá del “nuevo periodismo” que de la mano de Pettinato había brillado en la segunda época de Expreso Imaginario. Y si habíamos avanzado, sin dudas fue porque Schanton tenía razón al subrayar que no era necesario dedicarse a la literatura.
Lástima que muy pocos ahora insistan en “esa manera de hacer arte”.

Recomiendo mucho este rescate de un texto de Schanton, acá.

martes, 28 de julio de 2009

"'RAICES Y CABLES': Ciberespacio Polirítmico y la Negritud Electrónica"

Por Erik Davis


En nuestra búsqueda de modelos de ciberespacio que eludan el sistema coordinado cartesiano, debemos recordar la distinción hecha por McLuhan entre espacio acústico y espacio visual. Para McLuhan el espacio visual era un medio lineal, lógico y secuencial construido por caracteres alfanuméricos y, más recientemente, por una perspectiva de Renacimiento Occidental. Lo sabemos desde Descartes y William Gibson: la manifestación simultánea de una cuadrícula objetiva y un sujeto individual regidor.
McLuhan pensaba que los medios electrónicos estaban subvertiendo el espacio visual mediante la creación de un "espacio acústico": un medio psíquico y social que recuerda al tipo de espacio que percibimos con el oído: multidimensional, resonante, invisiblemente tangible, "un campo total y simultáneo de relaciones."


Lo que resulta especialmente útil de la analogía de McLuhan -y no debemos olvidar nunca que el pensamiento de McLuhan es esencialmente analógico- es que abre una dimensión del ciberespacio que ha sido, de forma general, pasada por alto: los espacios acústicos producidos en la cultura musical electrónica contemporánea. Desde los experimentos intelectuales de Cage y Stockhausen, pasando por las exploraciones analógicas de los productores de dub reggae y los músicos de rock progresista alemanes a finales de los 60 y principios de los 70, hasta la jungla actual de sonidos postambientales y el trip-hop, la música electrónica ha tenido un gran empeño en construir espacios, tanto musicales como sociológicos. Constantemente experimentando con tecnología barata y con la más moderna, y con un interés casi exagerado por la "cultura de la calle," la electrocultura es quizás el ejemplo supremo de la ocurrente afirmación de Gibson de que la calle le da a las cosas su uso particular.
Y si bien la electrocultura es un medio políglota, en el que las polaridades geográficas, raciales y sonoras se rompen y vuelven a combinar, también ha estado influida fundamentalmente por lo que Paul Gilroy llama el "Atlántico Negro" -no sólo integrado por la cultura afroamericana, sino también por las culturas mestizas del Caribe y las islas británicas. La electrocultura, pues, proporciona uno de los principales agentes del "Tercer Mundo digital."


Pese a que cualquier generalización simplista sobre "Africa" es peligrosa, las propiedades estructurales de la mayor parte de la percusión africana -polimétrica y multirítmica- es un modelo excelente, y a menudo olvidado, del tipo de conocimiento distribuido, multicéntrico e híbrido asociado a la mente tecnológica. En el Nuevo Mundo estos ritmos (beats) multidimensionales también han servido para codificar memoria, crear novedad cultural y, en su modalidad sagrada, facilitar la experiencia religiosa, sobre todo a través del vudú y la santería; un estimulante multirítmico que anuncia la obsesión por el hip-hop con el "break."
El hip-hop nació con la cultura DJ jamaicana, y es en el dub reggae donde encontramos uno de los mejores ejemplos del espacio acústico popular producido mediante la tecnología musical electrónica, como pondrá de manifiesto mi análisis sobre la lógica híbrida jamaicana del "cut'n'mix" y la producción de ritmos complejos mediante efectos con cintas. También comentaré la pseudo afrocosmología, en clave de ciencia-ficción, del productor de sonidos dub/DJ Lee "Scratch" Perry, y la relacionaré con otras utopías futurísticas de la "Electrónica Negra": Sun Ra, George Clinton, Jimi Hendrix y el primer tecno de Detroit. Después buscaré las influencias del dub en los espacios acústicos de la música-máquina actual, analizando brevemente las manifestaciones que ofrecen algunos de los ejemplos más creativos, renovadores y esperanzadores de la vida en el ciberespacio.


La ponencia completa acá.

domingo, 26 de julio de 2009

Japanoiseland: Anla Courtis en Kokura


Glosario de un músico argentino en la dimensión noise de Japón

Discos. Grabé varios que aún no se editaron. Pero otros tantos sí. Por ejemplo, grabé con Matsunaga Kawabata y Rokugenkin (de los Acid Mother Temple) un disco que titulamos Kokura, que es el nombre antiguo de una ciudad que ahora se conoce como Kitakyushu, en la prefectura de Fukuoka. En Kokura está emplazado ese tremendo castillo al que le dedicamos un tema. También grabé con Yoshimi (inmortalizada por los Flaming Lips, también baterista de Free Kitten, grupo que comparte con Kim Gordon de los Sonic Youth) & Seiichi Yamamoto un álbum que bautizamos Live al Kanadian. También Live in Fukuoka, un show que di solo y editó el sello alemán Scrotum Records.

Experto en teteras verdes. Tienen fascinación por cualquier cosa. Conocí a un japonés que era una autoridad en teteras verdes. Tenía miles y conocía de cada una hasta los más mínimos detalles. Para ellos el coleccionismo tiene mucho de ritual. Los objetos no son simples objetos una vez que comenzás a seleccionarlos.


Far West: En Yonago una calle entera dedicada a los increíbles personajes del dibujante Shigeru Mizuki.

Fukuoka. Una Patagonia japonesa.

Gestualidad. Los japoneses tocan la guitarra de una forma muy ligada a la gestualidad física. Parten desde ese lado, de un movimiento, del músculo. Van al gesto, directo. El japanoise recupera el gesto en todo su sentido y dimensión. Un tsunami traducido en música.

Parte de la nota publicada en Tokonoma 13

viernes, 24 de julio de 2009

Literatura, cultura pop y activismo

Pasado, presente y futuro de las nociones de autoría e intervención


HJ3: La Wikipedia describe el movimiento como una “reputación abierta”, dando a entender que el nombre Luther Blissett podía ser asumido y utilizado por cientos de participantes diversos. ¿Podéis explicar el concepto de “reputación abierta” y qué insinúa sobre la naturaleza de la autoría en la cultura contemporánea?

WM2. “Reputación abierta” significa que los diversos participantes en el juego del “nombre múltiple” no eran jirones de un conflicto de personalidad esquizofrénico, sino varias facetas de una sola identidad. Cada vez que tú utilizabas el nombre “Luther Blissett”, hacías algo más que adherir a un proyecto: te convertías en Luther Blissett, eras Luther Blissett.
En el planeta Tlön, el famoso mundo imaginario inventado por Jorge Luis Borges, “es raro que los libros estén firmados. No existe el concepto del plagio: se ha establecido que todas las obras son obra de un solo autor, que es intemporal y es anónimo.” Y no es por azar que según una de las escuelas filosóficas de Tlön, “todos los hombres que repiten una línea de Shakespeare, son William Shakespeare.


Creo que Luther Blissett ha sido un experimento de filosofía práctica. Luther ha desafiado la creencia en el Autor como genio individual, recitando una fábula con moraleja sobre cómo funciona la creatividad efectivamente.
Nosotros creemos que cualquier autor es un autor colectivo.
Hace ya varios años, el mundo de la literatura supo que Raymond Carver no era realmente Raymond Carver. Los originales de Carver eran mucho más largos que las versiones que se publicaban. Las partes superfluas fueron eliminadas por su editor, Gordon Lish. Los finales de Carver, en realidad, eran los finales de Lish.
Se me ocurre una pregunta: ¿qué hubiera pasado si Lish no fuera un editor sino solamente un amigo de Carver? Imaginemos que Gordon Lish fuera un funcionario de correos que viviera enfrente de la casa de Carver. Una noche Carver llama a la puerta de Lish y le dice: “Vamos al bar a tomar una cerveza, necesito tu opinión sobre la historia que estoy escribiendo”. Carver lee el relato a Lish, y este le comenta: “Es buena, pero se estira más de lo necesario. ¿Y si le quitas el último párrafo? El final sería más incisivo, ¿no crees?” Carver vuelve a su casa y sigue el consejo de Lish. Y nosotros, los lectores, nunca sabríamos acerca de esta conversación. No pasaría nada.
Carver sigue siendo Carver, y nosotros seguiremos hablando sobre los finales un cambio epocal desde los sistemas de comunicación verticales hacia redes horizontales y medios personalizados!)


Podían describir a Luther Blissett, por ridículo que parezca, como el sheriff de Nottingham podía describir a Robin Hood. Luther Blissett era una persona... bueno, una especie de persona, en el sentido que era una figura antropomórfica, y encarnaba literalmente todo lo que estaba sucediendo. En casa tengo una pila de recortes de diarios de veinte centímetros de alto, hojéalos y encontrarás todo tipo de definiciones para Blissett: “terrorista cultural”, “bandido de la información”, “pirata informático”, “guerrillero digital”...
En 1996-97 Italia y Europa fueron embestidas por una marea de pánico moral y paranoia colectiva sobre el asunto de la pedofilia. De repente Internet era descrita como un lugar diabólico, más peligroso que cualquier otro lugar, el bosque donde los abusadores de niños acechaban por detrás de los árboles, esperando a Caperucita Roja. No importaba que en Italia el 91% de los abusos a menores denunciados tenía lugar dentro la familia y nada que ver con los ordenadores: Internet era el nuevo demonio del populacho. Los “mediadores” tradicionales tenían el pretexto para desahogar sus angustias contra Internet y calumniar a quienes habían osado prescindir de ellos.
Es entonces que el Luther Blissett Project comienza a organizar complejas mofas mediáticas sobre temas morbosos como la pedofilia, Internet y las violencias rituales satánicas. Queríamos demostrar que ese tipo de noticias sensacionalistas era recogido y publicado en la prensa sin verificación alguna.
Varios promotores de pánico han hecho el ridículo a causa nuestra. Alguno de ellos, muy enfadados, dijeron que despistando a la prensa nosotros estábamos protegiendo los verdaderos pedófilos. Una lógica interesante: si no hay pedófilos, los inventamos, y si alguien comprueba que los inventamos, les acusaremos de defender a los pedófilos... ¡que en principio no existen!


En un caso en particular, Luther Blissett condujo una contra-investigación de base sobre un caso judicial en Bolonia, en el cual un grupo de fans de heavy metal llamados los “Niños de Satanás” fueron convertidos en chivos expiatorios por las autoridades legales locales. Fueron arrestados durante una operación muy mal organizada contra ciertas presuntas violencias rituales.
Ninguna prueba, ningún testimonio confiable, nada de nada. Por supuesto, ellos fueron calumniados salvajemente en los medios, por lo menos al comienzo, y se ha escrito mucho sobre los “sitios web secretos para pedófilos” y otras cosas por el estilo. Luther Blissett, gracias a algunos golpes bien planificados, logró instalar en la opinión pública una duda razonable acerca de la solidez de las acusaciones. Finalmente fueron absueltos e indemnizados por el Estado tras dieciocho meses de injusta detención.
Gradualmente el pánico moral disminuyó y Luther Blissett pasó a otras tácticas y objetivos (por ejemplo, el mundo del arte erudito y la Santa Sede), cuatro nos concentramos en la operación “Dien Bien Q”, y el resto de la red se preparaba para el final del plan quinquenal de Blissett.
Mirando hacia atrás, me doy cuenta que Luther Blissett fue un precursor de la colisión entre los viejos y los nuevos medios, en un momento en el que el límite entre lo viejo y lo nuevo era más nítido que cuanto es ahora y había menos intersecciones: sólo unos cuantos periódicos tenían una edición en línea, los periodistas no tenían sus propios blogs y el file-sharing todavía no era un fenómeno masivo.

De la charla entre Wu Ming y Henry JenkinsNarración colectiva y cultura popular”. Puede leerse completa acá.

Las imágenes son del inigualable Ryan Heshka.

miércoles, 22 de julio de 2009

Lady GaGa al piano


“Frente al despiadado asalto de dulzura del teen pop, Gaga –que idolatra a Andy Warhol y a Grace Jones, y en sus notas de su disco le agradece a David Bowie y a Madonna por ser su inspiración- es la pop star de los desclasados. Ella prefiere lucir interesante antes que linda. “No me veo como otra cantante pop perfectita. Creo que luzco como algo nuevo. Creo que estoy cambiando lo que para la gente significa ser sexy”.



“En verdad el atractivo de Gaga y sus ligeramente descentrados encantos –nariz étnica, dientes frontales prominentes- parecen casi infinitamente mutables: un día parece Debbie Harry; al siguiente, Donatella Versace. (…)Gaga siempre está en modalidad Gaga total. Arriba o abajo del escenario, siempre está vestida con su onda future-shock, a menudo con ropa que ella misma diseña junto a Matthew Williams, su director creativo de 23 años a quien llama Matty Dada”.



“Nació como Stefani Joanne Angelina Germanotta, pero nadie la llama así desde hace años. Su primer productor, Rob Fusari, había quedado impresionado con unos coros estilo Freddie Mercury que ella había grabado, y comenzó a cantarle “Radio Ga Ga” de Queen en chiste. Un día, ella le mandó un mensaje de texto firmado con su nuevo nombre y nunca más respondió a “Stef”.

Extractos de un reportaje de Brian Hiatt para Rolling Stone.

lunes, 20 de julio de 2009

Esquizoversia

La anfibiedad digital como esquizofrenia


Napoleón: El interrogante es ¿por qué sería necesaria otra identidad en un metaverso?

Dolcemare: Me gusta la apreciación. Identidad y no necesariamente personalidad: cambiar de identidad es alterar algunos de los elementos que nos definen, cosa que en cualquier mundo virtual es cosa común. Ahora bien ¿cuáles elementos? ¿de qué modo? ¿por qué?


N.: Comencemos por lo básico: todo avatar tiene una razón. Quiero decir, lo construimos por algo. Nadie está obligado a formar parte de un metaverso, nadie ingresa a Second Life por un mandato. Entonces, desde el momento en que decidimos utilizar un software, nos planteamos una serie de objetivos, aunque no lo hagamos de manera rigurosa y muchas veces ni siquiera consciente. La curiosidad es un motor, el ocio, la investigación, cada cual tendrá sus motivos.

D.: Quienes persisten como usuarios, con diferentes dinámicas, procuran que sus avatares evolucionen. Que tengan mejores gadgets (por ejemplo un buen AO, generador de movimientos), que se vean mejor, que tengan una buena colección de landmarks. Y por sobre todo transforman sus políticas de interacción con el mismo programa.

N.: Admitamos que hay algo que nos atrapa del software. Vamos inventando razones para seguir persistiendo. Volviendo a la pregunta inicial: la extensión personal que establecemos mediante un avatar ¿no está vinculada a la razón de uso de un metaverso? Cada avatar que creamos es una nueva razón.


D.: ¿No deberíamos analizar, en todo caso, de qué modo vamos reelaborando los elementos que elegimos para definirnos en un mundo como Second Life?

N.: O bien tenemos un objetivo preciso (una misión, un plan a desarrollar) o por el contrario estamos simplemente experimentando en alterar los parámetros que nos definen. En lo personal, esta última posibilidad es la que más me entusiasma. Para mí Second Life es pura experimentación.

D.: ¿Qué tipo de experimentación?


N.: Conmigo mismo. Muchas veces en el mundo físico no tenemos tanto margen de maniobra. ¿Acaso no inventamos ficciones y las escribimos por el mismo motivo? Pero es cierto, en nuestro caso es distinto. Nos convertimos en nuestros propios autocobayos.

D.: Con muchas ventajas, pero sobre todo con una: para suspender tus acciones sólo necesitás desenchufar tu computadora. Con el beneficio de que podés volver a conectarte cuando lo desees.

sábado, 18 de julio de 2009

Una enciclopedia a 24 fotogramas por segundo


Investiguemos un poco en la paráfrasis a la célebre sentencia de Godard: ya no resulta nada pertinente hablar de mentiras o verdades. No teniendo en cuenta lo que su compatriota y antropólogo Marc Augé viene anunciando desde hace tiempo: una nueva repartición entre lo que aún denominamos realidad y ficción.


Cada fotograma un cuadro. No voy a referirme a una película que no vi (ni siquiera se estrenó) ni (por la misma razón) a la eficacia del guión de la siempre astuta Diablo Cody o al protagónico de la promocionadísima Megan Fox. Sino a los linkeados que cada fotograma dispara.


La crítica en general (y la cinematográfica no es la excepción) se funda precisamente en eso: investigar en las referencias. Referir, remitir: hundirse en los sentidos que la obra produce y construye. Y dispararlos más y más allá. La secuencia de fotogramas desplegada en este posteo dura menos que un suspiro (chequeen el trailer de la película acá). Sin embargo, ya lo sabemos, todo esa información es procesada por nuestros sentidos.
También aparece en este otro trailer (click acá).


Todos estos días mi memoria volvió a pasear a Mario Praz en súbitas remembranzas. Quizás en las ganas de releer un libro que me fascinó hace dos décadas y que ya no tengo y que muero por releer: La carne, la muerte y el diablo en la literatura romántica, de Mario Praz.


No vi la película (sólo los trailers) y una fugaz (y pregnante) secuencia enlaza en mi cabeza toda una enciclopedia de referencias sobre las que Praz ensayó como nadie. El bosque, el doble, la juventud, la cadena deseo / sexo / muerte, el mal, la corrupción y atrocidad de la belleza, la inmadurez, el horror, los mandatos infernales, las apariencias que no engañan en una película que lleva el título de una canción de Hole, el grupo de Courtney Love.


Escribo “enciclopedia” y en realidad no quiero referirme a un proyecto libresco, sino a su devastación: la infoxicación. No existe enciclopedia que contenga la cantidad de datos (de información) que obtenemos en segundos en la web. La acumulación de referencias que acopiamos en apenas unos minutos fatiga hasta el recuerdo de los recursos que poseíamos hasta hace apenas unos años.


Disponibilidad. Tanta información ¿sobre qué, para qué? Lo cierto es que circula, ahí está, que se comporta de una manera diferente.
Cada vez más, el trabajo crítico no implica tanto las remisiones a tal o cual corpus, sino a las consecuencias trazadas por las incesantes rutas de información que atraviesan una obra. Es entonces cuando los movimientos se vuelven lentos.
Infinitamente más pausados que los frenéticos mordiscones del insaciable demonio de las imágenes.

jueves, 16 de julio de 2009

Cincuenta mil billones de Faulduos


Así como existen deberes éticos, también los hay estéticos.
No es por ninguna otra razón que otra vez insisto: si se privan de sumergirse en el Faulduomundo jamás sabrán que es la historieta contemporánea.
Ni la historieta ni la gráfica.
Y lo escribo así haciendo trampa. Porque el Faulduomundo rebasa y tanto la historieta y la gráfica.


Dibujantes, escritores, performers, internautas, músicos, agitadores, terroristas culturales, fenómenos. Pueden ser todo esto y mucho más.
Un peligro ambulante.
Incluso cuando creemos que están quietos.


¿Quieren pistas?
Ok. A modo de ejemplo hagan click acá.
Y también acá.

Pronto (muy pronto) habrá más novedades.

martes, 14 de julio de 2009

Chip Montaigne

Un ensayo sobre el ensayo y una declaración de principios


Hoy me desperté con la idea (a veces sucede así, al fin de cuentas Coleridge también es una función) de que deberíamos pensar en ensayo (cómo género, o mejor, como práctica) desde dos perspectivas: una que me gustaría llamar mítica; y otra, digámoslo así, científica.
La primera remitiría, como no podía ser de otra forma, a su escena de origen: a Michel de Montaigne escribiendo en su torre. Al clima Montaigne (temperaturas medias de montaña). Viéndolo así, cada ensayista, cada vez que se dispone a entregarse a la escritura, en verdad estaría ejecutando un rito, una invocación al Origen. Una reactualización de aquellas potencias que dispararon una forma, un estado de acercamiento.
Por supuesto, no se trataría (no sería posible) de un rito uniforme. Más bien lo pienso como la urgente actividad de un jongleur, de un artesano de la forma que cuida su voz haciendo ejercicios, del mismo modo que un tenor resguarda sus cuerdas vocales en interminables escalas. Necesito subrayar la condición de urgencia: un ensayista no espera. Es el giro que lo emparenta (lo acerca y a la vez lo distancia) de un cronista, de un ejecutor de bitácoras. Un rito, no deberíamos olvidar, es un trabajo también sobre uno mismo. Mito del escritor, como pedía Aira, singularidad de una voz diseminada en letras.
Tengo que decirlo: me encantaría escribir un libro de breves relatos-ensayos a mitad de camino entre los relatos-río de Giorgio Manganelli y del tan patafísico Ermano Cavazzoni, a quien sin pudor plagiaría. El libro de los ensayistas inútiles me gustaría titularlo, y cada entrada sería una nunca extensa descripción de ese afiebrado rito de proponer formas para entender el mundo tal cual lo vemos.
Vayamos a la segunda perspectiva.

El resto en Evaristo Cultural, haciendo click acá.

Addenda: también una reseña acá.

domingo, 12 de julio de 2009

ensayo / ficción


Enrique Vila-Matas

“Mi teoría es que, más que muerta, la novela evoluciona. Vamos a una novela que se aproxima al ensayo. Pienso en esos cuentos de Pitol que acaban como ensayos o en esos ensayos suyos que terminan como cuentos. Es probable que el lector vaya buscando, con el tiempo, menos ficción y más ensayo. El propio Coetzee, en su último libro, admite que camina en esa dirección. Creo que existe una saturación de la ficción que se sabe ficción y también una saturación del ensayo que se sabe plomizo. Sebald, Magris, Piglia, son otros casos claros de introducción del ensayo dentro de la ficción, o viceversa. Mezclar a Montaigne con Kafka, por ejemplo, me parece en este preciso instante una idea muy interesante.”

Entrevistado por Sergi Pámies


Claudio Magris

“En los ensayos de Magris hay una lección de vida que toma como referencia algún libro, a determinado autor e incluso una frase puede ser el detonante para exponer sus puntos vista sin caer el dogmatismo ni la pedagogía sin aula. Por ejemplo el texto que da titulo al libro se inicia con una pregunta (¿Hacia donde vamos entonces?) proferida por Enrique de Ofterdingen, personaje de una novela de Novalis. La respuesta que proporciona otro personaje femenino (“Siempre a casa”) proporcionan los parámetros para que Magris de rienda suelta a su disertación. Por supuesto las referencias a Ulises no faltan, así como una pesquisa sobre el huidizo Novalis. El final del texto es emblemático del estilo de Magris, en cual vida y literatura vibran en acordes armónicos: “La gran Odisea del espíritu de Novalis está lejos de nosotros; está dolorosamente lejos. Kafka, quien también se sabía viajero de una odisea sin Ítica, era infeliz por ello, y probablemente le hubiera gustado reencontrarse en la flor azul, como Enrique de Ofterdingen, poder dormir en la cama de Bloom, y ser acogido finalmente en el Castillo”.

Por Carlos Yusti


Roberto Calasso

“El epígrafe de esta reseña indica ensayo. Y no es ninguna equivocación. Esta advertencia hay que hacerla, no sea que el lector crea que hemos incurrido en una confusión. Cien cartas a un desconocido, del ensayista y editor italiano Roberto Calasso, recoge cien solapas, que es como se denomina a los textos que completan la edición de un libro, se trate del género que se trate. No hay lector en el mundo que omita la lectura de estos textos. Otra cosa es que crean o no en sus palabras. No son preámbulo ni epílogo. Su función es infinitamente más humilde, pero no por ello menos insoslayable. Las solapas informan. Pero, además de esta casi prosaica misión, ¿pueden las solapas hacer algo más, ya no sólo por el libro que resumen, sino por el lector? Roberto Calasso nos responde que sí. Y lo hace desde cien breves textos soberanamente ensayísticos. El autor escribió estas solapas para los libros que él mismo ha publicado en su prestigioso sello, Adelphi.”

Por Ernesto Ayala-Dip


Héctor Libertella

“En la literatura argentina, ese periplo semiótico también puede rastrearse: desde la construcción de una palabra literaria en Sarmiento y Hernández, pariendo entre el ensayo político, el folletín, la poesía y la novela hasta la ebullición del significante en “Nadie Nada Nunca“ de Saer, o en el vacío del signo en “El silenciero“ de Di Benedetto, en la negación del signo en “El Museo de la Novela de la Eterna“, de Macedonio. Esa larga comba, esa trayectoria disolutiva, esa construcción paradojal del vacío del signo, responde al planteo de Libertella cuando, tras describir a la red de comunicaciones actuales como una impalpable e instantánea mordaza, se pregunta: “¿cómo será el arte en esa aldea global atada? Invisible, silencioso... ¿y la literatura? Un fantasma ilegible“ Cierta producción argentina de los últimos ańos parece responder: un fantasma ilegible como Macedonio, una escritura que se construye como signo nuevo desde la disolución invisible del signo, como la de Saer, una mirada que socava y reconstruye la memoria histórica, como signo recién parido, en Andrés Rivera. Una palabra, en fin, necesariamente silenciosa e invisible detrás del aparatoso simulacro del mercado, esa inmensa red que Libertella llama “la aldea global atada“.”

En Tribuna Digital


César Aira

“Las novelas que he escrito son el desliz más profundo a cualquier teoría porque en cada una cambio de estilo, y cambio de ideas. Siempre creí que en la vida real hay tan poca libertad que hay que inventarse un lugar donde se la pueda ejercer plenamente. Cuando he escrito crítica, ensayos o artículos me obligué a hacerlo a partir de cierto momento porque pensé que si seguía escribiendo ficción solamente iba a perder todas esas reflexiones que yo estaba haciendo todo el tiempo al escribir; no quería que se pierda el testimonio de esa experiencia. Entonces me obligué a aprender a escribir ensayos. Y todavía no he perdido esa sensación tan desagradable de que cuando estoy escribiendo uno hay alguien mirando por encima de mi hombro diciendo “esto sí, esto no”. Porque ahí sí hay como una necesidad de decir algo coherente. Mientras que en la novela el profesor desaparece y puedo decir cualquier cosa, y a veces me excedo.”

Reporteado por Gustavo López y Luis Sagasti


Luis Chitarroni

“Desde Borges, el ensayo argentino se ampara en el precio -no en el valor- de una idea y en la oportunidad de repetirla a lo largo de todo el texto, incluidas la notas al pie. Los ensayos de Aira revelan otra condición, además de no tener notas al pie. En ellos se ve aparecer una elaboración que establece, sin hacerse evidente, el registro de cualquier circunstancia o simulacro de pensamiento:es la que borra como secundaria -y por lo tanto obvia- la demoledora explicación. En la medida en que el olvido es "la única sensación pura", como se sostiene en La costurera y el viento, el relato progresa o regresa sin alarmas a pesar de la omisión de transiciones convencionales. Esta conducta prevalece en El congreso de literatura y solicita nuestra lectura, nuestro agradecimiento y nuestra felicidad.”

Leído acá.


David Foster Wallace

“Aprender a pensar significa realmente aprender a ejercitar algún control sobre cómo y el qué pensar. Significa estar lo bastante consciente y alerta para escoger a qué prestarle atención, y escoger cómo se construye el significado a partir de la experiencia. Porque si uno no puede ejercitar este tipo de opciones en la vida adulta, está totalmente jodido. Es como el viejo tópico: la mente es un gran sirviente pero un mal amo. Este tópico, tan patético y poco atractivo en la superficie (como tantos otros), expresa en realidad una gran y terrible verdad. No es coincidencia que los adultos que se suicidan por arma de fuego siempre se pegan un tiro en la cabeza. Le pegan un tiro al amo terrible. Y la verdad es que la mayor parte de esos suicidas llevan ya muertos mucho tiempo antes de apretar el gatillo.”

Leído acá.

viernes, 10 de julio de 2009

Vida ilegal en Second Life: más allá de Zindra

Sobre Facebook, redes sociales y el continente adulto en el Metaverso


Dolcemare: Diversamente a lo que sucede con Second Life, Facebook nada le reclama a la imaginación. Digámoslo así: Facebook opera básicamente con identidades definidas en la sociabilidad no digital, mientras que el metaverso invita a reelaborar nuestras singularidades en una construcción infinitamente más maleable. En tanto representación gráfica, cualquier avatar no es más que un insaciable (y siempre privado) modelador de deseos.

Napoleón: En Second Life todos somos un poco como Michael Jackson: contraemos el hábito del lifting inagotable ¡Es tan fácil mutar corporalmente! Te escuchaba hablar y pensaba que también está el tiempo como frontera de interacción. Me decías que Facebook funciona como una máquina del tiempo, como sistema de rastreo de pasados postergados. Ayer mismo me contactó un compañero de escuela del que no tenía noticia desde ¡mis nueve años!. En Second Life los pasados son siempre recientes y jamás se abordan del mismo modo. Es otra dimensión del pasado.


D.: Por esto mismo, es inútil homologarlas en la común categoría de redes sociales. Es más: en Second Life el monitoreo de comportamiento es otro, muy distinto. Pensaba en Zindra, que en estos días es noticia obligada para todos los usuarios del software de Linden Lab.

N.: Observo con mucha atención lo que sucede con este continente adulto. Es claro que afecta sobre todo al tráfico newbie, ya que lo newbie (no sólo una ideología, sino una cultura) no es más que un accionar de superficie. Cada vez recibo más noticias de sociedades y grupos secretos, de sociabilidad restringida, como decíamos impropiamente hace poco, de iniciados. Mi amiga Nisei Oh me puso al tanto de tribus de mujeres-gato que habitan en lands privados, inaccesibles a menos de que poseas el password correcto.

D.: Es una época de sobrextendidos abracadabras. Mientras que Zindra reafirma una continuidad de superficie, los grupos cerrados van inaugurando otros repliegues, zonas de invisibilidad para las políticas de Linden Lab.


N.: Es que a Linden Lab jamás le interesaron esos plisados. Ni siquiera los reconoce, ni los detecta. En su descripción oficial Second Life sigue siendo un mundo chato, plano, sin arrugas. Es una mentalidad –la más llana- sobre la sociabilidad digital. Una política de intercambios que sólo registra los beneficios económicos a corto o mediano plazo.

D.: Estos pliegues resultan del todo innecesarios en un software como Facebook. Lo mismo que una zona como Zindra. Facebook es unidimensional pero en otro sentido.

N.: Es que tanto en Facebook como en las políticas de Linden Lab rige una sola y única versión de mundo. Sin embargo, no somos pocos los que entendemos que para conocer a Second Life hay que abandonar los presupuestos de la empresa de Rosedale.


D.: Se trata de muy distintas políticas de anfibiedad. Facebook está en el límite de la no-anfibiedad: es tan anfibio como una guía telefónica disponible en internet.

N.:
Tal cual. Limita las posibilidades de lo digital. Las ignora. Las transforma en un empobrecido apéndice de lo físico.

miércoles, 8 de julio de 2009

Metaversia

Seminario intensivo sobre (y en) mundos virtuales


Arte, cultura, juego y activismo: año tras año, los mundos digitales se expanden, complejizan y reinventan ¿cómo intervenirlos? ¿de qué modo reutilizarlos, convirtiéndolos en una fabulosa plataforma de experimentación? Distintos tipos de interacción y sociabilidad web 3D se interpotencian con prácticas artísticas y estéticas contemporáneas.


Muy pronto, en Cultura Web / Centro Cultural Rojas.

lunes, 6 de julio de 2009

Eels: ensayos de Hombre Lobo


Es ese instante en el que sólo existe el merodeo.
En los videos vemos a Mr. E encontrándole el sonido a su nuevo disco, Hombre Lobo (así, es castellano.)
Me gusta esa sala de ensayo. ¿Por qué tantos papeles?
¿Por qué esos bidones por todas partes?



Escuchar y ver acá

Adoro Eels.
Cuando pienso en los soundtracks que reclamo pará mi vida, Eels jamás se mueve de mi top three.
Escucho sus discos una y otra vez.
Mi inconsciente se alimenta de ellos.
Novocaína para mis oídos.



Parece un album de demos.
Tiene esa impronta del naked.
Una producción virtuosa donde la post-producción no se nota.
Y quizá ni existe.



Cuando pienso en Eels (no sólo los discos de la one-man-band, sino los tres discos solistas de Mr. E. ) no entiendo si son verdaderamente heterogéneos o es siempre lo mismo, apenas maquillado.
Las dos respuestas me satisfacen.
Es una buena medida.



Escuchar y ver acá.

Algun día volveré a escribir canciones.
Adoro pasar de un acorde a otro, dejar que la melodía dé vueltas.
Sentir el pulso.
Haga lo que haga, mi inconsciente –sospecho- seguirá estando sintonizado.

sábado, 4 de julio de 2009

Kamishibai



"Los espectáculos tienen público de todas las edades aunque la convocatoria infantil resulta determinante. "Deseamos alternar las funciones en espacios cerrados y en lugares abiertos -dice Diego Posadas- y en ese sentido ser un poco continuadores de los artistas japoneses de los '30, que salían al encuentro de su público. Los Kamishibaistas llegaron a ser 50.000 entre los años '30 y '40, muchos de ellos trabajadores desocupados que encontraron en esta forma de arte popular un modo de subsistencia. Recorrían los barrios en sus bicicletas, allí montaban el teatro y hacían la función. Luego vendían dulces a los niños que acudían a las funciones".

Cada obra tiene una duración de entre 10 y 15 minutos, y se trabaja con ilustraciones, pequeños objetos, música y texturas sonoras en vivo o grabadas. Aplica técnicas de Origami (manualidades en papel) e involucra a narradores y actores. Participan un generoso arco de autores: desde Yasunari Kawabata, pasando por Hans Christian Andersen hasta Sergio Pángaro.

Actualmente, en este formato hay dos líneas que se destacan, no sólo por la producción del espectáculo, sino también por la convocatoria y resonancias en el territorio donde se llevan a cabo. Por un lado, la extensa tradición japonesa del Kamishibai (Kami: papel, Shibai: teatro), iniciada en Buenos Aires por la traductora Amalia Sato, quien trajo de Japón láminas originales (38 x 26.5 cm), realizadas a mediados del siglo pasado, y el modelo del pequeño teatro portátil que aquí reprodujeron los artesanos carpinteros Oscar Fukuhara y Juan Arturi.

"Parecía una excelente oportunidad de reunir a amigos -dice Sato- con inquietudes en distintos campos: la ilustración (Delius Lozupone, Diego Posadas, Pablo Fusco, Nicolás Prior), la escritura (Sergio Pángaro, Rafael Cippolini, Damián Blas Vives). Y así fue, las representaciones de Kamishibai se transformaron en una fructífera recreación de posibilidades de esta forma de teatro callejero. Los amigos agregaron música, luces, distintas voces narradoras, asumieron con libertad la ilustración jugando con planos cinematográficos. Para nuestra sorpresa lo que en su origen era teatro para niños empezó a cautivar a los adultos. La tradición que conocíamos y habíamos investigado fue reactivada para transformarse en una experiencia inédita de arte portátil, con tiempos de espectáculo dramático."

Kamishibai en Clarín. Noa completa acá.

Más información sobre el Club Argentino de Kamishibai acá.

miércoles, 1 de julio de 2009

Lúpin - Pinlú: reporte de fan


El fan no se agota. Jamás. Puede atenuarse, disiparse, distraerse por algún tiempo. Pero ahí está, siempre, de todos modos. Acabo de desayunar con la noticia del fallecimiento de Guillermo Guerrero (1923-2009), historietista y creador de la revista Lúpin (junto a Héctor Sidoli) y luego Pinlú. Durante años y años de mi infancia esperaba ansioso la salida de cada número. Un poco más grande, en las puertas de la adolescencia, hasta llegué a publicar en ella durante unos pocos números.
Sí, sí. En esa época experimentaba con circuitos electrónicos de toda clase. Ahí están las huellas de tantos transistores, diodos, resistencias, leds, condensadores, circuitos integrados, células fotoeléctricas, etc, etc, etc.
Claro, me quedan las revistas (son muchas y las atesoro).
Pero no es lo mismo.


La oficina-redacción de Diagonal Sur era para mí un sitio mágico (ubicado justo un piso más arriba que la Primera Escuela de Detectives por correspondencia).
Las historietas me volaban literalmente la cabeza (Al Feñique, Mosca Kid, Pedrito y Saurito).
Una de las experiencias más potentes de las que puedo dar cuenta.